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El monstruo de la desigualdad cercena con sus afiladas garras la vida de las mujeres

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El monstruo de la desigualdad cercena  con sus afiladas garras la vida de las mujeres

María Jesús López Iniesta, Concejala del Ayuntamiento de Hellín

El 7 de octubre del 2004 en el congreso de los diputados ocurrió algo que muy pocas veces se ve, en el panel luminoso aparecerían 320 votos emitidos, 320 síes.

Se aprobaba por unanimidad la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que en su exposición de motivos dice:
-“La violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión.”

-“Los poderes públicos no pueden ser ajenos a la violencia de género, que constituye uno de los ataques más flagrantes a derechos fundamentales como la libertad, la igualdad, la vida, la seguridad y la no discriminación proclamados en nuestra Constitución. Esos mismos poderes públicos tienen, conforme a lo dispuesto en el artículo 9.2 de la Constitución, la obligación de adoptar medidas de acción positiva para hacer reales y efectivos dichos derechos, removiendo los obstáculos que impiden o dificultan su plenitud.”

Hoy vemos que los avances siguen siendo pocos y que cada semana nos encontramos un nuevo caso de violencia de género, un nuevo ataque fatal contra las mujeres.

Pero ¿por qué? 15 años después tenemos que hablar del tema, el tema debería estar resuelto.

Pues simplemente porque no se ha tocado la causa raíz de la violencia, que es la desigualdad, desigualdad que crece imparable como un monstruo.

La desigualdad que está grabada en nuestra sociedad y que asigna unos roles específicos a las mujeres, percibidos como de inferior categoría.

Se asume que una mujer, por el hecho de serlo, tiene la obligación de trabajar sin remuneración en trabajos necesarios para mantener la sociedad, como el cuidado de los hijos y de los padres.

Se asume que en época de crisis es mejor contratar a un hombre que a una mujer, porque bastante trabajo tiene ella en casa.

Se asume, se asume…

Cuando un colectivo, tiene la obligación de realizar un trabajo sin remunerar, ese colectivo está en una condición de inferioridad sobre el colectivo que su trabajo es reconocido con un salario.
Y esto genera una falsa superioridad moral que finalmente lleva a la violencia.
Es por eso que, si queremos erradicar la violencia de género, hemos de trabajar por la igualdad, por la igualdad real y efectiva.

La dura realidad es que la desigualdad está aumentando y con ella la violencia y los sucesivos gobiernos, desde el 2007, no solo no han considerado la desigualdad como un verdadero drama social, sino que cada vez le han prestado menos atención.
El foco se ha de poner en la igualdad sin olvidar en ningún momento la protección de las víctimas.

Porque la desigualdad se muestra también en la atención a las víctimas, en considerar de menor valor sus declaraciones, en no proteger adecuadamente ni a ellas ni a sus hijos e hijas, en considerar antes la seguridad del agresor que la integridad física y moral de la víctima.

La OMS considera la Violencia contra las Mujeres una epidemia de carácter global y para las epidemias solo hay un remedio las vacunas.

Y la vacuna que debilitará al monstruo y que terminará por matarlo está en la educación, en una educación en valores de igualdad y respeto desde la misma guardería desde los primeros instantes donde la persona se socializa.

Y digo persona y no niño y niña a propósito, porque para que la educación en igualdad, la coeducación sea efectiva, hay que empezar a eliminar los estereotipos de género.

No son niños ni niñas son personas, personas libres e iguales. Y han de seguir así toda la vida.

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