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De repente, el coronavirus

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De repente, el coronavirus

El Espectador

Ya han pasado más de cinco meses desde que llegaron la primeras y confusas noticias sobre una epidemia que había surgido en una lejana ciudad de China, como escribíamos en aquellos días, desconocida para la mayoría de nosotros, y sin embargo con más habitantes que Madrid, llamada Wuhan.

Ante la cantidad de noticias confusas e incluso contradictorias, nuestro titular, de aquel primer comentario fue “Incertidumbre”, pues era la palabra que, para nosotros, mejor definía lo que estaba ocurriendo en aquellos días, aunque pobres ingenuos, no podíamos preveer las fatales consecuencias que se nos venían encima.
Fueron pasando los días y lo que nadie podía imaginarse fue sucediendo, primero que se suspendieran las clases en los institutos y colegios y menos, por poner los ejemplos más significativos para los hellineros, llegar a contemplar un Rabal solitario en la noche de Jueves Santo, el Calvario, sin nazarenos portando imágenes y grupos escultóricos, ni tamborileros repiqueteando hasta la extenuación sus tambores, ni tampoco, el domingo de Resurrección, la ausencia del encuentro de las imágenes de la Dolorosa y el Resucitado, en el Recinto Ferial.

Después recordamos en el anecdotario de aquellos días, una ligera polémica cuando calificábamos de absurda la pretendida organización de las “tamboradas testimoniales” idea que nació en la Asociación de Peñas de Tamborileros en el interior de algún cerebro privilegiado y que quedó como una figura más de cómo funcionan algunas cosas en nuestra ciudad.

Con el confinamiento de toda la población también llegaron advertencias, suspensiones y prohibiciones, desaliento y tristeza de empresarios, autónomos y sobre todo de trabajadores que veían un futuro cada vez más negro, el drama de las residencias de mayores, chivos expiatorios de aquellos primeros meses, que poco a poco se fueron suavizando y limitando con la llamada desescalada , con fases sucesivas, para volver a la normalidad, pero que con lo que estamos viviendo en la actualidad, de poco o nada nos ha servido, incluso nos atrevemos a escribir han empeorado la situación.

Conforme pasan las semanas, como todos hemos podido malvivir, las cosas han ido de mal en peor y lo que al principio podía haberse tomado como una extraña gripe que antes o después podía ser controlada, se convirtió en una cruel pandemia global, que ha arrasado con todo lo que se ha puesto a su paso y nos ha llevado a una situación límite y al borde de un abismo económico y social que, como hemos escrito al principio, pocos podían imaginar, y los que tuvieron esa clarividencia cuando fueron escuchados, ya era demasiado tarde.

Se han dicho y escrito tantas opiniones, hemos oído tantos comentarios, tantas tertulias, que han llevado a la mayoría de los habitantes de este planeta lastimado y herido, a una total confusión e incertidumbre (otra vez esta palabra), donde la única luz a la que todos nos agarramos como náufragos ante el hundimiento de su barco, es la buscada vacuna, de la que, para no ser menos, siguen llegando las noticias más variadas y contradictorias de ¿quién la encontrará y negociará antes?, ¿ va a haber para todos?, ¿cuál será su coste y su precio?, ¿tendrá total eficacia?, ¿provocará secuelas?, hay más interrogantes pero … para que seguir.

Ahora, nos toca continuar, algunos con desesperación por todo lo perdido, y la mayoría con paciencia, prudencia y solidaridad para hacer frente a este virus que un malhadado día se coló en nuestras vidas, obligándonos a cambiar nuestros hábitos que antes tan poco valorábamos y que ahora tanto echamos de menos, como podían ser simplemente un apretón de mano, un par de besos o un fuerte abrazo.

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