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Éxodo rural y política real (y II)

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Éxodo rural y política real (y II)

Antonio García

Al hilo de donde nos quedamos en el artículo anterior, y para terminar con la gran importancia del relevo generacional en el medio rural, añadiré un par de notas más de la “Ponencia de estudio para la adopción de medidas en relación con la despoblación rural en España”, elaborada por el Senado de la Nación.

En el punto siguiente habla de “apoyar a las madres trabajadoras, pero también al resto de las madres”. Respecto a las primeras, recomienda fuertes descuentos en las cotizaciones a la Seguridad Social, en proporción al número de hijos. Y añade que “Las mujeres que no trabajan fuera del hogar, minoritarias pero aún relativamente numerosas, son más fecundas que el resto, y aportan en total casi una cuarta parte de los (pocos) niños nacidos en España. Por ello, las compensaciones e incentivos a la maternidad no deben ceñirse sólo a mujeres que trabajen fuera del hogar, tanto por no discriminar a las que no lo hagan, como por la muy valiosa aportación de estas últimas a las cifras globales de nacimientos”. O sea, que se debe incentivar su función paridora (no se lo creen ni hartos de marihuana).

En definitiva, promover políticas pro-natalidad, con foco mayoritario en las madres, pero no exclusivo. “Los varones cuentan mucho en la decisión de tener niños o no, y aportan gran parte del esfuerzo y dinero para su crianza (nos ha jodío). Por tanto, no se les puede ni debe dejar de lado en los incentivos/compensaciones a la natalidad, ni cabe menospreciar su papel como padres, aunque lógicamente esos incentivos deban ser mayores para las mamás que para los papás”. Este último párrafo es extraordinario y hasta casi llega a emocionarme, pues es la primera vez que leo en un documento oficial, nada menos que del Senado del Reino de España, que los varones pintamos algo en eso de tener hijos y criarlos. Por lo menos, por lo menos, no cabe dejarnos de lado ni menospreciarnos… (¡Qué brillantez de conclusión!). Les juro que enmarco este párrafo y lo cuelgo en mi balcón. ¡Qué atentos y comprensivos nuestros padres senatoriales!

A continuación de todo lo dicho, naturalmente se incluyen otras muchas medidas para fijar e incrementar población en el medio rural, entre las que se encuentran: Invertir en infraestructuras, accesibilidad, nuevas tecnologías. Rehabilitación y construcción de viviendas para “nuevos pobladores”. Facilidad de transportes. Oferta de servicio públicos. Promoción de bienes y productos. Producción de alimentos de calidad, gastronomía, turismo de interior. Proyectos I+D+I. Recuperación del patrimonio natural y arquitectónico. Diversificación económica. Apoyo a la propiedad (pública y privada) del monte, a la limpieza de las zonas taladas y al mantenimiento de las zonas limpias a través del aprovechamiento ganadero. Etc., etc.

O sea, y resumiendo, la creación de un Mundo Feliz. Poco menos que idílico. El ideal soñado. Algo así como vivir en el campo –y del campo- disponiendo de todos los avances de la sociedad. O lo que es lo mismo: llevar al mundo rural el sacrosanto Estado de Bienestar. Y a la que se descuiden, hasta un Museo del Prado en cada aldea.

Me viene a la memoria una época lejana –tiempos de mi niñez y adolescencia- en que en España se dio algo así como una revolución del agro. En 1939 se creó el Instituto Nacional de Colonización, dependiente del Ministerio de Agricultura -que luego dio paso al Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA)-, con la misión de efectuar una reforma social y económica de la tierra, tras el estado devastador en que quedó el país como consecuencia de la Guerra Civil.

Miles de hectáreas pasaron de secano a regadío mediante la creación de una extensa y compleja red de canales. Se realizó la concentración parcelaria para racionalizar la explotación de la tierra. Entre 1945 y 1979 se construyeron más de 300 nuevos pueblos repartidos entre veintisiete provincias, que albergaron a unas 60.000 familias de “colonos”, a los que se dotó de vivienda, parcela y aperos agrícolas -en mi término municipal hay tres-… El único problema que hoy representa empresa de tal envergadura es que fue obra de Franco, y no se yo qué dirá de esto la Ley de la Memoria Histórica…

Pues bien, como consecuencia de tan sesuda Ponencia senatorial, el 17 de enero de 2017 (cuando dos años después hicieron un huequecico), reunidos el Presidente del Gobierno y los Presidentes de Comunidades autónomas, sensiblemente angustiados por el problema, acuerdan “Impulsar medidas específicas para hacer frente a los desafíos demográficos”. Y en consecuencia: <<Elaborar y desarrollar, por parte del Gobierno de España, y contando con la colaboración de las Comunidades Autónomas…, una Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico, de naturaleza global y transversal, que diseñe una respuesta conjunta y de futuro para paliar la problemática del progresivo envejecimiento poblacional, del despoblamiento territorial y de los efectos de la población flotante>>. Y se quedaron más anchos que largos.

En definitiva, que aparte de darle un vuelco a las tendencias sociales, culturales y económicas, revirtiendo de cabo a rabo el rumbo de la moderna civilización, tanto de España como de la UE, van a conseguir que todos los jóvenes y jóvenas del país quieran tener familia numerosa, con un fomento, unos incentivos y unas ayudas a la maternidad –y a la paternidad- que van a ser la envidia del mundo. Que los precios pagados a los agricultores y ganaderos por sus productos sean justos, en vez de pasto de los intermediarios especuladores, que ya nadie quiera vivir en las ciudades ni dedicarse a otra cosa que no sea sembrar ajos, pimientos y en particular naranjos. Que se prestigie socialmente la figura de los pequeños agricultores y ganaderos. Que se queden vacíos los grandes polígonos industriales de las ciudades por el trasvase de mano de obra de la ciudad al campo. Que multitud de jóvenes desocupados se enamoren del agro. Que el Ave pase y pare por todos los pueblos. Que los montes parezcan jardines. Y que las grandes multinacionales de la alimentación sucumban ante el bucólico mundo de la agricultura de pequeña escala, y tengan piedad de ella.

Y ahora van ustedes y se lo creen. Mientras yo me pregunto en qué cajón de qué ignoto trastero se encontrará, olvidado y cubierto de polvo o comido por las ratas, el texto de tan excelsa Ponencia.

¿Recuerdan aquella canción de “vamos a contar mentiras, tralará…”? Pues eso.

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