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Desarrollan un método para generar las células que ‘crean’ y reparan órganos

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Desarrollan un método para generar las células que ‘crean’ y reparan órganos

Importante avance del equipo de investigación que dirige Juan Carlos Izpisúa Belmonte en el Instituto de Estudios Biológicos Salk de La Jolla (California)

El diario madrileño EL MUNDO publica en sus páginas de investigación un interesante reportaje, firmado por Rocio R García-Abadillo, basado en unas declaraciones del investigador hellinero, Juan Carlos Izpisúa Belmonte, profesor del Laboratorio de Expresión Genética del Instituto de Estudios Biológicos Salk de La Jolla (California) y que pública la revista norteamericana Cell Stem Cell titulado “El inicio para crear órganos o para reparar los que no funcionan”.

Este es el texto integro:
“El día en que accionemos un botón y una máquina genere un órgano, si es que llega, está muy lejos. Pero en el largo camino de la medicina regenerativa se acaba de hacer un nuevo e importante avance: han desarrollado un método para crear nuevas células progenitoras -las que se encargan de renovar las células que vamos perdiendo- indefinidamente, por el momento, en riñón. ¿Qué significa esto? “Tener un número ilimitado de estas células podría ser un punto de partida para hacer crecer órganos funcionales en el laboratorio, así como una forma de empezar a aplicar la terapia celular a riñones cuya función está disminuida”.

El hallazgo podría calificarse de “la clave de la eterna juventud”, al menos en células de riñón humano, concretamente nefronas. “Las células progenitoras son las que renuevan las que cada día mueren (la piel, los glóbulos rojos…) y en cada parte del cuerpo tenemos nichos de estas células. Una teoría sólida del envejecimiento es que hay alteraciones en esas células o muere ese depósito. Si se tienen nuevas células progenitoras indefinidas podría hablarse efectivamente de ese término”, explica Izpisúa a EL MUNDO.

El quid es que las células progenitoras de nefronas sólo existen en la etapa de desarrollo embrionario. Los adultos no tienen esas células para hacer crecer nuevo tejido renal tras una enfermedad o daño. Poder generarlas en laboratorio permitirá estudiar el desarrollo del riñón, tratar a largo plazo enfermedades renales y recuperar la función de riñones dañados.

El equipo de Izpisúa trabajó primero con células aisladas de embriones de ratón, para pasar luego a obtener células progenitoras renales humanas. La diferencia con estudios anteriores que habían fracasado es que en vez de usar placa Petri (bidimensional), las cultivaron en 3D y usaron una nueva mezcla de moléculas de señalización, lo que las mantenía vivas y permitía dividirlas indefinidamente.

“Las células obtenidas en placa Petri no son funcionales porque es obvio que durante el desarrollo embrionario las células no crecen en una estructura bidimensional, necesitan una estructura espacial para ser funcionales. Los dos-tres últimos años hemos colaborado con ingenieros para unir ambas áreas y construir o imitar de la mejor manera en laboratorio el espacio tridimensional. Hemos proveído de un entorno a las células que les dé sensación de tridimensionalidad para que se multipliquen, hemos imitado lo que se produce en el embrión y no en la placa Petri”, aclara el investigador español.

En colaboración con el Hospital Clinic de Barcelona se están empezando a desarrollar los primeros protocolos preclínicos para que sea funcional lo generado en el laboratorio en el entorno clínico, es decir, en su aplicación real. Así de encarriladas las cosas, ¿tendremos pronto un riñón completo? Izpisúa comenta que el riñón es uno de los órganos más complejos. “Tiene más de 27 tipos celulares y ensamblarlos todos es muy complejo. Pero originalmente el riñón tiene sólo tres tipos y eso es más fácil”.

Se refiere Izpisúa a los primordios uretéricos, las yemas mesonéfricas y el endotelio o entramado de vasos y, desde que hace tres años crearan un pequeño minirriñón, en el que lograron uno de esos tres tejidos, han estado trabajando en esa línea y asegura que se encuentran muy avanzados. “Es un abordaje en paralelo, por un lado eso, crear el riñón, y por otro lo que publicamos ahora en Cell Stem Cell, la creación de células progenitoras que sirven para recuperar la función de riñones dañados, siempre que sea por las nefronas, que es la mayoría de los casos en los que no funciona un riñón”, recalca.

También en cartílago
¿Se podría extrapolar este avance a otros órganos? “Cada órgano tiene sus particularidades”, subraya Izpisúa, que añade que se ha utilizado el mismo abordaje para obtener cartílago por dos motivos. “Por un lado, la prevalencia: conforme envejecemos no todos tendremos problemas de riñón, pero sí musculoesqueléticos. Por otro, es uno de los tejidos más simples desde el punto de vista tridimensional y en cuanto al número de células. Además, el riesgo de rechazo es mucho menor. No se han trasplantado nefronas, pero sí se han trasplantado cartílagos, se sabe cómo hacerlo, y eso es una ventaja”, comenta Izpisúa.

“Estamos en condiciones de decir que tenemos células progenitoras de cartílago. La idea es crearlas, conservarlas y tenerlas para cuando se necesiten. Antes no se había logrado. Tener una yogurtera con células alogénicas -es decir, de cualquier persona- para usar en todo tipo de lesión o enfermedad”, explica el profesor Pedro Guillén, jefe del Servicio de Traumatología, Ortopedia y Medicina del Deporte de la Clínica Cemtro de Madrid y uno de los participantes de este estudio.

Guillén recalca que la importancia de este estudio radica en dos cuestiones. “En primer lugar, la célula es un medicamento, una oportunidad terapéutica. Cuando una célula se ha degenerado, porque está envejeciendo o porque se ha alterado su función, el médico tiene que trabajar para reconducirla. La segunda cuestión es que hacen falta órganos porque el hombre es cada vez más longevo y la ingeniería tisular no sólo permitirá reconducir la célula, sino multiplicarla para producir órganos”.

En el caso de las células progenitoras de cartílago, el doctor Guillén asegura que van a empezar a ponerlas en animales, “en una oveja. Se ha visto la viabilidad en un tubo de ensayo y ahora hay que verla en animales y personas”. Además, el doctor Guillén, que lleva desde el año 96 implantando cartílago autólogo (del propio individuo), sostiene que en lo que va de año están avanzando en otra línea de investigación. “Estamos intentando acelerar el proceso de curación de un músculo lesionado, así como retrasar el envejecimiento del músculo”, adelanta a EL MUNDO. Habrá que estar atento a los próximos meses”.

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