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A la Dolorosa

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A la Dolorosa

Sol Sánchez

Podría comenzar este escrito diciendo: “A mi Dolorosa”. Lo haría así, porque era la manera con la que mi madre se refería a ella.

Siendo muy niña, cada vez que me iba a jugar sobre la cama de mis padres, en la mesita de noche, permanecía apoyada sobre la lamparita, una fotografía de La Dolorosa. En muchas ocasiones, mi madre la tenía entre sus manos y yo sabía que algo estaba pasando. Pero mi pequeña mente sólo podía imaginar que Hellín tenía una emperatriz a la que se veneraba.

Entre los recios muros de la Parroquia, se respiraba un aire de sigilo. Cuando me sentaba sobre los viejos bancos de madera, me gustaba observarlo todo, entre un estremecimiento que me enseñaba esa parte entre la vida y la muerte, lo bueno y lo malo. Entonces mi mirada descubría su rincón…, el de La Dolorosa, entre pequeñas llamas que creaban luces y sombras. Entonces…, la Parroquia se vestía de magia y su rostro me devolvía a los anhelos por cultivar, a la vida por descubrir, a los pasos por dar. Fue cuando supe que no eráis sólo una Emperatriz, sino un Hada que enseñaba a los pequeños hellineros el camino hacia la felicidad.

No sé con seguridad, si existe un Cielo en el que habitan otros seres de Luz. Pero sé que en Hellín existe una Virgen que todo lo puede. Sé que la Fe es tener ese lugar al que visitar en los días de lluvia, en las tardes del otoño de la existencia…, tardes en las que al mirar vuestro bello rostro no nos sentimos tan solos y nos aferramos a vuestro manto con olor a Hellín. Momentos en los que se descubre, que no sois sólo Emperatriz y Hada, sino una humilde compañera de viaje que nos consigue una vida más sencilla con sabor a certezas.

Jamás pensé que una figura conseguiría iluminar algunos de mis días. Jamás creí que pronunciaría vuestro nombre entre susurros, y que orgullosa diría cada vez que miro otras imágenes: “Ninguna es como ella”.

Jamás pensé que la Fe pudiera concentrarse en el ámbito de un Pueblo, lo entendí una Semana Santa en la que llovía y vi vuestro trono correr por el Rabal…, parecíais una Diosa entre el Cielo y la Tierra…, una Reina arrastrando su manto entre los pétalos del misterio. Vuestra figura se definía entre la gente, corriendo a cobijaos en vuestra Capilla, lugar de encuentros y confidencias.

Nadie me habló del Amor, y siendo una niña lo descubrí en esa corriente de tristeza que se despertaba en mi estómago, al ver lágrimas de cristal sobre vuestro rostro inmaculado.

Nadie me habló de Fe, y siendo una adolescente la conquisté en un día cualquiera en el que necesité de vuestra ayuda y cerrando los ojos imploré vuestra magia.

Me gusta saber que nací al son de vuestro cobijo, al igual que mis paisanos. Me encanta atesorar, que formáis parte del lugar al que amamos, que en ese Cielo lejano contaréis que en el planeta tierra habitáis en Hellín y sois Emperatriz, Hada, Reina, compañera de viaje y esa llama de luz que ilumina el corazón a cada uno de los hellineros

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