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Fútbol: Luces y sombras

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Fútbol: Luces y sombras

Conchi Catalán

El Campeonato Mundial de Fútbol se coló en nuestras vidas, es cierto que en unas más que en otras, pero, tanto los más futboleros como los poco o nada forofos de este deporte, estaremos de acuerdo en que el acontecimiento no ha pasado desapercibido para nadie, porque no hay ningún deporte en el mundo que llegue a más gente y que cruce más fronteras que el fútbol.

Por una parte, como deporte, el fútbol aporta una serie de valores que son imprescindibles y referentes para la formación de nuestros niños y adolescentes…

Valores como el trabajo en equipo, el compañerismo, la disciplina, el talento, la exigencia, la humildad, el respeto, el afán de superación, el esfuerzo, el positivismo…

También, el fútbol como acontecimiento (y más en un torneo de estas características) tiene el poder de unirnos, potenciando en las personas el sentimiento de empatía, de grupo social (país, patria, pueblo…) y generando cantidad de emociones positivas que nos hacen vibrar, ilusionarnos y sentirnos más felices…

No hay más que ver la inmensa y desbordante alegría de los argentinos…Nada parece hacerles más felices, nada parece estar por encima de la emoción que les ha traído la victoria de su selección y es que, en tiempos de pocas alegrías como país, el fútbol ha sido bálsamo y “válvula de escape” para muchos.

Sin embargo, hay otras lecturas…

El evento deportivo de Qatar nos hace preguntarnos: ¿Realmente el fútbol está por encima de todo?…

¿Incluso de los derechos humanos?…

De todos es sabido que Qatar es un país que no respeta los derechos humanos ni la libertad de expresión, donde se explota a los trabajadores, se discrimina a las mujeres, se persigue a los homosexuales y se mutila la libertad de expresión.

Los medios de comunicación han mostrado al mundo las grandes obras llevadas a cabo en el país con motivo de este Mundial, pero organizaciones como Amnistía Internacional nos recuerdan lo que se oculta detrás de este lujo desmedido: migrantes víctimas de “trabajos forzados” en condiciones ambientales y laborales deplorables, “esclavos modernos” a quienes se les confiscó el pasaporte, no se les pagó lo pactado por su trabajo y se les avocó a una muerte segura sin ningún tipo de justicia y protección (se cree que durante la construcción de estadios e infraestructuras han muerto más de 6000 personas procedentes de India, Nepal y Bangladesh en “accidentes laborales”).

Conscientes de este panorama, es inevitable preguntarse: ¿Por qué la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), no solo ha aceptado, sino que ha contribuido a que se celebre el Mundial en este país de Oriente Medio, teniendo incluso que solventar un montón de dificultades logísticas y de organización?

Todos tenemos la respuesta: EL DINERO.

Me parece lamentable que, tras el escaparate del mayor evento deportivo del mundo (no sé si más que los Juegos Olímpicos), se trate de blanquear la imagen de un régimen opresor y corrupto, se mire para otro lado o se guarde silencio ante la tremenda injusticia social que muchas personas están viviendo en ese país, mientras que una pequeña parte vive en la mayor de las opulencias.

Ya lo dijo Quevedo: “Poderoso caballero es don dinero” …

Las altas esferas de “la industria del fútbol” (FIFA), no están dispuestas a renunciar a sus intereses económicos y presentan una doble moral aceptando verdaderas mutilaciones de derechos humanos y libertades e incluso amenazando y prohibiendo la libre expresión de los deportistas que de alguna manera querían protestar contra estas formas de represión.

Los sobornos de Qatar no han involucrado solo a la FIFA, sino que han golpeado hasta el mismo corazón de la Unión Europea. En fin, ESCANDALOSO…

Qué triste que la esencia del deporte, que nos hermana, nos humaniza, nos hace felices y mejores personas quede relegada al imperio del dinero y pase a un segundo plano.

Me gustaría resaltar, como ejemplo gratificante de este mundial, a la Selección de Marruecos, que con su esfuerzo ha mirado de frente a las grandes superpotencias del fútbol saliendo muy airosa y permitiendo soñar, por una vez, al continente africano.

Para terminar, no quiero dejar de tocar otro aspecto que, al menos a mí, me chirría:

¿Están justificadas las nóminas de las “grandes estrellas” del fútbol?

¿Es ético que un futbolista cobre 8 millones de euros al mes?

Pero eso sería materia para otro artículo…en este, me doy por satisfecha si, al menos, sirve de reflexión.

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