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ACOSO ESCOLAR (Primera Parte)

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ACOSO ESCOLAR (Primera Parte)

Conchi Catalán

El acoso escolar, también conocido como “bullying”, es un problema desgraciadamente frecuente que está afectando a niños y adolescentes de todos los países y entornos sociales.

Lo cierto es que no es algo nuevo, ha existido siempre. Si echamos la vista atrás, los adultos de hoy también recordaremos situaciones de acoso en nuestros colegios o institutos, lo que ocurre es que hasta hace pocos años este problema simplemente se ignoraba, o mejor dicho, no se consideraba un problema puesto que las agresiones que surgían entre alumnos eran “cosas de críos” a las cuales no se debía prestar demasiada atención e incluso se pensaba que era mejor dejarles que resolvieran sus conflictos entre ellos y así “aprendían a defenderse”.

Si seguimos mirando por el retrovisor hacia nuestras historias colegiales, quién no recuerda cantidad de juegos violentos en el patio o burlas, risas, motes o frases tan “graciosas” como demoledoras para quien lo sufría… y qué decir de las famosas “novatadas” a veces crueles y humillantes que los “mayores” hacían a los nuevos para reírse y pasar un buen rato a su costa. Así pues, en este ambiente, totalmente normalizado dentro del sistema, había muchos niños que lo pasaban realmente mal, especialmente si se trataba de chicos tímidos, poco agresivos o diferentes en algún aspecto, pero lo tremendo es que en muchos casos, los mismos maestros humillaban con sus ironías, se burlaban o castigaban físicamente con la famosa “palmeta” a los niños, sirviendo de poderoso refuerzo a estas “crueldades infantiles”.

Eran otros tiempos, pero hoy, hablando con adultos que vivieron experiencias de este tipo en la escuela, todavía recuerdan aquella época con verdadero horror.

A partir de los años 70, el psicólogo sueco Dan Olweus empezó a interesarse y a estudiar el tema en profundidad a raíz de que en Noruega sucedieron algunos suicidios de adolescentes, que después de ser investigados se descubrió que “habían sido víctimas de agresiones físicas y emocionales por parte de sus compañeros de escuela”. Olweus impulsó el estudio y la concienciación del problema a nivel mundial dándolo a conocer con el nombre de “Bullying”.

Hoy en día, el Bullying, es un problema social que está minando la salud escolar desde el punto de vista psicológico, físico y mental. De ahí, la necesidad de conocerlo y prevenirlo.

Para empezar, habría que preguntarse ¿Por qué ocurre? ¿Qué hay detrás de esa agresividad? ¿Cómo podemos evitarlo?

Tres cuestiones importantes ante una realidad que como sociedad, como padres y como educadores no nos puede dejar indiferentes, sobre todo, cuando las estadísticas nos dicen que en España 1 de cada 5 niños escolarizados ha sufrido o sufre acoso escolar.

Pero, ¿Por qué esta violencia en las escuelas?.

La escuela es el reflejo de la sociedad en que vivimos. Solo tenemos que poner la radio o la televisión o mirar a nuestro alrededor, para ver que la violencia social forma parte de la vida cotidiana (violencia de género, verbal, sexual, en el deporte, en el seno familiar, exclusión del diferente, disturbios callejeros, corrupción…) Todo esto, sin duda, hace que se vaya normalizando una violencia individual como expresión personal y que, por supuesto, queda patente también en nuestras escuelas y nos reafirma en la idea de que “los niños no nacen siendo agresivos, sino que aprenden a serlo”. Muchas veces el lenguaje habitual entre los niños y adolescentes está plagado de “palabrotas”, insultos, descalificaciones que, seguro que no tienen un sentido hiriente, simplemente lo hemos normalizado. Para ellos “es lo normal hablar así”.

Por otra parte, muchos de los programas de televisión, películas, videos… etc están transmitiendo una carga de violencia enorme y ofreciendo unos modelos completamente negativos para los chicos, que son un público muy asiduo a estos medios y que lo único que aprenden es a reforzar e imitar los comportamientos y las actitudes que allí se muestran.

Visto lo visto, nos encontramos con que cuando los niños van a la escuela cada día, además de los libros, en sus mochilas llevan también retazos de todo ese estrés, esa violencia aprendida, normalizada y en muchos casos vivida y que puede ser activada en cualquier momento contra los propios compañeros.

Por eso, cuando en la escuela ocurre acoso escolar o bullying, es un problema muy delicado. En primer lugar, porque genera-entre otras cosas- mucho dolor, miedo, inseguridad, frustración dentro de un entorno que debería ser seguro y en segundo lugar- y no menos importante- que los protagonistas SON NIÑOS y precisamente por ello, es necesario no criminalizar ni culpabilizar, sino tratar de escuchar antes de juzgar, porque detrás de cada uno de los chicos que protagonizan un acoso en la escuela hay un montón de factores que están determinando que alguien, que solo es un niño, pueda llegar a tener estos comportamientos.

Según los expertos, el perfil de los acosadores “suele coincidir con una personalidad manipuladora, prepotente, con afán de poder y de protagonismo”. “El agresor no solo es incapaz de ponerse en la situación del otro, sino que disfruta de ese daño y le hace situarse en una posición de liderazgo”. Generalmente son chicos con una baja autoestima y por tanto necesitan dominar, sobresalir de alguna manera. Si nos vamos a su entorno familiar, podemos encontrar padres excesivamente rígidos, autoritarios y agresivos o demasiado condescendientes que propician una falta de normas o de límites.

Por el otro lado, los niños acosados, habitualmente son chicos excesivamente protegidos por los padres, que pueden tener algún tipo de discapacidad física o psíquica que los hace más vulnerables, niños tímidos e introvertidos a los que les resulta difícil expresar lo que les ocurre. A estos chicos les cuesta mucho defenderse y desenvolverse por sí mismos, por eso es característico del Bullying que haya un desequilibrio de fuerzas: el acosador superior y dominante y el acosado sumiso y desprotegido.

Un papel fundamental entre los “actores” del acoso escolar son los alumnos “espectadores ”, compañeros de clase o de colegio que observan las agresiones y las encubren con su silencio y en muchas ocasiones aplauden y animan al acosador legitimando y reforzando así su comportamiento .Por el contrario, a veces, son capaces de actuar, denunciando y contando a padres y profesores lo que está ocurriendo y poniéndose del lado de la víctima. Esta actitud, sin lugar a dudas, es la que puede frenar en seco el bullying y sería de una ayuda extraordinaria, pero no es lo habitual, sino que es muy difícil contar con la colaboración de estos chicos, pues tienen miedo a posibles represalias o a que se les tache de “chivatos”, “no quieren líos” y también porque en estas edades el ser aceptado por el grupo es vital y prefieren estar del lado del “fuerte”. En ocasiones, también son los padres quienes les aconsejan “No te metas en líos”, “No es asunto tuyo”…

Las consecuencias de bullying y cómo actuar en la escuela para evitarlo, son materia para otro artículo, pero no quiero finalizar el presente sin mencionar el Ciberbullying como una consecuencia del auge de las redes sociales e internet y la facilidad y autonomía con que los chicos acceden a un mundo muy difícil de controlar y en la mayoría de los casos sin la vigilancia de sus padres. Acosar, difamar, humillar de forma virtual ofrece mayor radio de acción y anonimato por lo cual es muy peligroso y tan dañino como el que se desarrolla físicamente en la escuela.

En definitiva, estamos ante un problema que afecta gravemente a los niños y niñas que lo sufren y a sus familias. El acoso mina su autoestima, su salud, su rendimiento académico y, en general, su derecho a crecer felices y sin miedo.

“Proteger a la infancia del acoso escolar es una obligación para las autoridades, para el sistema educativo y para las familias. En estos momentos, el Gobierno y las Comunidades Autónomas están fallando a la hora de proteger a estos niños y niñas, y esto constituye una violación de derechos humanos. El nuevo gobierno debe situar la lucha contra este problema en una parte central de su política educativa”.(Amnistía Internacional – España)

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