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Las Reinas Magas, o la exaltación de la estupidez

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Las Reinas Magas, o la exaltación de la estupidez

Por Antonio García

Unos dicen que por la igualdad, otros que por la “paridad”, los feministas que para visibilizar a la mujer, y los hay que no dicen nada, pero les chorrea bobaliconamente la barbilla, riéndose de gusto tontorrón. La cuestión es que en Madrid y Valencia tendrán este año también cabalgata de Reinas Magas. Impedirlo no puedo, como ustedes supondrán, y tampoco lo haría, pero creo tener derecho a “despacharme” a gusto, si ello no se considera figura delictiva en las progresistas leyes mordaza.

Lo primero que despierta mi atención, en éste y otros eventos de semejante ralea progre, es la poca imaginación de ésta súper izquierda pobre y desnortada. Tienen un ingenio, una agudeza y una creatividad al mismo nivel del suelo que pisan. Y es que… ¡siento mucho insistir!, son maestros en dar la nota.

¿Se han fijado lo bien que se les da inventar ceremonias laicas, copiando los ritos y celebraciones cristianas? ¡Leches!, ¿por qué no saben idear nada original, que no sea una copia degradada y barata de lo existente? Deberían estar en chirona por saltarse a la torera los derechos de autor, fusilando descaradamente lo inventado por otros. Que si bautizos laicos, que si primeras comuniones laicas, procesiones laicas de Semana Santa… Y ahora lo de las reinas magas. A ver, adivinen de qué tradición religiosa y cultural se están valiendo…

Señoras y señores, les presentamos la cabalgata de “reinas magas republicanas”. ¡Toma ya! Eso sí, en vez de llamarse Melchora, Gaspara y Baltasara se llaman Libertad, Igualdad, Fraternidad. Pero ahí se queda, porque nadie sabe de dónde vienen, ni por qué ni qué representan. Es decir, una bazofia sin sentido, sin historia, sin misterio y sin mensaje. Y sin encanto. Porque inventarse un origen, como hacen los catalanes para su “patria independiente”, requiere publicistas con mucha imaginación, y hasta ahí hemos llegado. La cosa se queda en tres señoras disfrazadas de Reyes Magos –con estilo femenino- que terminarán haciéndose las fotos de rigor en el balcón del respectivo Ayuntamiento. Ni siquiera vendrán en camellas. O en carrozas tiradas por tractoras agrícolas Jhon Deere –que es nombre de macho-.

La señora o señorita Nina Infante –que no tengo el gusto-, vicepresidente del Forum de Política Feminista de Castilla y León lo ha ilustrado de maravilla: <<los ataques que los últimos días han copado el espacio mediático, son una seña de discriminación y ataque a la igualdad de las mujeres, al feminismo. Siempre que se intenta desempeñar un trabajo en pro de la paridad hay una respuesta condenatoria. Al fin y al cabo es un gesto para visibilizar y crear referentes>>.

¿Discriminación, igualdad, feminismo, paridad, ¡referentes!? Oiga, señora, ¿usted no se ha equivocado de fechas y de feria? ¿Son ustedes payasos extraviados del circo donde actuaban? A sus años, ¿no saben ustedes lo que se celebra estos días? Pues yo se lo explicaré. Verá, estamos en tiempo litúrgico de Epifanía, que significa “manifestación, aparición o revelación”. ¿Sabe usted de quién? Tranquila, yo se lo diré: del Niño Dios, del mismísimo Hijo de Dios hecho hombre en Jesucristo. Ya…, ya veo que esto no les cabe a ustedes en la cabeza. Y seguro que hay más cosas que no sabe. Es cierto que la Iglesia Católica celebra el 6 de Enero en conmemoración de la adoración de los Reyes Magos. Y como éstos le llevaron presentes al Niño, nació la bonita costumbre de hacerles regalos a los peques en la madrugada de ese día.

Y por supuesto, ignoran ustedes, señoras y señores progresistas-feministas de tres al cuarto, el significado de toda esta historia. Porque tiene un significado, ¿saben? Y como me ha pillado de buenas, también se lo voy a explicar. Los magos, que fueron “tres HOMBRES”, que no eran reyes sino estudiosos y sabios, estaban, como tales, entregados a la búsqueda de la verdad. Y por eso vieron la estrella que les guió hasta la Verdad, a Dios. Para adorarle y ofrecerle presentes de un tremendo valor simbólico: oro, incienso y mirra. El oro representando su naturaleza real, como presente ofrecido a los reyes. El incienso en alusión a su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios. Y mirra, un compuesto perfumado con que se untaba a los hombres escogidos, ya que adoraron a Jesús como Hombre entre los hombres.

Y añado más: pienso que nosotros mismos, los cristianos, a menudo perdemos de vista que el verdadero protagonista de esta historia no son los Magos, aunque celebremos su adoración. Es Dios mismo, en Cristo Jesús, que se “manifestó, apareció y reveló” a los hombres: Epifanía. Los Magos lo presintieron y corrieron a su búsqueda. Ése fue su valor y grandeza. Cosa esta que no cabe en la mente y el corazón de sus ilustrísimas.

Pero a mi no me la dan, cacho abantos. Sin saber nada de todo esto, ustedes solo buscan, en su lamentable y podrida mala fe, acabar con la presencia cristiana y cambiarla por su adorado laicismo, por una especie de seudo religión que sacrifica al individuo frente a la masa aborregada. Para empezar, sus alcaldes y “alcaldas” se están empeñando en celebrar, no la Navidad, sino el solsticio de invierno. ¿Por qué? ¿Por qué no celebran también el del verano? ¿Y por qué no celebran los equinoccios de Marzo y Septiembre? Porque hay dos de cada, ¿lo sabían? Pues yo lo aclararé: por joder. Que es lo que saben hacer a las mil maravillas, ya que están vacíos de contenido alguno que merezca la pena, o posea la mínima grandeza y trascendencia.

Si no les gustan las tradiciones cristianas, pues respétenlas y no las celebren. Pero vayan a mofarse y a darle por saco a la madre que les parió. ¡Payasos!

 

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