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El científico hellinero, Juan Carlos Izpisúa Belmonte, lidera un estudio con el fin de retrasar la vejez humana 

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El científico hellinero, Juan Carlos Izpisúa Belmonte, lidera un estudio con el fin de retrasar la vejez humana 

Así, lo explica en un amplio reportaje publicado en el diario madrileño EL PAÍS 

Firmado por  Manuel Ansede, en la edición de papel del diario madrileño, EL PAÍS, del pasado sábado día 7 de enero, se publica un amplio reportaje en sus páginas centrales con los titulares   “Reliquias de virus ancestrales causas el envejecimiento” “ El científico Juan Carlos Izpisúa lidera un estudio que analiza cómo resucitan estas partículas integradas en el ADN humano”,   que tras  una ingeniosa introducción donde habla del inicio de la inmortal obra de Cervantes “En un lugar de la Mancha…” que  sitúa a los lectores “en una inmensa llanura que en algún momento fue conquistada por los árabes. Lo mismo ocurre con el genoma humano. Cada célula, ya sea una muscular del corazón o una neurona del cerebro, tiene en su interior un texto de más de 3.000 millones de letras químicas, con las instrucciones necesarias para su funcionamiento. El 8% de  éste manual lo han escrito desde hace millones de años unos autores inesperados. Virus que infectaron a los humanos o sus ancestros, incrustando material genético vírico en su ADN”. 

    Por ello, continúa Manuel Ansede, en su escrito, en este nuevo estudio, del que es coautor Juan Carlos Izpisúa, se refleja que la resurrección de las reliquias de estos virus inmemoriales “desempeñan un papel fundamental en el envejecimiento”.

   Más adelante, recuerda que Juan Carlos Izpisúa Belmonte, nació precisamente en un lugar de Castilla-La Mancha, en Hellín (Albacete), hace 62 años, que hoy vive en la ciudad estadounidense de San Diego, donde dirige uno de los tres institutos del Laboratorio Altos, na multinacional de reciente fundación con el elevadísimo presupuesto de 2.700 millones de euros, con cuatro ganadores del premio Nobel en nómina y con el objetivo declarado de que el ser humano viva muchos más años con salud.

   Estas son las palabras del científico hellinero que refleja Ansede: 

 “Está claro que muchas de estas secuencias (de Virus integradas en el ADN humano) empiezan a descomponerse a lo largo de nuestras vidas y están asociadas a la mayor parte de las enfermedades: cáncer, neurodegenerativas, de cartílago, de músculo”, alerta el científico.

   Asimismo, tras indicar que el trabajo está centrado en el último virus incorporado al ADN humano, hace menos de un millón de años. El HERV-K, observando que puede reactivar y provocar la formación de partículas parecidas al retrovirus, dentro de las células responsables del envejecimiento y del cáncer y que suprimirlas nocivas “podría ayudar a mejorar el curso de muchas enfermedades como a un envejecimiento más saludable”.

    Para ello, Izpisúa Belmonte propone un procedimiento que se está poniendo en marcha en algunos hospitales:  la plasmaféresis, donde una máquina externa filtra la sangre del paciente para erradicar sustancias dañinas, una aplicación que califica de relativamente fácil cuyos resultados le han emocionado.

    Ya, tras dar cuenta de las personas fichadas por la empresa, algunos de los científicos más prestigiosos del mundo, entre ellos dos de las últimas ganadoras del Nobel de Química, Izpizúa explica el objetivo de la empresa:

 “En la medicina, hasta ahora, lo que hemos hecho ha sido identificar la causa de un problema y tratar de resolverla. Por ejemplo, arreglar la mutación para que la enfermedad no ocurra. Lo que intenta Altos es mejorar la resiliencia de nuestras células. Es una manera muy distinta de entender la medicina”. A su juicio, dentro de dos décadas habrá herramientas de rejuvenecimiento celular.

 El equipo de Izpisúa Belmonte observó que en el mes de Agosto pasado, en ratones modificados genéticamente que otros transposones están implicados en procesos de envejecimiento acelerado como el síndrome de  de progeria de Hutchinson-Gilford.

  “Vimos que estas secuencias de ADN estaban descontroladas en casi todas las células. Bajamos su activación y parecía que a los ratones le habíamos dado una poción mágica porque vivían más tiempo, hasta un 30% más y todas sus células funcionaban mejor. Es una de las intervenciones que más ha extendido la vida de un mamífero”, concluye.

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