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Emoción a raudales en el funeral por Don Victoriano Navarro

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Emoción a raudales en el funeral por Don Victoriano Navarro

El Obispo de la Diócesis lo señaló como un hellinero más

Fue insuficiente el templo de Nuestra Señora de la Asunción para acoger a todos las personas que quisieron acompañar, a través de la solemne misa funeral, a Don Victoriano, el cura párroco durante casi 25 años.

Don Victoriano Navarro Asín, nacido en Almansa pero un hellinero de corazón y alma, había fallecido a primera hora de la mañana del lunes a la edad de 79 años, por eso cientos de personas, en medio de un clima de emoción indescriptible junto al Obispo de la Diócesis de Albacete, Ciriaco Benavente no quisieron faltar a esta su última cita.

El prelado, desde el Altar Mayor donde estaban los restos mortales desde primeras horas de la tarde del lunes, y que fue testigo de un río interminable de personas que quisieron dar cuenta del cariño y el respeto que le ofrecían al sacerdote. Allí también más de 60 religiosos, curas y párrocos llegados de distintos lugares para evidenciar también ese cariño hacía su compañero.

Padre, pastor, compañero y amigo
Ciriaco Benavente, en la semblanza dedicada al que siempre será Párroco de La Asunción, además de calificarlo como un hellinero más, algo que todos sabíamos, apuntó que desde el primer día supo empatizar con las tradiciones del municipio, basadas en dos pilares: la Virgen del Rosario o la Semana Santa, poniendo en marcha la Escuela Cofrade: asegurando que se había sido “el padre, pastor, compañero y amigo”.

Francisco Genestal fue el portavoz de todos los religiosos que acudieron a esta solemne cita, ensalzando la figura del sacerdote fallecido digno de la mayor admiración.

También intervino el hermano de D. Victoriano, Pepe Navarro, que recordó a su familiar como una persona que “dejaba huella positiva por donde pasaba”, y que en Hellín había vivido grandes momentos abrazando la leyenda que escribió en los recordatorios con los que ofició su primera misa: “Señor, en tu nombre echaré las redes”.

Como acto final que elevó la emoción al máximo un grupo de sacerdotes se dirigieron al féretro, arropado con una casulla del propio Navarro, que sacaron a hombros, en medio de una cerrada ovación, hasta la Plaza de la Iglesia para en el coche fúnebre trasladarlo al Cementerio siendo despedido desde el templo y en las escaleras de acceso con una gran ovación por los asistentes a este inolvidable funeral.

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