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“Al compás del chacachá, el chacachá del tren, que gusto da viajar cuando se va en el tren”

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“Al compás del chacachá, el chacachá  del tren, que gusto da viajar cuando se va en el tren”

El Espectador

En este relato proporcionado por una lectora de El Faro de Hellín, nos explica los muchos inconvenientes que tuvo que vivir en el viaje realizado a Madrid los pasados días, por ello sirva como una pequeña visión irónica el título de una canción de los años 50, que más tarde pusieran de moda el grupo llamado “El Consorcio”.

“El tren, un Alvia número 05667, de la línea Cartagena-Madrid del pasado día 8 del corriente mes, llegó a Hellín a las 17:50 horas, sin retraso, con alrededor de unos 300 pasajeros a bordo y teniendo prevista su llegada a Madrid a las 20:14 horas. Pues bien, llegamos a Albacete en tres cuartos de hora, donde permanecimos parados más de tres horas, esperando al AVE que venía de Alicante. Nos cambiamos de tren, en un completo desorden pues todos los sitios estaban ocupados y llenos de maletas, sin que nadie nos diese ninguna indicación de donde nos podíamos sentar.

Al ponerse en marcha, por fin, aproximadamente, a las 22:00 horas, llegamos a Madrid-Atocha a las 04:00 horas de la madrugada, sin que nadie, durante el trayecto, de los responsables de este medio de transporte, se preocupara de donde nos podíamos acomodar y aunque nos dieron agua y prometieron zumos, estos estaban agotados antes de que pudiéramos adquirirlos…y nada más podíamos comprar.

El tren, durante el viaje, fue circulando a una mínima velocidad, que nunca pasaba de los 50 kilómetros por hora, con gente mayor pidiendo agua y otros, gritando que no había derecho. A las tres de la madrugada pasó el revisor de vagón preguntando quién iba fuera de Madrid y quién se quedaba en la capital, a los primeros se le proporcionaba un hotel para pasar lo que quedaba de noche, cuando se le preguntó sobre los que se quedaban en Madrid, contestó de mala manera, indicando que se las arreglasen como pudieran.

Llegado a Madrid solamente funcionaba la línea Azul del metro, que no ha todos, por ejemplo, los que vivíamos en la capital, nos venía nada bien, por lo que muchos se tuvieron que quedar en una sala de espera hasta pasadas las 06:00 horas para poder coger otra línea para llegar a sus domicilios, u otros puntos de destino, pues los taxis seguían sin dar señales de existencia”.

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