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Intentando desentrañar el “progresismo”

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Intentando desentrañar el “progresismo”

Antonio García 

El concepto de progresista, progresía o progresismo, tal cual se emplea en el lenguaje político actual, no termino de verlo claro. Porque si todo deriva de <<progreso>>, <<progresar>>, lo que no consigo entender es por qué ese término se lo ha apropiado la izquierda y, lo que es más desmoralizante, a qué se refiere. Yo no sé ustedes. Y me inquieta no entenderlo por el tiempo que llevamos escuchándolo en boca de miembros del PSOE y de Podemos.

Debido a ello, se me ocurre exponerles una serie de casos de rabiosa actualidad, cogidos de aquí y de allá y calificados de “progresistas”, para, en plan didáctico ver si con ejemplos reales sacados de la vida misma nos ayudamos a aclarar lo que significa ese palabro talismán, o por el contrario nos liamos más, que todo puede suceder. Veamos.

Caso 1. La Asociación Médica Británica ha distribuido a sus 160.000 médicos afiliados un folleto de 14 páginas que enseña el nuevo lenguaje que debe tener un doctor en el lugar de trabajo, acorde a los patrones de la ideología de género. Se les insta a los galenos a no llamar a las mujeres embarazadas “madres embarazadas”, porque ello podría ofender a individuos que han dado a luz y no se identifican como mujeres. En su lugar deben usar términos como “gente embarazada”, “persona embarazada”, o similares. Pero nunca “mujer” o “madre”, lo que discrimina y no muestra respeto y sensibilidad al prójimo de la otra acera, o prójima, que ya me hago un lío…

Caso 2. En las Corts de la Comunidad Valenciana Compromís presentó una proposición no de ley, que cuenta con el respaldo de las fuerzas autodenominadas progresistas, PSPV y Podemos, cuyo objetivo es que no se pueda obligar a un vestuario diferenciado por sexo entre niños y niñas: ellos podrán optar por el uso de faldas mientras ellas podrán escoger llevar pantalón. Así se permitirá la plena libertad individual (¿?). Lo que mola cantidad y termina de una vez con la asquerosa y humillante discriminación heteropatriarcal. Bien mirado, es una novedad solo para los niños, porque las hembras ha muchísimo que nos copiaron la prenda a los varones. Y desde luego, no hay nada como seguir la estela de los países más avanzados. Dicha medida ya se da en colegios del Reino Unido donde en 2016 se aprobó una nueva política de vestimenta de “género neutro”, para que los alumnos puedan vestir el uniforme con el que se “identifican”. Las autoridades británicas explicaron en su momento que con esto se buscaba “reducir la discriminación” y promover la “igualdad” entre los estudiantes (¿?). He entrecomillado las palabras claves.

Caso 3. El Parlamento Galo ha decidido que, a partir de ahora en los documentos oficiales escolares no aparezca ni “padre” ni “madre” –palabras fachas-. En su lugar figurarán “Progenitor 1” y “ Progenitor 2”, medida “inclusiva” esta que busca reducir la “discriminación” que sufren las familias cuyos padres son del mismo sexo –cosa que es biológicamente imposible, añado yo-. Consecuentemente, y como no podía ser de otra manera, el Gobierno también prohibirá el Día del Padre y el Día de la Madre, para no ofender a los gays. Cosa paradójica, pues el día del Orgullo Gay es para ellos solicos/as.

Pero a España no le moja la oreja nadie en cuanto a progresismo se refiere. Es más, somos la avanzadilla, el laboratorio experimental. Porque en 2006, el BOE publicaba la «ORDEN JUS/568/2006, de 8 de febrero, sobre modificación de modelos de asientos y certificaciones del Registro Civil y del Libro de Familia». Resumiendo: “Cónyuge A” y “Cónyuge B” en sustitución de Marido y Mujer. Y en cuanto a los término Padre y Madre, pasan a “Progenitor A y Progenitor B.

Aragón prohíbe a los funcionarios decir “el niño”, porque es un término “machista”. Y mediante una guía les ilustra de cómo deben dirigirse a los ciudadanos para no ofender a nadie. Les insta al empleo de alternativas como: “la criatura” o “la/el infante”.

Caso 4. El actual Gobierno de coalición antidemocrática se compromete a permitir a las jóvenes adolescentes abortar sin permiso paterno. PSOE y Podemos quieren volver a la ley de Zapatero, que exigía sólo informar a los padres de las menores. Juzguen ustedes.

Caso 5. Doña Beatriz Gimeno, que fue presidenta de la Federación de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, será la nueva directora del Instituto de la Mujer, a las órdenes de una señora que se ha ganado un Ministerio a base de polvos heterosexuales. Doña Beatriz nos trata a los hombre, a todos, de opresores, violentos y promiscuos (no se si también a su señor padre). Dice además, en una brillante demostración de conocimientos antropológicos que: <<Olvidar que en la mayor parte de los periodos históricos las mujeres, si hubieran podido elegir, hubieran escogido no mantener relaciones sexuales con los hombres, no vivir con ellos, no relacionarse con ellos, es olvidar algo fundamental en la historia de las mujeres>>. ¡Sublime!

Pero su pensamiento filosófico cumbre es que <<la igualdad pasa por la penetración anal de los hombres por parte de las mujeres>>. Que no se cómo lo harán, pero el Estado pondrá los medios. Resumiendo, que la heterosexualidad (machos con hembras, hembras con machos) oprime a la mujer, por lo que, digo yo, el lesbianismo debería ser obligatorio por ley. Y tomen nota de este mensaje de doña Beatriz a la sociedad: <<El feminismo lucha con denuedo para limitar los daños que la heterosexualidad provoca en las mujeres>>. Blanco y en botella…

Acabo con dos anécdotas surrealistas. Una es que la diputada de ultraizquierda en Madrid, Mónica García Gómez –para colmo médico anestesista- nos dice que <<el latido del corazón de un feto no significa que esté vivo>>. Y la otra, que María Elisa Beni, periodista ella, asegura que es prehistórico que la mujer se quede embarazada, estando como estamos en el mundo de los robots, que lo van a hacer todo: <<No hace falta que vayas con la panza como una burra llevando al hijo dentro, no hay ninguna necesidad>>.

Podría pasarme toda la semana escribiendo sobre casos ilustrativos que puedan llevarnos a entender el asunto, pero comprenderán que no hay sitio para ello

Así pues, queridos lectores, espero que estas anécdotas de la vida real nos ayuden a descifrar el significado del término “progresista”, y hacia dónde nos lleva. Al primero de ustedes que vea la luz, le ruego encarecidamente que me ilumine.

Porque yo sigo en la más enervante oscuridad.

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