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Carta abierta a la izquierda hellinera

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Carta abierta a la izquierda hellinera

Por Antonio García

Señores y señoras del “banco rojo” de nuestro Ayuntamiento -dicho esto sin ninguna connotación peyorativa-, permítanme que me dirija a ustedes de manera pública para, tras el apoyo unánime de la totalidad de los concejales de la izquierda municipal en el Pleno pasado, referente a la moción de IU: <<Por nuestros derechos fundamentales: el feminismo, imprescindible>>, les manifieste abiertamente mi más profunda repulsa por dicha iniciativa, que no es otra cosa que la medida de la cualidad moral que les adorna, la pseudo democracia que practican y la penosa y lamentable inhumanidad que impregna sus mentes y sus corazones. Y permítanme que les diga que hago esto con todo el dolor de mi corazón. No voy contra ustedes, como personas que son, sino contra su abominable error y detestable proceder. Pero antes de seguir quiero dejar claro el desprecio que siento por su cobardía y la de parte de esta sociedad ante el reto más noble y hermoso de la existencia: transmitir el maravilloso don de la vida.

Casi todas las culturas primitivas sacrificaban niños. Hasta las más modernas civilizaciones precolombinas -incas, mayas y aztecas-, practicaban estos rituales que, tras la conquista de América por los españoles, fueron desapareciendo. Pero con toda la bestialidad que ello suponga para nuestras mentes modernas (¿todas?), aquellos imperios lo hacían por un convencimiento religioso. Creían que el mejor camino para llegar a sus dioses y presentarles sus peticiones y súplicas era a través del alma pura e inocente de un niño. El único capaz de ser el emisario humano que portase el mensaje de los mortales ante la deidad.

Hoy, en nuestros días, se ha podrido de tal forma la civilización que ni siquiera existe esa “alta misión”. Hoy a los niños se les mata de por nada, porque sí, simplemente porque estorban. Hoy, condenamos la pena de muerte y hasta el racismo, pero matamos impunemente a los niños por nacer y, en algunos países, hasta a los nacidos. En nombre del progreso, las libertades y la sociedad del bienestar. Y ustedes, señores concejales, han corroborado con su villana acción la vuelta a los tiempos más primitivos y bárbaros de la Humanidad. Han apalancado con su ignorancia y ceguera mental la más abyecta y fatídica decadencia de una débil y amoral sociedad occidental que, en manos de la sinarquía financiera mundial más terrorífica de todos los tiempos, se está suicidando a pasos agigantados. Dice el yihadista de turno, y lleva razón, que no tardarán en apoderarse de Europa. Porque ellos tienen hijos, pero los europeos preferimos un perro o un periquito. Porque sus hijos poblarán la tierra, pero nosotros poblaremos la mierda.

Inconscientes e incultos, ustedes se erigen en mercachifles de la vida y de la muerte, ignorando que la dignidad de la persona, reconocida en todo ser humano, no deviene del Derecho, de las Leyes, sino que radica en su misma naturaleza. Una naturaleza que posee el ser en su esencia, desde el principio de su existencia, aun cuando se encuentre en las primeras y primigenias fases embrionarias de su desarrollo. La esencia del ser humano, su derecho a la vida, no precisa de un plazo o requisito legal alguno para adquirirse: va intrínseca en su ser, como la dignidad que de ella se deriva. Dignidad que ustedes han perdido al apostar, en nombre de no se qué infame ideología, por la destrucción impune, cobarde y homicida de seres humanos vivos. Sí, homicida, porque esto es y no otra cosa la muerte causada a una persona por otra. Es más, me atrevo a decir que hasta apoyan y promueven el asesinato, que es matar a alguien con premeditación y alevosía. Con otro agravante, que este delito contra natura se ceba con los más inocentes, indefensos y vulnerables seres que deberían ser, sin duda alguna, los más protegidos por la comunidad, con todos sus recursos. A ellos y a sus madres.

A ustedes, hombres y mujeres vivos, que un día tuvieron el derecho a nacer cobijados por el amor de unos padres, se les ocurre ahora dictaminar sobre la vida y la muerte de otros semejante, a quienes no les conceden ni la oportunidad de un juicio justo. Por eso quieren <<una ley que permita a las mujeres “interrumpir su embarazo” (asesinar al niño) en la sanidad pública en el momento y por las razones que desee, sin

restricciones, sin plazos y sin tutela…>>. Como si un niño fuera un perro leproso vagabundo, una cucaracha o un molesto e inoportuno insecto. ¿Qué eran ustedes antes de nacer? ¿Sabandijas molestas en el cálido y acogedor vientre de sus madres? ¿Cómo se puede caer tan bajo? ¿Cómo una persona puede llegar a tan denigrante infamia? Porque ustedes, señores y señoras de la izquierda municipal, han demostrado con su moción y consiguiente aprobación de la misma, que el nasciturus y la madre les importan un pijo. Que la dignidad de la mujer –señores y señoras- es como una baratija de mercadillo. Ignorando además que el concepto de piedad, respeto al ser humano y dignidad de la persona, sobre los que se fundamentó y construyó la civilización occidental, -esta en que ustedes viven y gozan- provienen del cristianismo. Por más que les pese. Y lo digo alto y claro, aunque no estemos tratando de un problema religioso. Y para despertarles de su abrumadora ignorancia. Y digo que las mujeres embarazadas les importan un pijo, porque ignoran o silencian las nefastas consecuencias, tragedias, angustias, depresiones y sufrimientos de por vida de la mujer que aborta, por sí, o porque es presionada por su entorno y por las injusticias de unas personas egoístas y una sociedad cobarde sin escrúpulos y sentimientos. Porque una mujer que aborta no es una mujer sin hijos, sino la madre de un hijo muerto, asesinado. Pero, ¿qué más les da, si solo están al medro y al servicio de interesadas y diabólicas ideologías?

No soy quién para condenarles, y no lo hago. Solo puedo rogar al Padre de toda vida que les de un poco de luz y borre de sus almas tan repugnante error.

Y permítanme además terminar emplazándoles a un debate abierto sobre el aborto en la televisión local. Dos o tres de ustedes, frente a dos o tres de mi lado. Pero insisto, de “ustedes”, los que apoyaron la moción, y no encomenderos venidos de fuera. Tengan la amabilidad de ser valientes, recoger el guante y avisarnos del día y la hora.

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