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Amordácenme a las masas

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Amordácenme a las masas

Antonio García

Me temo que este artículo no le va a gustar a casi nadie. Pero cuidadito con echarle la culpa al Faro de Hellín, periódico independiente y respetuoso con las opiniones de sus colaboradores, que por supuesto no tiene por qué compartir.

Les dije que no iba a escribir sobre la supuesta “pandemia” por lo menos hasta que este circo terminase, pero no aguanto más. Yo no soy el inventor de la verdad, pero prefiero equivocarme y ser libre a sumarme al rebaño dócil y anestesiado, renunciando al pensamiento, a la duda, a la búsqueda y a la libre expresión. Creo que, en general, poca gente se interesa por saber la verdad. La mayoría se sienten confortados con las mentiras establecidas, y su única preocupación es que esas mentiras sean reafirmadas a menudo. Habría de ser cierto lo que me dictan, y no me conformo si no lo contrasto personalmente con otras fuentes de información. Una cosa es obedecer por civismo o por cojones, y otra chuparse el dedo.

Necesito decírselo a ustedes: cada vez que salgo a la calle y veo a todo el mundo con la mascarilla puesta, la mayoría solos, otros conduciendo sin compañía… tengo la sensación de que han amordazado al pueblo. Todos con el bozal. La cosa es tal, que hasta me percato de las miradas que me dedican algunas personas por no llevarla puesta. Porque no la uso ni la he usado desde que empezó la epidemia. Ni la usaré. Bueno, no es del todo así, llevo una en el bolsillo para ponérmela si he de entrar a un lugar cerrado donde la exijan. La gente ni se ha percatado de lo que dice el Decreto, que más o menos es esto: … en la calle solo es obligatoria siempre y cuando no sea posible guardar la distancia de seguridad. Pues nada, a piñón fijo aunque vayan más solos que la una y la calle esté vacía. ¿Pero digo todo esto porque soy el más listo de la clase? Nooo. No les suelo contar nada si previamente no estoy bien documentado. Aparte de que no inventé la pólvora. Pero mucho más fácil que hacer explosivos es consultar en Internet. Afortunadamente, y mientras que la censura –que ya la hay- no sea total, se pueden encontrar muchísimos vídeos con exposiciones, conferencias, entrevistas, etc., de profesionales de reconocido prestigio nacional e internacional, con su nombre y apellidos que, valientemente –y sin miedo al sistema y a lo políticamente correcto- nos cuentan las cosas “de otra manera” desde su conocimiento y larga experiencia: médicos, virólogos, inmunólogos, biólogos moleculares, etc. Aunque he de decirles que españoles aún no he pillado ni uno. Las cosas en España no están para bromas: si alguno saca las patitas del tiesto puede ser despedido, fulminado. Y si se pone en sus trece, desprestigiado y perseguido. Nos sobran ejemplos en esta engañosa y putrefacta democracia que tenemos.

Volviendo a la mascarilla-mordaza, estas son las conclusiones que saco de lo dicho por los científicos: Impiden respirar correctamente. Dado que al exhalar el aire de nuestros pulmones despedimos dióxido de carbono (anhídrido carbónico), la mascarilla lo que hace es retenerlo, dificultar su difusión en la atmósfera y, como consecuencia, nos lo volvemos a tragar. Lo respiramos de nuevo. Es decir, respiramos los deshechos que exhalamos, al menos en una proporción importante, que será mayor cuanto más hermética sea la mordaza. Esto quiere decir que estamos dificultando la propia oxigenación pulmonar y por tanto la de la sangre, lo que se llama “hipercapnia”. Además de ello, el vaho que exhalamos humedece la tela del bozal, lo que es ideal para cuantos virus, bacterias, hongos, etc. pululan por la atmósfera, más los propios que expulsamos nosotros mismos. Si a eso añadimos que produce sensación de asfixia y falta de libertad física y psicológica, el cuadro es lastimoso. Una vez que tuve que llevarla en una gran superficie comercial, el agobio que me producía no se lo deseo a nadie. Cada dos por tres me la tenía que retirar de la boca para airear y respirar hondamente. Pero bueno, yo es que soy muy exagerado para mis cosas.

Pues si es así para todo el mundo, ahora imagínense a las personas mayores con otras dolencias, muchas de ellas graves, impidiendo o dificultando oxigenar su sangre debidamente. La “acidosis respiratoria” es uno de los trastornos del equilibrio ácido-base producido por la falta de ventilación, lo que provoca una creciente concentración de dióxido de carbono (CO2) en el plasma sanguíneo y la disminución del pH en la sangre. ¿Y saben lo que dicen los especialistas? Pues que al cáncer le encanta ese ambiente.

Dicho esto, me apetece hacerles partícipes de algunas consideraciones –curiosidades-productos de la propia experiencia visual. Las terrazas de los bares se han puesto en marcha. Varias personas van andando juntas por la acera con su mascarilla cada uno. Son amigos o familiares. Se sientan todos en torno a una mesa de la terraza y se quitan la mascarilla. ¿Está bien o mal? No lo sé. Aquí se produce un vacío legal, dado que el Gobierno no ha dictado un Decreto sobre cómo tomarse el aperitivo y la cervecita con la mascarilla puesta.

Por otro lado algunos nos hacemos las siguientes preguntas: si la distancia de seguridad es eso, de seguridad, ¿para qué pijo queremos la mascarilla? Si la mascarilla nos protege, ¿para qué puñetas necesitamos guardar la distancia de seguridad? Vale, es una elucubración tonta, no me hagan caso.

El parque de mi ciudad, que es extenso, precioso y densamente arbolado es, como toda masa arbórea una excelente fábrica de eso tan necesario, vital, imprescindible y sano que llamamos oxígeno. Está cerrado. Me lo expliquen.

Lo cachondo es que recientemente, esa cueva de facinerosos a la que llamamos Organización Mundial de la Salud, la OMS, ya duda de que sean necesarias las mascarillas para la población en general.

Y termino, este virus no pulula por el aire. De ser así, no podríamos ni abrir las ventanas para ventilar la casa. Se nos colaría sin permiso. Y además, de ser así, dado que usted y yo respiramos aire, no sé de qué cojones nos iba a servir la mascarilla.

Perdonen si les he molestado, y que ustedes se embocen bien. Seguiremos en otra ocasión.

P.D.: Y mientras tanto, el Gobierno acaba de aprobar 100.000.000 de euros (¡Cien millones!) destinados a financiar los chiringuitos feministas.

En el 2003 se descubre el Coronavirus. Diecisiete años sin vacuna. ¿Ahora sí?

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