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El manifiesto de los borregos

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El manifiesto de los borregos

Antonio García

En la última sesión plenaria del Ayuntamiento de mi ciudad, Hellín, todos los integrantes de la corporación -¡qué vergüenza!- aprobaron y firmaron un Manifiesto Institucional Contra la Violencia de Género. ¿Todos? No. Una pequeña aldea gala resistió al invasor, gracias a una poción mágica que da sentido común y valentía.

Se llama Raquel Tomás Pedrosa, concejal de Vox del consistorio hellinero. La única que se negó a firmar tan ridículo, manipulador y torticero manifiesto, que supongo copia exacta de cuantos se han distribuido por todos los pueblos y ciudades de España para dar marchamo de justicia, igualdad y fraternidad a la ley más inconstitucional de cuantas campan a sus anchas por el suelo patrio. Naturalmente, las reacciones del césar y sus legiones no se hicieron esperar, y así, el Alcalde, defraudado todo él, manifestó que semejante resistencia significaba “un paso atrás”. Y las legiones, que como es sabido pertenecen todas al imperio totalitario y dictatorial de la Ideología de Género, lanzaron sus reproches a la única voz disidente del adoctrinamiento ideológico de los lobbys feministoides. Es decir, contra el aborregamiento social y políticamente correcto de esta España decadente. Mis felicitaciones a doña Raquel, con la que públicamente me solidarizo.

Como bien saben todos aquellos y todas aquellas que estén debidamente adoctrinados (aborregados), la violencia de género solo se da en los ataques del hombre contra la mujer. El viceversa no existe. Es una violencia unidireccional. Y además, el hombre mata a la mujer por el solo hecho de ser mujer, porque si las féminas fueran koalas, no las matarían. De cajón. Incluso no se considera violencia de género si una lesbiana mata a su pareja lesbiana. Por otra parte, y como dice la juez “especialista” en violencia de género, doña Pilar Llop, candidata por el PSOE a presidir el Senado, <<una democracia en la que la mitad de la población (hombres) vierte violencia sobre la otra mitad (mujeres) no es democracia>>. Y lleva razón. En un país como el nuestro, donde los hombres todos no paramos de “verter violencia” sobre nuestras esposas, nuestras madres, suegras, hermanas, primas, cuñadas, nueras, hijas, nietas, amantes y amigas, no puede haber democracia. Con lo que al final resulta que no ha servido de nada exhumar a Franco. Pero como además se sabe que el hombre, por el solo hecho de serlo es violento y maltratador por naturaleza, la única solución viable es que España se quede sin hombres. No cabe otra. Mientras haya hombres, habrá violencia de género.

Lo curioso son las noticias que, husmeando por aquí y por allá voy encontrando de vez en cuando y que me llaman la atención. Les contaré algunas. Pocas, porque no hay espacio para la larga lista que tengo archivada.

En San Pedro del Pinatar (Murcia) una mujer mata a su marido de 32 años asestándole varias puñaladas.

Una mujer de 41 años, en Palma, fue detenida por acuchillar a su marido ante el hijo de ambos, un niño de cinco años. Tras ello, se parapetó en la vivienda usando al hijo como escudo ante la llegada de la policía.

En Lugones (Siero) Ana García acuchilló a Miguel Ángel Suárez más de treinta veces tras una discusión por celos (de ella hacia él). La policía encontró al hombre desnudo sobre la cama, después de que la mujer llamara al 112 y les dijera que su novio se había suicidado (el pobre hombre se cebó consigo mismo y se auto apuñaló más de treinta veces). <<Lo maté porque era para mí o para nadie>>, declaró la pobre.

En Málaga, la esposa intenta matar a su marido golpeándole en la cabeza y cortándole las venas de la muñeca. Entonces, simuló ante su hijo el aviso a la ambulancia. Lo hizo para evitar que su marido recibiera asistencia médica y así muriera desangrado. Sin embargo, el hijo se percató de lo ocurrido y le salvó la vida con una llamada a los Servicios Sanitarios.

Sucedido recientemente en Valencia: «No te quiero, solo quiero que aceptes que no te quiero, solo quiero que me dejes que me vaya», le dijo él a ella poniendo la grabadora del móvil en marcha. En esa grabación se escucha decir a ella: <<No sabes lo hija de puta que soy. Te voy a matar>>. Y lo mató, apuñalándole en el corazón.

Podemos cambiar de tercio poniendo el foco en un fenómeno que apenas trasciende en los medios de comunicación y que ningún organismo oficial contabiliza: los niños asesinados o maltratados por sus madres o madrastras. Encontrar una lista fiable de estos casos en España parece misión imposible. <<No tenemos esos datos>>, responden en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; <<sólo registramos a los menores asesinados por sus padres varones>>. De los matados por mujeres no se hacen registros ni estadísticas. Pero existen datos que, con esfuerzo y tesón se han ido recopilando. Se conocen los números. Y les aseguro que los niños asesinados por mujeres superan claramente a los muertos por hombres. Datos que jamás nos serán ofrecidos por la gran prensa del sistema. Pero todo esto no es Violencia de Género.

No puedo acabar sin hacer referencia a los cien mil asesinatos “legales” cometidos al año en España por medio del aborto. Y que, miren por donde, no está en las manos del hombre poder perpetrarlos, aunque en muchas ocasiones sea instigador y tan culpable o más que la madre.

Pues bien, oponerse a esta vergonzosa, parcialísima e inconstitucional manipulación política que es la llamada “Ley de Violencia de Género”, defender que todos, hombres y mujeres sean considerados exactamente iguales ante la Ley, defender la verdadera justicia, atajar la violencia y el crimen venga de donde venga y sea contra quien sea: mujeres, hombres, niños, ancianos… resulta que es dar “un paso atrás”, como el alcalde de mi ciudad le dijo a doña Raquel, la concejal de Vox.

No debemos de caer en la simpleza del “y tú más”. ¿A mí que pijo me importa si ellos matan a sesenta y ellas a cuarenta? ¿Eso justificaría algo? Detesto la violencia, y lo único que me importa es que el pueblo recupere la capacidad de razonar y el sentido común y, de una vez por todas, no se deje engañar y avasallar por tanto fraude ideológico y deformante.

Porque es triste, muy triste. Y porque así solo se consigue hacerles el caldo gordo a los granujas y canallas que intentan romper el equilibrio humano, social y familiar.

Enhorabuena, doña Raquel.

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