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¿Democracia, fobias o planes diabólicos?

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¿Democracia, fobias o planes diabólicos?

Como todos ustedes saben, la democracia (no confundir con lo de España) es el predominio del pueblo en el gobierno político de un país. Eso que dicen por ahí de “pueblo soberano”. Y como también saben todos ustedes, fobia significa “aversión obsesiva a alguien o algo”.

Al final de este artículo, que cada cual piense en el sentido de esta introducción. Soy tan demócrata que hasta me parece cojonudo que ustedes piensen libremente.

La señora Raquel Tamarit, alcaldesa de Sueca por Compromís -la ciudad levantina donde se celebra el famoso Concurso Internacional de Paella Valenciana-, ha vetado el himno de España en las procesiones. Así, con un par de ubres. Un concejal de la oposición dice que “en la última procesión celebrada en el municipio ya no sonaron los acordes del himno nacional a la entrada y salida de las imágenes del templo, como resulta habitual desde tiempos inmemoriales”. De manera que el Ayuntamiento le ha dicho a las dos bandas de música que hay en el pueblo, que ojito con tocar el himno nacional en las procesiones… o se quedan sin pito. Es decir, y entrando por lo derecho: el poder político coercitivo –que viene de coacción-, defecándose alegremente en la tradición y costumbre de un pueblo.

Y digo yo, recurriendo a la manida argucia de hoy día: si no quiere oírlo, que no vaya a las procesiones. Porque además, ¿qué carajo pinta una encrespada antirreligiosa en una manifestación religiosa? Cosa que hago extensiva a todas las corporaciones. Porque siempre me ha parecido inmoral, repito, siempre, que políticos no creyentes desfilen detrás del Cristo o de la Virgen. Pero claro, cómo van a desperdiciar la ocasión de, en “olor” de multitudes, sacar barriga y lucir bastón de mando. Es curioso que se mantenga esta herencia del franquismo… hasta por los más furibundos izquierdistas. Y si es que esta señora y sus acólitos odian lo español y quieren un País Valenciano independiente y con su propia constitución, pues allá se las compongan. Pero meterse a manipular un acto religioso con usos tradicionales y costumbres populares enraizadas… ¿de qué va esta energúmena? Y sin embargo, no es un caso único. Yo les he relatado algunos, pero sería necesaria una enciclopedia para reflejar las tropelías que se están cometiendo en este país contra las tradiciones, la cultura, la memoria, la religión católica… ante la más vergonzosa pasividad de un pueblo que pierde a pasos agigantados su identidad, su norte, su sentido patrio, su propia cultura que ignora o desprecia. Su dignidad. Sus raíces históricas. En nombre de no se sabe qué, ni se sabe por qué ni hacia dónde.

Por cierto, leo el testimonio de una mujer de setenta años, que cuenta lo siguiente: iban en su coche para asistir a la Misa del Valle de los Caídos. Llevaba atada al retrovisor exterior una cinta de la Virgen del Pilar, y colgando del interior un pequeño Rosario rematado con una cruz. Al entrar al recinto, en el primer puesto de la guardia Civil la paran. “Quite la cinta”. “¡Pero si es una cinta de la Virgen del Pilar, la Patrona de la Guardia Civil! ¿Cómo la vamos a quitar?” (Una cinta de la bandera de España con la misma longitud que la imagen de la Virgen) Contestación: “No, no, quítela… y eso también”. “¿Qué es eso?” “Eso que tiene ahí colgado”. “Eso es un rosario”. “Sí, quítelo”. “¿Y por qué lo voy a quitar? Lo llevo desde hace 27 años”. “Porque tiene una cruz, y la cruz es un símbolo de provocación y tiene que retirarlo, y si no, no pasa. “¿Pero cómo es esto? ¡Pero mire usted!”. “No, yo sólo cumplo órdenes, de manera que o lo quita o no pasa. Y si pasa dentro, no lo vuelva a poner porque tendrá problemas”. Sin comentarios.

¿Pero esto ocurre solo aquí?

Les voy a contar algo que la gran prensa occidental se ha cuidado celosamente de ocultar, de forma reveladora. Hillary Clinton, la chupadora legal del ex- presidente Clinton, flamante candidata demócrata a la presidencia de los EE.UU. se ha ido de la lengua. En un simposio pro abortista dijo públicamente: “Los códigos culturales profundamente arraigados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales”. Blanco y en botella.

Los códigos culturales profundamente arraigados, es decir, lo que nos conforma personal y socialmente como somos, lo que une nuestro presente con nuestro pasado, dándole sentido y continuidad, lo que nos identifica como individuos y como nación… son prejuicios y fobias que se deben eliminar. Naturalmente, las creencias religiosas y tradicionales son parte de esas fobias. Y claro, con esa gran carga de impedimentos no se puede crear al hombre libre, culto y feliz del futuro.

Pero también quiere decir que los gobiernos, el poder político, están legitimados para utilizar su fuerza coercitiva contra esos dogmas religiosos y contra las identidades culturales. Es decir, que gozan del monopolio legal de la violencia.

De manera que, lo que esta señora nos ha querido comunicar es la existencia de un proyecto político totalitario de ingeniería social y cultural. Como todo el mundo sabe, la hegemonía le corresponde a USA, pero también deberán darse cuenta ustedes la forma tan dócil y borreguil en que Europa le sigue. Esta España y esta Europa cobardes y decadentes, que antaño fueron cuna de civilizaciones.

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