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Implantación de la Agenda Mundial de la Muerte

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Implantación de la Agenda Mundial de la Muerte

Antonio García

Lleva mucho tiempo aguardando en la agenda ideológica del “progresismo”, esperando el momento oportuno. Un progresismo oportunista, de vocación totalitaria, que solo utiliza la democracia para colarse en las instituciones del Estado. Y aquí lo tenemos, flamante, envalentonado y a por todas. Tiene como armas el lenguaje democrático, la demagogia más rastrera y la idiotez ciudadana. El aplauso de los corderos.

Cómo será la cosa, cómo será su vocación de servicio al pueblo y al progreso de la nación, que la primera medida estrella de este nuevo gobierno de delincuentes ha sido dar luz verde a la proposición de una Ley de Eutanasia. Atentos al latido clamoroso del pueblo español, detectaron ha tiempo que la principal preocupación ciudadana era encontrar una forma de matar a los abuelos. A los improductivos, a los inservibles, a los desechables. A todos los que gastan del presupuesto sin cotizar, sin producir riqueza material. Porque es eso, y solo eso lo que les motiva: lo material. Construir al “nuevo hombre” desprovisto de alma, para manejarle como a los peones de madera de un ajedrez. Al “nuevo hombre” solitario, sin amor, sin consuelo, sin dignidad. Sin referencias trascendentales. Sin fe.

Y así, el actual Gobierno de la modernidad y la nueva civilización, se ha lanzado a tumba abierta a promover otra ley de la muerte. La eutanasia. La legalización de la pena de muerte, del asesinato consentido. Que se aborten cien mil niños al año en España no les importa, es más, lo incentivan. El problema es que haya tantos viejos “inservibles” y “costosos” a los que hay que eliminar.

Escribo esto sabiendo de antemano que no es posible el debate social. Porque en el fondo de todo, en la raíz, se encuentre el nivel ético y moral de la sociedad. Si alguien es partidario convencido del aborto, es inútil que le demuestres que lo que se mata es un ser humano. Si muchos creen que, para estar sufriendo es mejor dejarte morir o que te quiten la vida que te queda, no habrá posibilidad alguna de entendimiento, porque, como acabo de decir, todo es cuestión de principios, de cómo se valora el hecho de existir y hasta qué punto puede llegar el respeto al don de la vida que Dios nos ha dado. Pero lo entiendo: en una vida tan llena de materialismo, comodidad y repulsión al sacrificio, donde el egoísmo prima sobre cualquier actitud de entrega generosa, es más fácil y tentador deshacerse de los estorbos.

Muerte digna, le llaman. ¡Por el amor de Dios! No hay ninguna dignidad en el hecho de morir. La dignidad solo existe en cómo se afronta la muerte. Y eso, me temo que no se improvisa, sino que es algo que hay que preparar mientras se vive y se es consciente de que el último día ha de llegar.

Recuerdo un episodio de alguna historia que leí hace tiempo. Dos ejércitos enfrentados en cruenta batalla. No hubo cuartel. El general del ejército derrotado es hecho prisionero. Unos soldados lo mantienen de rodillas, humillado. El general victorioso se acerca para darle muerte. El derrotado, sabiendo que va a morir solo le pide: <<Déjame levantarme, quiero morir de pie>>. El poderoso, en un acto de honor se lo concede. ¿Por qué? Porque el vencedor sabía del honor de uno y la dignidad del otro. El vencido no pidió la muerte, pero quería morir dignamente.

Durante nuestra vida “útil”, somos muchísimos los que conocemos situaciones extremas. Algunos las viven de tal calibre, que no es raro se les pase por la mente el suicidio. Dolor, angustia, fracaso, soledad, desamor… Y cuántos caen en lo más fácil. Arrojarse por un puente, ingerir una pócima letal. Solo llegan a comprender su error, cuando sobreviven, de que la verdadera pócima que cura el alma es una mano tendida. Así de sencillo.

¿Muerte digna? La única muerte digna es cuando uno se despide de este mundo rodeado de los suyos. Cuando a pesar de su vejez o invalidez se siente amado. Cuando a alguien se le hace saber que el amor nada tiene que ver con la utilidad, cuando el solo hecho de su presencia es importante.

Aunque nos des trabajo y preocupaciones, te quisimos siempre y ahora no vamos a dejar de quererte. Necesitamos tu presencia. Y si no te dimos la vida, tampoco te la vamos a quitar. Porque tu vida es útil, aunque solo sea por tener la oportunidad de amarte y cuidarte.

Cualquier ley de eutanasia, por “blandita” que sea al principio, es una puerta abierta a las mayores aberraciones, que inexorablemente llegarán. Es peligrosísima. Infórmese el lector de lo que está ocurriendo en países pioneros como Holanda o Bélgica. Matamos a los niños antes de nacer y además matamos a los viejos, inválidos y deficientes. Y si dejan buena herencia, ¡cuánto antes! ¡Qué bien nos vamos a quedar! ¡Qué mundo tan feliz nos depara el progreso! Y qué paradójico resulta que la ciencia y la medicina hayan luchado siempre por mejorar y prolongar la vida –sufrir se sufre desde que nacemos-, y ahora lo fundamental no sea investigar más y más en cuidados paliativos, sino deshacerse de aquellos a quienes van destinados.

241 votos a favor, 140 en contra y 2 abstenciones. Todos, menos el Partido Popular y Vox. Y ya está. Así de sencillo. Un puñado de hombres usurpan lo que solo compete a la voluntad del Creador. Sin más participación e informes de médicos, geriatras, expertos en cuidados paliativos, psicólogos… Por la sola voluntad de la progresía ideológica, amos supremos de la vida y de la muerte. Estas políticas solo hacen que cumplir con la establecida agenda mundial de la muerte.

Pero insisto, cualquier consideración es inútil sin un rearme moral de la sociedad. No se cansen en debatir.

Cuando el hombre prescinde de Dios, cualquier cosa es posible, pues el concepto de “dignidad” solo se explica por ser hijos suyos. No hay absolutamente nada más que la justifique. Así pues, que nadie se extrañe de las consecuencias.

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