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De tripartitos y cruces

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De tripartitos y cruces

Antonio García

En Diciembre de 2016 les endiñé a ustedes un artículo que hablaba sobre la Cruz de Callosa de Segura. Y todo porque el tripartito gobernante en el pueblo alicantino, en cumplimiento de la ley de la Memoria Histórica –dicen- acordó en 2016 quitar una cruz de piedra sobre pedestal existente desde hace más de setenta años junto a la fachada de la iglesia arciprestal de San Martín, y en suelo propiedad de la Iglesia, situada en el casco antiguo del pueblo. Solo que una gran parte de los callosinos se pusieron en su sitio y dijeron que naranjas, que la cruz formaba parte del pueblo y de sus recuerdos y que no se tocaba. Y grupos de vecinos han estado haciendo guardia por turnos, para impedir su derribo a traición.

Pues tengo que volver a hablarles de ello, queridos lectores. Porque estas ensaladas tripartitas de PSOE, IU y Podemos me tienen hasta el último pelo, dicho en plan fino.

Se me caen los tornillos de la risa que me entra cada vez que leo eso de la Memoria Histórica. Esa aberración inconsistente y partidista cuya única finalidad es joder la marrana. Dicen los psicólogos que el cerebro humano es selectivo y, cuando un recuerdo le repatea trata de enviarlo al cajón oscuro y olvidarse de él. Pues eso les pasa a las izquierdas nacionales. Porque esta payasada de memoria histérica es completamente selectiva y parcial. O sea, arbitraria, amiguista, sectaria e injusta.

Hay algo chocante para la gente que ya vamos teniendo una edad avanzadica. Tras la guerra civil española, y pasados los primeros años de apagar los rescoldos (lo hubieran hecho los otros de haber ganado), los españoles se dedicaron a vivir y a convivir. A trabajar y sacar adelante a sus familias en un esfuerzo tácito por olvidar los horrores de la contienda. Ya sabemos que el régimen de Franco fue una dictadura –conforme pasaba el tiempo se hizo dictablanda-, pero fueron nuestros padres y abuelos, testigos y protagonistas de aquella guerra, los que quisieron olvidar y construir la paz. Y lo consiguieron (¿O les quitamos el mérito?) Pues como decía, lo chocante es que ahora, imberbes acomodados en la sociedad de consumo, pegafuegos que solo buscan un puestecico del que mamar y que en su vida se han encontrado ante una situación comprometida como aquella, son los que siembran la cizaña y nos quieren dividir, enfrentándonos de nuevo. Y están dale que te pego con la Guerra Civil, cuando lo más que han visto estas criaturas ignorantes son películas del oeste y videojuegos de violencia. Y ahora tienen la desfachatez de hablar de “reconciliación”, cuando lo único que están haciendo es romper la que ya habían conseguido con su esfuerzo nuestros antepasados.

Pero hay más. Todavía no les he oído pronunciar la palabra “cristianofobia” –tan extendida hoy día en nuestro país entre el rojerío-, cuando ellos no dejan de hablar de islamofobia, homofobia, y demás fobias de sus antojos, y llaman a todo aquel que no comulgue con sus postulados totalitarios de todo menos bonico: “extremaderecha”, machistas, fascistas, racistas…, en un alarde de dictadores camuflados con piel de demócratas.

Pues la cruz de Callosa se ha convertido en un tema obsesivo para los cagabandurrias y chupanterres del gobierno municipal. Cierto es que en un principio, como todas las que se erigieron en aquel tiempo, llevaban la inscripción de José Antonio Primo de Rivera y demás. Pero eso ya se quitó. Ésta, al parecer, solo conserva los nombres de callosinos exterminados durante la contienda, ninguno de ellos en el campo de batalla. Ahora y desde hace tiempo, solo es una cruz cristiana, con la “memoria histórica” de un grupo de ciudadanos que además no se distinguieron por sus actividades políticas o bélicas. Y los callosinos la identifican como un elemento más del paisaje urbano, un patrimonio público y una referencia a la religiosidad de un pueblo, que es lo que en realidad se quieren cargar estos descerebrados oportunistas, que encima tienen la desfachatez de erigirse en la referencia ética y moral de la sociedad.

Pues bien, como a lo largo de este tiempo ha habido tres intentos fallidos de quitarla, malogrados gracias al desvelo ciudadano, el consistorio ha pedido a la Subdelegación de Gobierno que mande al séptimo de caballería español para acordonar la zona, para así realizar cómodamente el atentado, por encima de la voluntad popular. Que esa y no otra sería la “democracia” que nos traerían de llegar a gobernar el país. Rencorosos y vengativos sin causa, son tan asnos e incultos que ni siquiera conocen la historia de aquello que odian. Eso se llama “obnubilación ideológica”. Y son ya bastantes los pueblos y ciudades de España que están sufriendo estos irrespetuosos y cobardes ataques, sin más razón de peso real que la destrucción de una cultura y unas creencias que les estorban para la creación de su imperio totalitario. Sin embargo, tenemos que aguantar que se pongan nombres de calles –quitando los existentes- a Santiago Carrillo y La Pasionaria, por ejemplo, para no extendernos ahora en ello.

Los componentes de la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Cruz tienen permiso para concentrarse en el lugar hasta el día 28 de este mes. El alcalde ya solicitó que se les cambiase de ubicación para poder llevar a cabo los trabajos de derribo. Pero de todas formas se anuncia que el próximo lunes, día 29, las fuerzas de choque de policía municipal y Guardia Civil –según petición del regidor- acordonarán la zona, cerrarán las calles de acceso con barricadas, si es preciso, y a cometer el desmán impunemente. Como ya hicieron por los años treinta del pasado siglo, con las “autoridades competentes” mirando para otra parte.

Personalmente, les doy mi palabra de que no tengo fobia a nadie, pero estos impresentables están haciendo méritos para despertar, o mejor dicho, ponerle nombre a un sentimiento latente en muchos ciudadanos: “izquierdofobia”.

Oigan, y con razón.

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