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Las garrapatas sociales. Se agrava la epidemia

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Las garrapatas sociales. Se agrava la epidemia


Antonio García

-Por su interés y actualidad me ha parecido interesante reproducir este artículo que escribí y fue publicado en Julio de 2012. La situación no solo no ha cambiado, sino que, a juicio de este humilde analista, se ha agravado. De manera que recomiendo intensificar la alerta-.

Garrapata social: ácaro, pariente lejano de las arañas, con manos y pies terminados en uñas o garras mediante las cuales se agarra al ciudadano y le chupa la sangre. A diferencia de cualquier ácaro común, que tiene ocho patas, la garrapata social tiene solo cuatro, pero muy dañinas. Una vez que se adhiere al ciudadano en cualquier parte de su fisonomía social, económica o personal, le clava profundamente sus dientes, especialmente dotados para ello, y le chupa la sangre, el seso, la cartera, el patrimonio y hasta una gran parte de su sueldo o pensión, con lo que, aunque al principio parece inofensiva y se cuela entre la gente, poco a poco engorda y engorda hasta coger un escandaloso lustre, imposible de pasar desapercibida. Suelen atacar varias a la vez, y sus efectos ponen en serio peligro la salud del colectivo civil. Y lo que es peor, se multiplican con asombrosa facilidad.

Transmiten enfermedades muy peligrosas y enormemente molestas, llegando al punto, en ciertos casos, de producir la muerte. Los síntomas son variados y fáciles de detectar, pero no está de más que hagamos un breve resumen. El contacto de sus garras y dientes y su acción succionadora pueden producir: dolor de cabeza, mareos, fiebre, falta de apetito, mala leche, insomnio, depresión, aparición de almorranas, escurrimiento de cuenta corriente, alarmante disminución de bienes inmuebles, indefensión judicial, dificultad en respirar y terribles inconvenientes para emprender cualquier aventura empresarial o conseguir un crédito bancario. Se dan casos, cada día más frecuentes, de inanición. Aunque, afortunadamente, la mayoría de éstos últimos son tratados en centros de beneficencia, y llegan a salvar la vida.

La garrapata común está extendida por todo el mundo, pero existe una variedad especialmente dañina, que es la garrapata ibérica, y muy especialmente la variedad Garrapatus Hispanensis, también denominada Acárido Políticomorfo. Ésta variedad, la típicamente española, es versátil y sumamente adaptable, acoplándose perfectamente a cualquier clima: continental, mediterráneo, húmedo o extremadamente seco, por lo que se encuentra profusamente repartida por todo el territorio nacional. Los estudiosos de esta epidemia nacional, bio-politólogos especialistas, han censado unas 450.000 en nuestro país, cantidad muy superior a la media de cualquier país del mundo civilizado, o sin civilizar, lo que supone una verdadera plaga. Y además son extraordinariamente voraces, necesitan muchísima sangre ajena para vivir, por eso chupan tanto.

Ésta epidemia es casi imposible de erradicar, por su proverbial resistencia a desprenderse del ciudadano –contribuyentes o de clases pasivas-, una vez que han hecho presa en él. De hecho, los laboratorios europeos más acreditados, que investigan sobre la materia no consiguen, a pesar de sus esfuerzos, encontrar el insecticida adecuado. Las pruebas realizadas en la Garrapatus Hispanensis han resultado un total fracaso. No se desprenden ni a tiros. Tanto chupan y engordan tanto que, no cabiendo lo succionado del cuerpo del ciudadano en el suyo propio, han de hacerse con extensas fincas rústicas, amplísimos apartamentos, enormes naves industriales, hipódromos, tremendas cajas de seguridad en los bancos -nacionales y extranjeros-, etc., donde poder ir depositando la sangre que nos sacan. Y el inmenso problema con que nos encontramos es que se han hecho inmunes a cualquier tratamiento. Se ha probado con lo último de lo último descubierto por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas tras largos años de investigación. Es decir, se les ha inyectado altas dosis de moral-ético-micina como para matar a un caballo, pero ni por esas. El resultado ha sido contrario al esperado: se han hecho resistentes, llegando a provocar en el contribuyente hasta disfunción eréctil y frigidez.

En la actualidad, los esfuerzos científicos van por el camino de encontrar una vacuna. Para ello, están analizando la sangre de los banqueros y algunas otras variedades de

sinvergüenzas y facinerosos, de la familia Corruptus Hispanie, al parecer inmunes a las bacterias y enfermedades transmitidas por las garrapatas, pero la investigación es incipiente y de momento está paralizada. Por política de recortes, al Consejo Superior de Investigaciones Científicas solo le han dejado presupuesto para mantener las máquinas de café y los dispensadores de agua. Pero según dicen esto es coyuntural, y para el 2075 habrá presupuesto.

Así que, si por un casual, querido lector, se encuentra una por la calle, más le vale pasar desapercibido y, aún así, me extrañaría que se librase. Y no le vale salir de su casa disfrazado de mileurista, o incluso de pensionista. A la maligna Garrapatus Hispanensis eso no le afecta. Son muy versátiles e incluso carroñeras. Pero hay más. Por su especial morfología, en las Comunidades Autónomas y Diputaciones encuentran un hábitat ideal para su desarrollo, que las hace multiplicarse sin medida y conseguir su máximo engorde. ¡Y ojo con esto! Recientemente se ha descubierto que corroe fatalmente la libertad de expresión, anulando nuestro sistema inmunológico contra los ataques ideológicos modernos. Existe una variedad peligrosísima que últimamente se encuentra en expansión y que empieza carcomiendo el cerebro desde edades tempranas. Su hábitat favorito son los colegios, donde han comenzado a proliferar, contagiando especialmente las identidades infantiles.

De manera que quedan pocos caminos: esperar pacientemente a que se descubra un tratamiento eficaz, o hacer las maletas y emigrar. Y me duele decirlo, pero es mi deber: lo único que puede inmunizarle, amigo lector, porque es la única vacuna existente, es hacerse una de ellas, bajo las siglas de algún partido o lobby moderno, y conseguir un puesto político en cualquier institución. O un cargo en alguna ONG libertaria.

Pero allá usted con su conciencia.

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