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El recurrente tema de los curas pederastas

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El recurrente tema de los curas pederastas

Antonio García

Grave, gravísimo. Aunque solo fuesen media docena en la inmensa y nutridísima institución que es la Iglesia Católica. Propios y extraños abominamos de estos desgraciados hechos. No hay paliativos ni píldoras que dorar ante el delito y el pecado de la pederastia.

Pero verán ustedes, como un servidor no es periodista ni buscador del morbo y el espectáculo, me voy a permitir hacer unas reflexiones sobre lo que parece ser la más espectacular noticia de la actualidad a nivel mundial, el escándalo más mediático de los últimos tiempos: los casos de pederastia dentro de la Iglesia Católica, que, según algunos -o muchos- han aparecido por millones. Lo que hace relamerse de gusto a los perseguidores de la fe católica. Creo que hasta se ha creado la profesión de “caza curas pederastas”, con enormes incentivos y emolumentos semejantes a los de las “caza machistas”, que como todo el mundo sabe proliferan como los hongos, dados los millonarios recursos disponibles para cargarse a la mitad de la humanidad, es decir, los hombres, que son los culpables de toda violencia.

Empecemos por las cifras, que son unas cosas muy frías pero ilustrativas. Lo más interesante de todo es que nadie se pone de acuerdo. No se sabe a ciencia cierta, hoy por hoy, el número de “ordenados” que han incurrido en esta aberración. Pero podemos hacernos una idea de por dónde van los tiros, acudiendo a un informe que presentó el Vaticano, respecto del período comprendido entre 2001 y 2010, ante una acusación de la ONU. Por cierto, no pocos observadores recuerdan la “divergencia de líneas de actuación” de la ONU en materia de anticoncepción, aborto, sexualidad y homosexualidad, con la doctrina de la Iglesia católica. Es solo un dato.

Existen en el mundo 415.656 sacerdotes, 5.304 obispos, 54.229 religiosos, 670.320 religiosas. Es decir, sin censar a los diáconos y seminaristas, estamos hablando de 1.145.509 personas consagradas. Pero centrándonos solo en curas y obispos, obtenemos una cifra de 420.960 “funcionarios” eclesiásticos. De momento ya parece imposible que haya “millones” de pederastas en la Iglesia.

Si no le aburren los números, querido lector, siga leyendo. Se había denunciado a 3.000 sacerdotes abarcando un período de cincuenta años. Pero tras un proceso de investigación y prueba, solo 300 de ellos fueron formalmente acusados de pederastia. De estos, sesenta pasaron por un proceso penal y administrativo en sus respectivas diócesis, bajo la supervisión de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Treinta fueron casos particularmente graves, con pruebas abrumadoras. Otros treinta pidieron ellos mismos la dispensa de sus obligaciones sacerdotales. Fueron condenados por la justicia civil. Y ciento ochenta no fueron sometidos a ningún proceso penal o administrativo, por su avanzada edad. Eran muy ancianos. No hubo para ellos ni absolución ni condena formal. Aunque sí algunas medidas disciplinares importantes.

Es decir, que de los 300 acusados (de 3000 denuncias) en aquellos cincuenta años, solo 60 se comprobaron culpables por la justicia, y 180 ancianos que nunca sabremos si fueron culpables o no, pues no fueron sometidos al proceso penal. Es decir, un 0,014 por ciento de los sacerdotes existentes, y un 2,00 por ciento de los denunciados.

Que nadie se confunda, esto no es una justificación del mal, sea quien sea quien lo perpetre. Pero algo huele a podrido. ¿Recuerdan aquel refrán que decía <<del árbol caído todos hacen leña>>? Pues bien, este “Árbol” ni ha caído ni caerá, por fuertes que sean los ataques, pero son muchos los que ya están queriendo hacer leña. Cierto es que hace poco han aparecido informaciones que pretender sacar a la luz nuevas “tramas pederastas” sacerdotales. Y, sorprendentemente, en un pis-pas, el mundo ha pronunciado su veredicto. ¿Tanta prisa tiene el mundo por condenar? ¿Se puede al menos esperar a que haya juicio y sentencia? ¿O pensamos para este caso como pensaba Dolores Ibárruri, alias la Pasionaria: <<Más vale condenar a cien inocentes a que se absuelva a un solo culpable>>?

Les voy a decir ahora lo que es la Iglesia: Un montón de pecadores que cree en la salvación de Dios. Así de resumido. Pecadores, claro está, con toda su carga humana, como cualquier hijo de vecino de cualquier rincón del planeta. Y que un hombre -o muchos- se equivoque en su elección vocacional, o cometa errores, hasta gravísimos en su desempeño, no desautoriza a la Institución que le dio cobijo. Ítem más, ninguna persona en su sano juicio desprecia y ataca a su propia familia, por el hecho de que alguno de sus miembros haya delinquido.

Nos falta darnos cuenta de que, en el fondo, siendo justísimo y necesario que se destape, juzgue y condene a todo depravado que cometa estos crímenes, el ataque planificado y orquestado es en realidad contra la Iglesia Católica. (Por cierto, existen asociaciones de pederastas que están pidiendo abiertamente su legalización en algunos países “avanzados”).

Y mientras nos distraen con estos escándalos –que lo son-, el resto de la humanidad pederasta (desde obreros sin cualificar hasta ingenieros) tan a las suyas.

Y mientras tanto, la élite pederasta de España –sin ir más lejos- esa mafia compuesta por políticos, jueces, fiscales, banqueros, grandes empresarios y algún periodista, que además parecen gozar de una inexplicable protección judicial, tan a sus anchas. Y las redes europeas y mundiales del gran negocio de la pederastia y la trata, tan encantadas de conocerse. Y el grandísimo negocio mundial del “turismo sexual con menores”, tan boyante él, sin que cunda el escándalo. Y los moros europeos, pidiendo que se legalice el matrimonio con niñas menores de edad, sin que ni una sola combatiente feminista abra la boca.

Mis queridos lectores, sin justificar el mal, ¿van comprendiendo la jugada?

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