Periódico con noticias de última hora, multimedia, álbumes, ocio, sociedad, servicios, opinión, actualidad local, economía, política, deportes…

El imperio de la estulticia

Article   0 Comments
Line Spacing+- AFont Size+- Print This Article
El imperio de la estulticia

O la exaltación de la estupidez

Antonio García

También podríamos titularlo: “Las izquierdas contra Amancio Ortega”, ó, para que quede más chic y moderno, “el rojerío versus don Amancio”. Por cierto, y perdonen la disquisición gramatical, coloco esa preposición a cosica hecha, porque le tengo muchas ganas al dichoso versus –que en este país pretendemos sustituir por “contra”-, del que tanto se abusa, y que no es más que otra muestra de la idiotez y la incultura españolas, habitante parasitaria de muchos modernos “escribidores” que, pretenciosamente, quieren adornarse con latinajos. Generalmente aparece abreviado: vs. Pero éste es borde, porque no viene del Mediterráneo, si no de tierras británicas, donde también hicieron con el original latino lo que les salió de su graciosa majestad, dándole el sentido de “contra”. En latín, versus indicaba “en dirección a”, “hacia el lado de”, o simplemente “hacia”. Que en francés es “vers”. Creo que todo empezó con aquella gran película de Kramer vs. Kramer, de1979, protagonizada por Dustin Hoffman y Meryl Streep. Evidentemente, estadounidense.

Repito mi petición de disculpa y vuelvo al redil. Como todos ustedes saben, don Amancio Ortega ha donado 310 millones de euros a la sanidad pública para la adquisición de equipos de radioterapia avanzada para el tratamiento del cáncer. Antes de esta aportación del empresario gallego, en España, poco más de veinte hospitales públicos contaban con la tecnología más avanzada en esta especialidad, pero ahora hay más de setenta hospitales que se beneficiarán del mismo, lo que redunda, según los propios especialistas en que unas cien mil personas se pueden beneficiar. Esos milloncejos de nada, donados por la Fundación Amancio Ortega servirán para instalar 290 nuevos equipos de última generación.

Los ricos pueden hacer con su dinero lo que quieran y sin tener que dar explicaciones a nadie, como los riquísimos y muy riquísimos. Y como ustedes y yo con lo que más o menos tengamos cada cual, faltaría más. Pero es preciso reconocer que un gesto como este es digno de admiración y respeto. Nadie le ha obligado al dueño de Zara a tener semejante iniciativa. Como él mismo dice: “devolver a la sociedad parte de lo que la sociedad me ha dado”. Magnífico. Bondad, nobleza y humanidad.

Pero he aquí que a las zurdas no les ha gustado el detalle. Las zurdas está que trinan. Eso de que un empresario particular sea generoso con el pueblo, les produce urticaria. Les sabe a rallos todo lo que ellos no pueden controlar y en lo que no pueden mojar, dado su totalitario sentido del “estatismo”, esa tendencia que exalta el poder y la preeminencia del Estado sobre las demás entidades sociales. Y de paso, sacar tajada en forma de comisiones, regalos “desinteresados” y otras gabelas.

La primera en asomar la pezuña fue la candidata de Unidas Podemos -¡qué ridículo!- a la comunidad de Madrid, Isabel Serra. “Deben rechazarse donaciones a la sanidad pública, como la de 310 millones de Amancio Ortega”. El jefe, don Pablito, le da el visto bueno a su candidata y corrobora e insiste en las palabras de la Serra en un mitin en Palma de Mallorca: “la sanidad pública no puede aceptar donaciones ni limosnas de Amancio Ortega” porque una “democracia digna no acepta limosnas de millonarios”. Y digo yo, esto es como la anciana aquella que tras beberse un vaso de leche ofrecido por su vecina, le comenta: <<esta leche es leche buena>>, a lo que la otra responde: <<y mañana, Navidad>>. O sea, vamos a ver, ¿qué coño tiene que ver la democracia digna con la donación de un empresario a la sanidad pública? Naturalmente su parienta –tal para cual-, la que goza con el Pablete de la modesta “casica” en Galapagar, asegura que “ningún supermillonario decide si hay buenas máquinas en la sanidad pública”. Y vuelvo a decir: esta leche es leche buena… Una tal Ione Belarra, diputada de las Unidas esas, hasta llega a la descalificación de los profesionales de la sanidad: “Quienes están aceptando la donación de Amancio Ortega son los que han hecho empeorar la sanidad pública”. ¿Seguro, pedorra podemita? Amancios Ortegas no ha existido siempre. Así que ¿es el problema de las donaciones el que ha dejado a la sanidad hecha unos zorros, desde Andalucía hasta Cataluña? ¡Anda nena… háztelo mirar!

Pero no son solo los y las de Potemos Unidas –irrisorio y grotesco-. Don Fernández Vara, el candidato del PSOE a la Junta de Extremadura se solidariza con sus hermanos rojos y afirma: “La salud no puede depender de las ventas de Zara”. Y mañana Navidad… El muy estulto pretendiente aclara que “no es mi modelo que tengamos tecnología punta en función de la cuenta de resultados de la venta de ropa”. Sin comentarios. O sea, queridos lectores, ¿esto es una preocupación política sana y sincera, o la más zafia y bajuna muestra de envidia y odio? ¿Es acaso un bofetón a la mafia “controladora” de esta clase política bajuna?

Jamás afloró tanto impresentable. Tanta vileza y ruindad. Tanto político mezquino, infame y abyecto. Gente dañina donde las haya. Mamarrachos de tomo y lomo.

Pero hay algo que aún me preocupa más, y creo haberlo comentado alguna vez: los acólitos. Esos pobres de espíritu que, con sonrisa beatífica y expresión bobalicona, se sorben las babas mientras escuchan hipnotizados en los mítines las maldades, falsedades y estupideces de sus líderes. Señores de izquierdas, ¿de verdad se sienten ustedes representados?

¡Pobre España mía!

Article   0 Comments
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner

Hemeroteca