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A río revuelto, ganancia de pescadores

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A río revuelto, ganancia de pescadores

Antonio García

Abro Facebook y me encuentro con la publicación de un artículo del jesuita José María Rodríguez Olaizola, subido a la red social por un amigo. Habla de la homofobia, palabra que significa “aversión hacia la homosexualidad o las personas homosexuales”. Entre otras cosas dice que <<Es triste que en muchos países de nuestro mundo las personas sean perseguidas por su orientación sexual, en ocasiones castigadas por la ley>>. Es cierto, es muy triste, porque en esos países se llega al encarcelamiento e incluso a condenarlos a muerte. Lo que no dice es que todos esos países son del área musulmana. Es decir, “otro mundo” dentro del Mundo. Se le habrá pasado por alto sin querer. Y en otros, estos sí de “nuestro mundo”, se les somete a <<ignorancia, burla, rechazo e incomprensión>>. Reconoce además, con toda justeza, que << han cambiado algunas cosas, y cada vez son más las voces que hablan con respeto, con ternura, y con valentía, frente a discursos que parecen anclados en otra sociedad y otra época>>.

Cierro el artículo, hago algunos comentarios y me quedo pensando. Porque me viene a la cabeza que el pasado martes se celebró el día internacional contra la homofobia.

Quizás los lectores recuerden que ya escribí dando mi opinión sobre este tema del mundo LGTB, que como saben significa Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales. Está muy bien y me sumo al alegato del P. Rodríguez Olaizola. Pero por si acaso, a modo de advertencia, comentaré algunas cosas.

Lo primero es que parece que nos estamos liando. Y que por este camino no vamos a ninguna parte. Creo que muchos opinadores y escribidores bienintencionados aún no se han enterado, con su exuberante bonhomía, de la tremenda manipulación a que se está sometiendo la pretendida campaña de respeto al “diferente”. Y que ignoran, cándidamente, desde dónde y por qué se creó e impulsó este nuevo estado de opinión favorable, liberador e integrador del homosexual. Pero antes de seguir creo necesario aclarar las cosas, por si las moscas. Soy un absoluto y decidido defensor del respeto a todo ser humano, tenga la tendencia que tenga. Y creo en la dignidad de la que es portador, por el solo hecho de ser criatura de Dios. ¿Y saben por qué? Porque es mi educación. Porque ser así forma parte de mis valores como persona y como cristiano, sin necesidad de “días internacionales de nada”, y sin que nadie me quiera comer el coco a estas alturas. Y se que se les ha hecho sufrir mucho, mucho e injustamente a todas aquellas personas que se sienten homosexuales. Digo más, creo sinceramente, como hombre de fe, que la Iglesia debe ser acogedora con todo aquel que se acerca a ella de buena voluntad. Debe ser, y lo es.

Pero aclaremos una cosa. El peligro que hoy existe, la trampa en que muchos podemos caer, es creer que el Gobierno, todos los gobiernos que se unen a la mascarada, promueven esta feria liberadora por sentido de la justicia y humanismo de pata negra. En realidad, a los gobiernos occidentales les importan un pijo los y las homosexuales, exactamente lo mismo que la “liberación” de la mujer, en manos de la ya conocida ideología de género. O, sin ir más lejos, que usted y que yo.

En justicia, la comprensión, el respeto y la tolerancia deben ser asuntos a abordar desde las familias y desde la escuela primaria, y no desde los programas políticos. Y sin distinciones ni discriminaciones de último cuño.

El peligro es que las buenas voluntades no se den cuenta de la intención solapada tras la apariencia de justicia, que llevan los promotores de la cosa. Ya se que no todos los homosexuales (la mayoría) profesan militancias al uso, pero, ¿quién está armando el follón? Los lobby feministas y gays. ¿Quién está presionando y manipulando a los gobiernos para la adopción de leyes favorecedoras de su condición, por cierto, discriminatorias? Los lobby feministas y gays. ¿Y por qué?

El matrimonio entre homosexuales: un contrasentido. El derecho a la adopción de niños por parte de parejas homosexuales: una aberración. La prioridad a la hora de optar a un puesto funcionarial: una flagrante injusticia. El apoyo gubernamental y subvencionado a las payasadas del “día del orgullo gay”: una tomadura de pelo. La

Ley mordaza, que no nos permite opinar públicamente sobre la homosexualidad, coartando nuestra libertad de expresión… Perversos planes educativos, promotores de la promiscuidad sexual… Y así podríamos seguir.

Repito, consideración y respeto como a CUALQUIER CIUDADANO. Acogida al que busque y lo necesite, evidentemente. ¿Qué es denunciable insultarles? Exactamente igual que si nos insultan a usted y a mí. Lo demás, amigos míos, es sucia progresía de todo a cien, no querer bajar a la realidad, a la sustancia constitutiva del ser social y a lo más profundo de la baja educación del pueblo.

Y sin embargo, el páter en su artículo, obvia aleccionarnos y prepararnos para luchar contra la manipulación y lo “políticamente correcto”. Y se suele obviar que estos movimientos LGTB y feministas, solo buscan subvertir el orden tradicional de la sociedad y la familia y destruirlas por completo. Como tantas veces les he dicho, son utilizados, promocionados y económicamente mantenidos desde oscuras instancias.

Seamos justos, equitativos, respetuosos y hasta misericordiosos con todo el mundo.

O sea, sí, pero sin chuparnos el dedo.

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