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El Valle, las mentiras, el odio y la memoria (y II)

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El Valle, las mentiras, el odio y la memoria (y II)

Antonio García

Aún ante las mayores desgracias y tragedias el ingenio español no descansa, tratando con ironía las realidades más penosas. Corre por las redes una viñeta que refleja a la perfección un hecho de lo más actual. Los personajes: una mujer, con un bebé en brazos frente al Pedro Sánchez:

La mujer: <<Presidente, mi marido es autónomo y yo estoy en paro, necesitamos ayuda urgente…>>

El Presidente: <<Tranquila, en breve derribaremos la cruz del Valle de los Caídos…>>.

¿Lo pillan? Pues eso, que aquí está condensada toda la política socio-económica de este Gobierno pelele de George Soros y tributario del más desalmado comunismo.

Otra oportuna publicación nos comenta lo siguiente: <<En Francia, Inglaterra, Italia… se investiga la gestión del Gobierno sobre el Covid. En España se investiga la Guerra Civil y la Dictadura>>. Y se planea el acoso y derribo de un monumento propiedad de todos los españoles que, seguramente, es uno de los más importantes del planeta construidos en el siglo XX, por su magnificencia arquitectónica y artística. Esto es así, se sea franquista, antifranquista o medio pensionista.

¿Cómo hay tanto mediocre en la política? ¿Cómo tanto depravado ha llegado al puesto que ocupa? Tanto talibán…Misterios de la vida dignos de Cuarto Milenio.

Pero vamos a lo nuestro, que es la historia del Valle de los Caídos. La verdadera. La única. Y la que se encuentra perfectamente documentada en los archivos históricos.

Ya dijimos en el artículo anterior que a las obras del Valle de los Caídos solo iban los voluntarios. Tenían que solicitarlo mediante instancia al Patronato Nuestra Señora de la Merced, creado al efecto para la redención de penas por el trabajo, integrado en el Ministerio de Justicia.

Dicen las malas lenguas que hubo en las obras 20.000 “presos políticos esclavos”. Si doña Carmen Calvo es capaz de pasarnos una lista con los nombres de todos ellos, la invito a un arroz con conejo, previo aperitivo de ostras con perla incluida. Pero todo es una pura mentira.

Vamos con los números: en 1943, cuando empezaron a llegar presos al Valle buscando su redención de penas por trabajo, su número fue de 679. En 1947 el número total en la obra era de 1.029. Y el pico máximo, en 1948, de 1.278. Añado que hubo presos de la guerra y presos comunes y que en 1950, los que quedaban fueron indultados. Se acabaron los presos, a pesar de que las obras duraron hasta 1958.

También se dice que cobraban un mísero salario. Mentira podrida. Cobraban exactamente los mismos salarios que los trabajadores libres –cada uno dentro de su categoría profesional- con exactamente las mismas prestaciones. Y fíjense que cosa más curiosa, se les obligó a abrirse una cartilla para ingresar como mínimo la mitad del sueldo, con el fin de que al salir del Valle tuviesen ahorros con los que comenzar una nueva vida.

Como anécdota, Daniel Sueiro, periodista de investigación y escritor fallecido en 1986, cuenta en su libro “La verdadera historia del Valle de los Caídos”, que los barreneros ganaban trescientas cuarenta y cinco pesetas a la semana. La gente mayor sabrá valorar lo que suponía esa cantidad en aquellos tiempos.

¿Vivían en mazmorras? ¿Dormían al aire libre? Nooo. Se crearon tres poblados de casas debidamente acondicionadas y les permitieron traer a sus familias. O sea, que el que los tenía y quería, tuvo al lado a sus seres queridos durante toda su estancia en el Valle: esposas, hijos, padres…, en una vivienda digna. Es más, hasta se les permitió traer a familiares a pasar en tan precioso paraje las vacaciones. Tan es así y tanto se llegó a utilizar esta prerrogativa que llegó un momento en que hubo que poner un cierto orden.

Pero sigamos que la cosa no ha terminado. Se crearon dos escuelas a las que asistieron los hijos de funcionarios, presos y obreros libres. Al frente, un maestro preso, don Gonzalo de Córdoba. Al final del curso iban a examinarse al Instituto San Isidro, de Madrid. Todos salieron bachilleres, lo que en aquella época no era muy

normal. Segurísimo estoy que muchos de ellos hubiesen desarrollado un mejor papel de ministro que los actuales pegafuegos indocumentados. Vamos, sin duda alguna.

Como ya comenté, una vez redimida la pena o indultados, muchos pidieron seguir trabajando en las obras del Valle, evidentemente como obreros libres.

Pero es que hay más. Para los que se quedaron a vivir en Madrid, se les facilitaron viviendas sociales con alquileres casi irrisorios.

En fin, queridos lectores, esto es solo un breve compendio de cómo fueron las cosas. Hay mucho más –testimonios de protagonistas, anécdotas…-, pero creo que con esto ustedes se harán una idea de cuál es la verdad. Yo no me invento nada.

Para el que quiera saber más, le recomiendo el libro del profesor don Alberto Bárcenas, licenciado en Derecho y Doctor en Historia Contemporánea: “Los presos del Valle de los Caídos” (2015). Sobre este tema versó su Tesis Doctoral. Extraordinariamente documentado y fácil de leer. No en vano se pasó siete años de su vida investigando esta historia, y revisando una a una nada menos que setenta y nueve cajas de documentos en los archivos del Palacio Real. Que por cierto están a disposición de cualquier estudioso interesado que busque la verdad.

Así que ya saben, menos cuentos, Caperucita. Que se quieren cargar la democracia, que quieren ir hacia una “segunda transición”, porque la primera no les gusta ni les conviene, es claro y notorio. ¿Lo conseguirán?

Termino con esta estrofa de un poema que no es mío:

<<Y aquí, sobre el silencio de los muertos,

los brazos de la Cruz están abiertos

como clamando al cielo por España>>.

¡Qué funesta es la ignorancia y qué perversa la cizaña!

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