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De mayor quiero ser político

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De mayor quiero ser político

Antonio García

No cabe duda de que hay gente que es feliz porque, por ejemplo, tienen la oportunidad de ganarse las habichuelas desempeñando a tope su más íntima vocación, aunque obtengan por ello unos ingresos moderados que les permiten vivir dignamente, pero sin tirar cohetes. Cosa que me parece de lo más venturoso. Pasar por este mundo trabajando en aquello que más le gusta y para lo que más útil y capacitado se siente, que es la mejor forma de conseguir eso que llamamos “realizarse”. Bueno, ya sabemos que la felicidad, de existir en este mundo, se compones de muchas variables, pero vamos a centrarnos en el binomio producción-ingresos, que suele ser el que va por delante cuando nos preguntamos unos a otros: ¿y qué tal te va?

Todos sabemos que la expresión “triunfar en la vida”, la inmensa mayoría de las veces –la inmensísima- se refiere a hacerse rico. Hombre, si todo el mundo fuera rico, la cosa no tendría gracia. El encanto está en que los ricos son minoría, por lo que si uno llega a serlo es un triunfo. O por lo menos, ese es el escaparate ante el que más nos detenemos el general de los mortales. Míralo, yo le conocí con una mano delante y otra detrás y ha amasado una fortuna. Los hay con suerte. Porque suele deberse a “la suerte”, casi nunca al trabajo, la abnegación, la inteligencia, y mariconadas por el estilo –expresión de la envidia española-. Y el que sabe o intuye que no ha nacido para ser rico, qué menos que un buen piso, un chalé en el campo, un apartamento en la costa, un coche de gama alta, más otro para los “recaos”, una cuentecita corriente que, a ser posible, no tenga menos de cinco cifras… Por supuesto, todo ello ganado honradamente. Porque al fin y al cabo es desempeñar un trabajo, que no deja de ser una función social. Un servicio a la comunidad, como lo es toda tarea digna. Y supongo que la sociedad, con el paso del tiempo ha ido ajustando la relación utilidad-precio. O sea, tanto ganas en función del beneficio que procuras. Excepto los sueldos de mierda que se pagan ahora, en la era del bienestar y el progreso. Quede pues bien entendido, que por mucho que alguien gane, si lo hace honradamente cuenta con mi total respeto.

Pero he aquí que nos encontramos con el caso de la política. Yo alucino. Los funcionarios tienen un sueldo reglado (que nunca es conforme). En la empresa privada, tanto produces, tanto cobras. O por lo menos estas son las reglas. Pero ¿y en la política?

A ver, ¿qué le rentan a España los 100.000 millones anuales que le cuesta mantener a la clase política? O sea, a las 445.000 personas que viven del erario público, sin haber hecho opsiciones. El sueldo base de un diputado es de casi tres mil euros al mes. Y si no vive en Madrid (la mayoría) una extra de 1.875 boniatos. Más si es presidente de comisión, otros casi 1.500 al mes. Para no marearles, un diputado raso, presidente de comisión, tiene una nómina de 87.500 euros aproximadamente al año, de los cuales, 26.000 no cotizan. Y los gallitos, los llamados portavoces de grupos parlamentarios, se sacan otro complemento de 2.740 euricos. ¿Y se queda ahí la cosa? Nooo… Viajes, tarjeta taxi (hasta 3.000 euretes al año), tickets de aparcamiento, dietas, iPad, iPhone, precios bajos en la cafetería…

Y sigo: ¿qué beneficio le reportan a España los 95.000 euros brutos anuales del ala que nos cuesta Pedro Sánchez? ¿Y los 195.000 del Presidente del Congreso? ¿Y los 177.000 del colega del Senado? Por no hablar de Iglesias, Casado, etc. Pero espérense, no corran. Y díganme si pueden, qué frutos nos dan los 42.000 contratados como cargos de confianza. Los 130.000 enchufados de libre designación, los 66.000 liberados sindicales y los 32.000 representantes de las diversas patronales.

Comunidades Autónomas, Diputaciones, Ayuntamientos (hay alcaldes que cobran más que el presi del Gobierno). Y si pudiéramos meternos en un berenjenal total, tendríamos que citar la interminable lista de Observatorios, Fundaciones, Mancomunidades, Oficinas diplomáticas, Consejos asesores, Embajadas, Agregadurías, Consorcios, Patronatos, Agencias de todo tipo, Defensores de esto y de aquello, etc., etc. Osease, otros 95.000 buches a los que mantener.

Repito la pregunta: ¿qué rendimientos, qué beneficios obtiene España a cambio de este gastazo? Porque miren ustedes, todo el mundo sabe que si un comercial de una empresa cobra mil, pero vende veinte mil, a contratarlo con los ojos cerrados. Pero la chusma ¿qué beneficios nos está reportando?

Se salvan algunos concejales de pueblos y pueblecicos que están ahí por el amor al arte. Pare usted de contar.

Yo se que un artículo con tantos números puede resultar aburrido. Pero hagámonos cargo de esto: casi todo lo que el país produce con su trabajo, lo debemos. La púa española –el dinero que nos han prestado- supera los 1.210.000 millones de euros (habiendo subido a primeros de este año más 10.000 millones). Es decir, y haciendo la media, cada español debía en el primer trimestre de 2019 la friolera de 25.573 euros. Añado un dato: la deuda pública en 1980 era de 15.987 millones. Ha subido más de un 7.500 %. Y durante un régimen anterior, de cuyo nombre no me acuerdo, apenas existía. Nadie se explica cómo se pagaron las costosas e innumerables infraestructuras que realizó dicho régimen de indefinible recuerdo… Los políticos son necesarios, pues alguien debe gestionar el patrimonio común y representarnos ante los demás países. Pero los mamones, derrochadores, vividores y corruptos no nos hacen falta para nada. Y es lo que hay.

En fin, compatriotas, hay que ir terminado. Digo que sálvese el que pueda, que los hay dignos de salvarse. Pero que nos quede claro que mantener a este nutridísimo enjambre de chupópteros, la mayoría de los cuales no valen pa ná, nos sale por un ojo de la cara, o mejor dicho, los dos, porque ni siquiera ganamos para mantenerlos. Pero tranquilos, que no pasa nada: lo pedimos prestado.

Y que siga la fiesta.

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