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El fenómeno “Influencers”

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El fenómeno “Influencers”

Conchi Catalán

“Somos lo que leemos, y nuestro cerebro se transforma literalmente a través de los textos que introducimos en nuestra mente”.

Esta frase del escritor argentino Jorge Luis Borges, da pie a una reflexión: La importancia de la cultura y especialmente de la literatura en el pensamiento y en las ideas de toda sociedad.

Si analizamos diferentes etapas de la historia, pasadas, recientes e incluso en el momento presente, podríamos obtener una radiografía bastante fiel del grado de interés cultural, con solo echar un vistazo a las lecturas de la gente, los “best sellers” de cada etapa.

Así, desde la ficción, hasta la ciencia, pasando por la historia o la religión, encontraremos lecturas que han dejado su huella en el tiempo y han transformado el pensamiento de la sociedad.

Han sido “INFLUENCERS” en su momento y han ejercido un gran impacto en el curso de la historia de la humanidad.

“Y es que leer no es solo placer: los libros tienen el poder de tocarnos en lo más profundo de nuestro ser, de abrir los ojos a las injusticias y en ocasiones, incluso de actuar como catalizadores del cambio social”.

Hoy, los nuevos “Influencers” que reinan e imperan en nuestro día a día se mueven a través de las redes sociales y en ocasiones están relegando y a veces subestimando a los grandes pensadores, filósofos, poetas, historiadores, escritores…etc con especial impacto en las generaciones jóvenes (adolescentes e incluso niños), hacia los que se dirigen de manera preferente. Hoy uno de estos youtubers, instagramers o tiktokers pinta más que un premio Nobel.

El impacto de estos “Influencers” en la sociedad actual es brutal. Poseen un grado de credibilidad extraordinario en un público online que sigue su día a día, sus acciones y publicaciones, influyendo y manejando actitudes, comportamientos y toma de decisiones, especialmente de niños, adolescentes y jóvenes que son un público muy vulnerable.

Es alucinante ver como personas que, muchas veces, careciendo de preparación o formación en determinados temas, exponen puntos de vista como si fueran expertos, reflexionan sobre la vida, suben vídeos de su día a día, sobre música, salud, moda, alimentación e incluso se atreven a escribir libros o a hacer poesía…

Pero lo verdaderamente alucinante es que tienen millones de seguidores, que enganchados a plataformas como Youtube, Instagram o Tik tok, entre otras, les siguen con los ojos cerrados asumiendo como propias y aplaudiendo sus historias, recomendaciones y experiencias como una filosofía de vida.

Hablando con jóvenes y adolescentes, he podido comprobar la fascinación que estas personas ejercen sobre ellos: compran las marcas que aparecen en sus vídeos, adoran la música que presentan, influyen en su dieta, en su vocabulario, en sus proyectos de futuro (muchos quieren ser “Influencers”) y leen con entusiasmo todo lo que publican.

Nada importa si quien recomienda el producto de belleza ha investigado sus propiedades, o si quien recomienda una dieta o una determinada alimentación no tiene ninguna formación en nutrición y dietética. Lo cierto es que da igual lo que escriban, lo que digan o lo que hagan. Gustan y mucho.

Para que nos hagamos una idea del mundo que rodea a estos “influencers”, me gustaría resaltar algunos de los que cuentan en sus redes con más seguidores.

El Rubius, por ejemplo, es un chico de 32 años, referente y modelo para muchos de nuestros jóvenes. Tiene más de 40 millones de seguidores y en el último año, ha ganado un millón de euros. Aporta el “contravalor” de largarse de España para no pagar a Hacienda.

Vegeta 777, con 33 millones de seguidores, se embolsa al año más de 65.000 euros. También se ha ido fuera para no tributar en España.

Otro de estos influencers, con 26 millones de seguidores es el “tiktoker” Naim Darrechi, que hace alardes de que no usa preservativo en sus relaciones, engañando a sus parejas, diciendo “que es estéril” …

PewDiePie, youtuber sueco que cuenta con más de 100 millones de seguidores, se permitió subir a su cuenta varios videos y discursos de contenido nazi, por lo que su mayor patrocinador, Disney, ha roto un contrato millonario con él.

Lena Nersesian que a cambio de un elevado número de “likes”, publica vídeos de contenido erótico-porno.

Podría seguir enumerando muchos ejemplos más, pero para muestra es suficiente. En fin, estas personas, son hoy los “influencers” de gran parte de nuestras nuevas generaciones…

Sus publicaciones con un aire espontáneo, desenfadado, cercano y divertido (rayando en la “tontuna”) abducen a millones de seguidores que se sienten identificados totalmente con ellos y a los que les venden un modo de vida fácil y millonario.

Los padres, en este aspecto como en todos, tienen el deber y la responsabilidad de controlar qué es lo que hacen sus hijos cuando navegan y sobre todo a quién están siguiendo y qué les aportan de positivo para su desarrollo emocional e intelectual, qué valores les están potenciando, porque estos «ídolos» pueden llegar a influirles en su manera de ver la vida y de vivir en sociedad.

No quiero poner a todos los influencers en el mismo nivel, porque también muchos de ellos aportan cosas muy positivas, subiendo contenidos verdaderamente interesantes y creativos con rigor, calidad, formación académica, y experiencia en su campo, saben de lo que hablan y a través de los cuáles muchos jóvenes encuentran inspiración para cualquiera de sus intereses -la moda, el maquillaje, la comida sana, el deporte, el cine o la lectura, aunque claro está, estos no tienen tantos seguidores…

Un aspecto verdaderamente anonadante, son los niños pequeños o “kids Influencers”, que ni siquiera deberían tener redes sociales y, sin embargo, nos encontramos chavales y chavalas menores de 12 años que, estimulados por los padres, hacen verdaderos esfuerzos para crear cuotas de contenidos. Son niños y niñas que trabajan promoviendo el consumo y promocionando hábitos a veces poco saludables para sus seguidores, como las hermanas Itarte (“Las ratitas pandilleras”) que con su vídeo sobre Macdonals han tenido más de 780 millones de visualizaciones o el caso de Ryan, desde los 4 años promocionando juguetes y que ganó el año pasado más de 20 millones de euros.

Dos reflexiones a propósito de todo esto:

¿Dónde queda el derecho de un niño a su privacidad?

¿Es ético exponer la imagen de un niño para ganar dinero?

Y, para terminar, vuelvo a la frase de Borjes; “SOMOS LO QUE LEEMOS” …

La cultura de los “likes” también ha hecho mella en la literatura. Las grandes editoriales, también se han dejado seducir por estos influencers, que con sus millones de seguidores les están generando grandes beneficios.

Muchos influencers, se atreven a escribir libros, la mayoría de veces a petición de las propias editoriales…

Escriben, publican y colocan el libro en las listas de “los más vendidos”, aunque el libro sea lo más cutre y nefasto en cuanto al fondo, la calidad, la temática y cualquier otro punto desde donde se mire (me estoy acordando del “libro” que escribió Belén Esteban, que vendió más de 100.000 ejemplares) … O qué decir de los influencers “poetas”, que escriben “versos” sin saber nada de poesía, palabras huecas incapaces de transmitir ninguna emoción. Un insulto a los poetas y un desprecio hacia la literatura, pero, eso sí, se venden como churros.

Este comercio, ha perdido el respeto por el mundo del arte literario y la ética y no culpo de ello solo a los influencers, más culpa tienen las editoriales, especialmente las grandes, que, anteponiendo sus intereses económicos, dejan fuera proyectos de buena literatura y priorizan el vacío cultural.

Termino diciendo lo que ya he dicho muchas veces: Internet y las Redes Sociales, no son algo malo y negativo, todo lo contrario. Todo depende del uso que les demos y la selección que hagamos de ellas.                           

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