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Gracias por creer en mi…

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Gracias por creer en mi…

Sol Sánchez

Todos tenemos un sueño, o dos…

Y a la mayoría nos asusta compartirlo.

En mi caso no es que tenga miedo de contarlo, pero si es cierto que algunas veces me entristecía pensarlo.

En los años ochenta me hicieron una entrevista por motivo de la Feria para un periódico comarcal y en titulares decía: “De mayor quiero ser escritora”.

Siendo niña, cada vez que abría las páginas de un cuento, yo quería escribir, inventar, tocar el corazón de la gente novelando los sentimientos, los miedos que a todos nos embargan.

Soñaba con crear historias que llegaran a todos los rincones del mundo en todos los idiomas.

La verdad es que, reconozco que era un sueño muy ambicioso y que, no estamos en unos tiempos en los que escribir se valore, pero cuando me siento frustrada me devuelve la alegría saber que en mi pueblo he conseguido elevar la imaginación de muchos de vosotros.

Porque ser las últimas letras que leéis antes de dormir es lo máximo que se puede soñar.

Conseguir que mires a la torre del Rosario y te preguntes:

¿De verdad nací en un pueblo encantado?

No hay nada más maravilloso que, saber que personas que llevan años en el interior del Alzheimer sobre una cama, toman vida en mis libros con portada de óleos y nos vuelven a mostrar su sonrisa.

Que los que creímos que se fueron, nunca se irán, porque son los invitados a estas páginas de las ilusiones y pronunciamos sus nombres y ellos los nuestros. Y de la mano de la magia les volvemos a contar…

Que el escenario del ayer que nos acogió vuelve a estar presente a través de los recuerdos.

Que nuestros abuelos nos abrirán los cajones cerrados y nos darán una jícara de chocolate y tú volverás a mirar tu vieja bicicleta, tu muñeca de lana y buscaremos los cromos que jamás conseguimos para completar un álbum de nuestra vida que aún no hemos finalizado.

Me entusiasma mirar tu pelo despeinado y tus dedos manchados por la ceniza de las castañas asadas.

Sonreiré ante tus calcetines hasta la rodilla, y nos dibujaremos sobre el rostro pecas con bolígrafo, te arrancaré la fritilla de las manos y beberemos del mismo chocolate que deja su marca en las tradiciones.

Que la lluvia de letras nos devuelva los poemas que escribimos, los amores que dejamos escapar, los sueños que construimos en aquellas primaveras hellineras de horizontes lejanos sobre las ramas de los rosados almendros.

Que las evocaciones nos permitan pedir perdón y dar las gracias a los que tanto nos enseñaron con su ejemplo y nos apartaron las piedras del camino.

Que lo hagamos escribiéndolo en un papel en el que perdure nuestro aroma, mientras viaja por los buzones del tiempo.

Saldremos a jugar por las callejuelas y volveremos a casa al anochecer.

Saltaremos sobre las acequias y compraremos zompos y palilú.

No habrá una Feria sin Chacolín, ni un Carnaval sin caretas de cartón, ni un Día de la Cruz sin largas carreteras por las que andar, ni bancales en los que no poder acampar, ni cines sin pipas, ni película sin entusiasmo en el “gallinero”, ni oscuridad sin la luz del acomodador, ni junios sin coches de cucones.

No habrá veranos sin que viajemos toda la familia a la playa en un Simca 1000, escuchando a Manolo Escobar. Ni tardes en las que no bebamos “a morro” en los caños de agua cristalina.

No habrá esquinas en las que decir “no” a los besos robados que aún deseamos, ni lunas de Semana Santa en las que dejemos de amar.

No habrá jardín ni parque sin los clásicos fotógrafos y podremos ir a comprar a las viejas tiendas, porque volverán a abrir sus puertas.

Y seguiré creyendo que en Hellín hay un castillo en el que mora una reina llamada Virgen del Rosario, a la que llevo flores frescas cada treinta de mayo.

Y morderemos la fruta recién cogida del huerto y oleremos a pan con aceite y azúcar y pondremos los albaricoques en aguasal junto a la caja de cartón en la que guardamos gusanos de seda.

Compraremos en “Diaz” nuestro primer disco de vinilo y seremos puntuales a la cita con nuestros amigos para escuchar a Elvis Presley, mientras te miro y te pido bailar conmigo a la velocidad del humo de un cigarrillo caducado.

A través de RECUERDOS AL ARRULLO DEL INVIERNO, danzaremos en un Hellín con sus cuatro estaciones del año.

Manteniendo en las cuatro a nuestro niño interior.

No recluiremos al amor, ni cerraremos la puerta a esas mariposas que nos revolotean dentro del estómago.

No nos esconderemos de la lluvia ni dejaremos de pisar los charcos.

Bailaremos en un Hellín en el que el paso de los años no será sinónimo de vejez, ni se marchitará nuestra alma por falta de sueños.

Son nuestras calles, plazas, jardines…

Es el lugar en el que por siempre nos sentiremos en el interior de una misma canción.

En el que podemos convertir en poesía a los días y las horas, en el que somos valientes y alzamos nuestra bandera hellinera.

En el que nos conciliamos con nuestro lenguaje interior y encontramos personas que hablan ese mismo idioma.

Porque solamente así, cuando el invierno llegue y haga mucho frío podremos sentir que no nos convertimos en hielo.

Porque tenemos y pertenecemos a un pueblo por el que no hemos pasado de “puntillas”.

¡¡Nuestro pueblo hellinero!!

Ya tienes el libro en Librería Haro (frente a la Cabaña).

Espero y deseo que te guste.

Y por encima de todo…, espero que me lo digas el Sábado de Gloria, a las cinco de la tarde en la Casa de la Cultura.

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