Redacción EFDH.
Una urbanización que prometía calidad de vida, turismo rural y desarrollo económico para Hellín ha terminado convertida en un emblema del urbanismo sin visión, del cortoplacismo político y de la especulación descontrolada. Veinte años después, Las Higuericas permanece abandonada, saqueada y sin rumbo, incrustada en un paisaje que, paradójicamente, ha demostrado una mayor capacidad de recuperación que las decisiones humanas.
Chimeneas arrancadas.
Sanitarios desaparecidos.
Cableado robado.
Calles abiertas al viento.
Silencio absoluto.

Lo que debía ser un enclave residencial integrado en la naturaleza es hoy un cráter urbano, una herida abierta en el territorio. Las Higuericas no está solo paralizada: está devastada, despojada de valor y de sentido, esperando respuestas mientras la naturaleza intenta recomponerse por sí sola.
Un paseo por la ruina
Llegar hoy al paraje de Las Higuericas produce una sensación inmediata de desolación. No se trata únicamente de casas sin terminar, sino de un espacio que ha sido desmantelado de forma sistemática. Donde debían levantarse chalés mediterráneos hoy se extiende un paisaje de abandono que recuerda más a una zona de conflicto que a un proyecto residencial frustrado.
Todo aquello que podía desmontarse, se ha desmontado.
- Azulejos arrancados de las paredes.
- Tuberías y llaves de paso desaparecidas.
- Tapas de alcantarilla robadas.
- Estructuras abiertas, expuestas y vulnerables.
- Chimeneas de hierro arrancadas que yacen en el suelo como testigos mudos del saqueo.

El resultado no es solo abandono material, sino una ausencia total de vida.
- No hay vigilancia desde hace meses.
- No hay actividad.
- No hay señales de futuro.
De un sueño a un cementerio urbano
El proyecto de Las Higuericas nació en pleno auge inmobiliario, cuando el crecimiento parecía ilimitado y la planificación territorial quedaba relegada a un segundo plano. El Ayuntamiento de Hellín aprobó el 24 de noviembre de 2004 un convenio urbanístico con Cleyton Ges S.L. para la construcción de 668 viviendas en un paraje con protección ambiental (ZEPA y LIC), modificando pocos meses después el Plan General de Ordenación Urbana para hacerlo posible.
Desde el inicio, el proyecto estuvo marcado por la controversia. Ecologistas y concejales del Partido Popular presentaron recursos judiciales, y los tribunales comenzaron a anular licencias por la ausencia de evaluación ambiental. En 2009, El Faro de Hellín titulaba en portada: “Las Higuericas K.O.”. El símbolo local del estallido de la burbuja inmobiliaria ya estaba servido.
Ese mismo año llegó el golpe definitivo. La crisis económica y el colapso del crédito provocaron la paralización de las obras por parte de Dragados y Construcciones, al no existir fondos para continuar. Poco después, Cleyton Ges decidió abandonar definitivamente el proyecto al considerarlo financieramente inviable, dejando lo ya construido en manos de la Caja del Mediterráneo (CAM), una entidad que acabaría desapareciendo tras su absorción por el Banco Sabadell.
Litigios, sentencias y promesas rotas
El 4 de marzo de 2010, el Tribunal Superior de Justicia resolvió a favor de Cleyton Ges en el litigio relacionado con la construcción de 50 viviendas de las más de 680 previstas inicialmente. El entonces alcalde de Hellín, Diego García Caro, calificó la sentencia como “el mayor varapalo judicial que jamás ha recibido el Partido Popular de Hellín, de Albacete y de Castilla-La Mancha”, asegurando que el Ayuntamiento había dejado de ingresar unos 12 millones de euros y que se habían perdido alrededor de 400 empleos.
Un año después, el 6 de septiembre de 2011, se produjo un intento tan simbólico como fallido de retomar las obras. Pedro Giménez, propietario de Cleyton Ges, y Enrique Ros, vinculado a la empresa Catsh Minateda, se presentaron en la urbanización al frente de un grupo de trabajadores con la intención de reactivar el proyecto. No pudieron acceder al recinto debido a la oposición de los vigilantes de seguridad y acudieron al cuartel de la Guardia Civil para interponer denuncia. Nunca más se supo de aquel intento.
Mientras tanto, los compradores comenzaron a reclamar. El 21 de mayo de 2012, unas 70 personas se manifestaron frente a las oficinas de la CAM en Hellín bajo el lema “No house, no money”, exigiendo la devolución de cerca de 1,5 millones de euros entregados a cuenta por la compra de chalets que nunca se terminaron. Ese mismo día se celebró la vista judicial en el Juzgado de Primera Instancia nº 2 de Hellín. Semanas después, la sentencia estimó íntegramente la demanda, resolvió los contratos y condenó solidariamente a Cleyton Ges y a la CAM a devolver las cantidades entregadas a más de medio centenar de afectados.

Cuando el fuego y el abandono se cruzaron
El incendio de la Sierra de los Donceles, iniciado el 1 de julio de 2012 a las 12:55 horas junto al margen del río Mundo y a pocos kilómetros de la pedanía de Mingogil, supuso un punto de inflexión simbólico. El fuego arrasó miles de hectáreas y obligó a una intervención decisiva de la Unidad Militar de Emergencia (UME), con más de un centenar de efectivos, y a la presencia de los entonces ministros de Agricultura y Defensa, Miguel Arias Cañete y Pedro Morenés.
Mientras el monte ardía, la urbanización inacabada asistía inmóvil a la destrucción del entorno que debía darle sentido. Aquel incendio añadió una nueva capa de desolación a un paisaje ya marcado por el fracaso urbanístico.
Hoy, más de una década después, el contraste es demoledor. El monte muestra signos claros de recuperación: pinos jóvenes, vegetación regenerada y fauna que comienza a regresar. La urbanización, en cambio, continúa detenida en el tiempo.
La naturaleza ha avanzado más rápido que las decisiones políticas.

Lo que no se hizo bien
El fracaso de Las Higuericas no responde a una única causa, sino a la acumulación de errores estructurales:
- Elección de un suelo inadecuado, con protección ecológica y presencia de avifauna sensible.
- Modificación normativa a medida, adaptando el planeamiento a un proyecto concreto.
- Años de litigios judiciales que bloquearon cualquier avance real.
- El estallido de la crisis de 2008, que dejó el proyecto sin respaldo financiero.
- Promotores sin continuidad ni responsabilidad efectiva.
- Una gestión institucional claramente insuficiente, que permitió el saqueo y el deterioro progresivo.
Cada año de inacción añadió una nueva capa de abandono y pérdida de valor.
Una nueva amenaza silenciosa: la agricultura intensiva
Si la urbanización fue la gran amenaza del pasado, el presente trae consigo un peligro distinto, más silencioso pero no menos agresivo. Allí donde no llegaron las viviendas avanza una agricultura intensiva sin planificación global, transformando el paisaje tradicional en un espacio de explotación a corto plazo.
Monocultivos extensivos, uso intensivo de agua, proliferación de plásticos agrícolas y presión creciente sobre los acuíferos están alterando de forma acelerada un entorno que hasta hace poco mantenía un equilibrio frágil. Vecinos de Agramón y Las Minas advierten de que este modelo está sustituyendo el paisaje rural diverso por un escenario homogéneo y empobrecido, con riesgos ambientales y sociales evidentes.
¿Reactivación o punto final?
En diciembre de 2025, Inversión Río Mundo instó al Ayuntamiento de Hellín a retomar reuniones técnicas para desbloquear el proyecto, asegurando haber presentado un plan de ejecución meses antes sin respuesta. El alcalde, Manuel Serena (PP), reconoce la falta de avances y la atribuye a la ausencia temporal de técnicos municipales, anunciando que se retomarán las conversaciones. La empresa plantea incluso la creación de empleo local y la cesión de viviendas para fines sociales.
Las preguntas, sin embargo, siguen sin respuesta:
- ¿Existe un plan serio tras dos décadas de abandono?
- ¿Puede resucitar un proyecto tan degradado sin una reestructuración profunda y transparente?
- ¿O se trata de otro capítulo del mismo ciclo de promesas incumplidas?
Las Higuericas no es solo una urbanización detenida. Es la síntesis de los errores del urbanismo sin planificación, de la especulación a corto plazo y de la incapacidad para gestionar un territorio de alto valor ambiental.
Cada ladrillo caído no es casualidad. Es consecuencia directa de decisiones erróneas, omisiones prolongadas y prioridades mal calibradas. Y mientras la naturaleza avanza a base de brotes verdes, Hellín debería preguntarse qué lecciones sigue ignorando y por qué continúa repitiendo los mismos errores.
Porque Las Higuericas no es un caso abstracto ni un recuerdo del pasado.
Es Hellín.
Es su paisaje.
Y es una advertencia que aún está a tiempo de escucharse.







