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El Pazo de Meirás y las moscas cojoneras

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El Pazo de Meirás y las moscas cojoneras

Antonio García

Como todo el mundo sabe, el Pazo de Meirás era la finca veraniega de Francisco Franco Bahamonde y su familia. No vamos a relatar su historia, pero conviene una ligera introducción explicativa para situarnos físicamente.

Un pazo es una casa solariega tradicional gallega y, como tal, de marcado carácter señorial, normalmente ubicada en el campo. O sea, una especie de palacete propiedad, como se pueden imaginar, de personajes pudientes o de renombre tanto en política, como en la carrera de las armas, en distintas ramas del saber, etc. Gente importante de la comunidad. Aunque en sus orígenes solo los habitaban nobles o reyes. El pazo de Meirás está situado en La Coruña, en el término municipal de Sada, población costera de poco más de quince mil habitantes, en la ría de Betanzos (Rías Altas) que vive, principalmente, de la pesca y el turismo. Perteneció a doña Emilia Pardo Bazán –Condesa de Pardo Bazán-, noble aristocrática, novelista, periodista, traductora, catedrática y, por acabar pronto, precursora de los derechos de la mujer y el feminismo. En 1938 pasó a manos de Francisco Franco, mobiliario incluido, y en la actualidad ostenta su titularidad la nieta del dictador, María del Carmen Martínez Bordiú y Franco.

Pues ahora entremos en materia, de la que ustedes tendrán referencia por los medios de comunicación. El Pazo de Meirás fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 2008. Como pueden suponer esta declaración no se hace porque fuese de Franco, sino que requiere, para cualquier inmueble un serio estudio y su justificación, por reunir valores histórico-artísticos, estéticos, arquitectónicos, tipológicos, etc., que le confieran características destacadas y singulares. Pues bien, esta catalogación se hizo en contra de la voluntad de los herederos de Franco, obligando además a los propietarios a abrirlo al público cuatro días al mes, a lo que se opuso la familia de don Francisco. Pero el Tribunal Supremo confirmó la clasificación de BIC y efectos consecuentes, por lo que el 25 de Marzo de 2011 abrió sus puertas a las visitas.

¿Y qué es lo que ocurre ahora? Pues que los corticos nenes del nuevo Frente Popular y su coro de fans, mas las moscas cojoneras de las Asociaciones de Memoria Histórica, obsesionados con Franco y el franquismo, como ya saben, andan acojonados. ¿Por qué? Porque en el interior del monumento hay muebles de Franco, libros de Franco, fotos de Franco, la caña y la escopeta de Franco y hasta el váter donde Franco…, etc. Y todo eso, impregnado del espíritu flotante de Franco, resulta de lo más nocivo para la democracia española. Porque las visitas turísticas –a una propiedad de la familia de Franco-, que ellos “obligaron” a que se realizasen, pueden ser, son, apología de Franco. ¡Es una vergüenza para España que esto se permita!

La cosa está gestionada por la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF para los amigos) cuya presidente en doña Carmen Martínez Bordiú. Que dicen, y tiene toda lógica, que las visitas fomentan el turismo en Galicia y en el pueblo. Mas el PSOE, los batiburrillos de Podemos, y todo el rojerío de “éste país”, piensan ahora que eso no puede ser bueno. Que de ahí no puede salir “na” bueno para la democracia, las libertades, el progreso, las reservas del Tajo y la Prima de Riesgo.

Y uno se pregunta ingenuamente, cómo es posible que los mismos que obligaron a que el Pazo abriera sus puertas a las visitas, sin coste alguno para el Estado –ni la FNFF ni la familia reciben subvención alguna-, ahora salgan por peteneras, sin más pudor, sin vergüenza ninguna y sin el más mínimo sentido del ridículo. Y es que está claro, no tienen ninguna de las tres cosas.

Por lo que vamos a lo de siempre. Este conglomerado de pegafuegos, odiadores y revanchistas no estarán tranquilos hasta que no ganen la Guerra Civil. Que no les caerá esa breva aunque se repitiera tres veces, Dios no lo permita. Ganar la guerra y enterrar a Franco, claro, por debajo de lo más hondo de un cementerio nuclear, sellando la tumba con hormigón y acero. Lo que sería lamentable para ellos, porque, ¿a qué se iban a dedicar entonces? Como saben que eso es solo un sueño, y lo que no pué ser, no pué ser, lo que en realidad temen es que las visitas al Pazo fomenten el

franquismo, pues es evidente que los visitantes saben que no se van a encontrar allí con la esvástica nazi ni con la hoz y el martillo, símbolos más emparentados entre sí que Cristiano y Ronaldo, cosa que muchos ignoran.

Y encima dicen, los muy cínicos, que transmiten el sentir del pueblo gallego. ¡Ya hay que tener la cara dura!

Entonce, vamos a ver, ¿para qué se declara un inmueble Bien de Interés Cultural? Catalogación ésta que en absoluto tiene nada que ver con la o las personas que gozaron o gozan de su posesión. Una construcción que pasa a formar parte del patrimonio arquitectónico nacional protegido por sus valores específicos. La actual destemplada reacción de los “memoristas-histórico-chekistas”, tal vez se deba a que, cuando aquello se declaró BIC y se obligó a la familia propietaria a abrirla para las visitas, no cayeron en la cuenta de que la casa de Franco estaba llena de cosas de Franco, como ocurre con la casa de Mussolini en Italia -por cierto muy visitada-, o la de Elvis Presley en Memphis. Enseres, todos ellos, que bien pueden suscitar el renacer del fascismo en España, o hasta, quién sabe, liberar el espíritu del dictador que aún puede que revolotee entre sus cosas.

Como he dicho muchas veces, ni quito ni pongo rey, pero paridas, las menos.

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