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10 minutos y un cigarrillo

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10 minutos y un cigarrillo

José María Casadevall

Camino despacio, pero con la prisa de quien busca, sin encontrar. Mis pies ya cansados pisan lenta pero firmemente el suelo mojado por la lluvia primaveral, que se evapora lentamente para quedar atrapada en las hojas de los árboles y en los tejados de las casas, y así refrescar un poco el aire.

Me paro tranquilamente delante de un escaparate de instrumentos musicales. La fachada de madera, su rústico letrero, y una nota pegada en el cristal que dice, ” SE EMPEÑAN INSTRUMENTOS “, le dan un aire de pieza de valor, de recuerdos dormidos y de sueños frustrados. ¡Cuántos aprendices de músico se han despedido de su instrumento, de sus sueños de grandeza! -como yo, que desde muy pequeño he sentido la necesidad de poseer una guitarra. ¡Cuántas veces en mis sueños me veo eligiendo un modelo único y lo acaricio contento de saber que es mío! Sí ya sé que soy incapaz de sacar ni una nota de esa guitarra, pero soñar es gratis. ¡Cuántas veces no habremos pensado en ” MARYLIN “, o en el actor de nuestros sueños, sabiendo de antemano que jamás ni siquiera llegaremos a conocerlo! Pero así es la vida, entre la realidad y la fantasía solo hay una ligera tela de araña.

Ese atardecer húmedo hace que sea más sensible a los olores y a los sonidos. Mi mirada semiperdida en el horizonte, azulado rojizo del atardecer. Al fondo del callejón veo una puerta que se entreabre, quizás para dejar escapar el humo de su interior. Pero lo que yo siento es una melodía tímida que se va pegando al húmedo suelo, caminando o mejor diría, arrastrándose sigilosamente- son unas notas penetrantes de un viejo acordeón. Y digo viejo porque su música es triste y sabia, sus acordes alegres son comedidos intentando acallar la felicidad con la cual fueron creadas por su autor; las manos que acarician ese instrumento deben ser ya mayores. Lo creo porque, tiemblan los ” MI ” sostenidos, mi impulso de entrar y saborear a fondo esa música, se ve frenada por un simple, pero acertado pensamiento.

La magia de ese callejón, esa música que alfombra el húmedo suelo y esa extraña sensación que se apodera de mi cuerpo, llenando de sueños y de ideas, quizás se rompería por una realidad diferente. “10 MINUTOS Y UN CIGARRILLO “, es el tiempo que permanezco absorbiendo ese instante de tiempo, intemporal. Sigo mi camino, esta vez lleno y feliz, mis pies caminan deprisa, con la calma de sentir en mi interior, la sensación de haber encontrado lo que desde hace mucho tiempo buscaba equivocadamente. Pero el sabio destino te coloca en el sitio inesperado, pero que te vuelve al camino marcado en tu existencia. Cuando no se busca nada en concreto, a veces se encuentra la verdad de uno mismo. en mi caso apareció de nuevo la inspiración y la filosofía que va con mi forma de ser, y de pensar. Esa música que, día a día, canturrea en mi interior me hace ver una forma diferente de fotografiar, ya no es imagen lo que busco, sino mas bien transmitir ese ambiente y esas luces, que un día descubrí, con la melodía de un viejo pero sabio acordeón.

La vida es como un teatro, jamás tendriamos que mirar que hay tras el decorado.

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