“Redobles del Rabal”, de Celia Montoya Sánchez, emociona en el II Congreso Internacional del Tambor con un homenaje musical al toque más identitario de Hellín
La música del tambor hellinero volvió a sonar más allá de nuestras fronteras el pasado sábado 15 de noviembre, esta vez en el Teatro Lope de Vega de Mula. Allí, la Agrupación Musical Muleña estrenó “Redobles del Rabal”, una nueva creación de la compositora Celia Montoya Sánchez, lorquina pero con una profunda ascendencia hellinera, que vuelve a mirar a la Ciudad del Tambor para dar forma a su obra.
El estreno se enmarcó en el II Congreso Internacional del Tambor, dirigido por el Dr. Norberto López Núñez, y dentro de un concierto que dedicó su primera parte a composiciones para tambor tradicional y banda de música. Se interpretaron cinco piezas, una de ellas este estreno absoluto inspirado en los sones más reconocibles de Hellín.
Una obra que dialoga con los toques tradicionales de Hellín
“Redobles del Rabal” construye su discurso a partir de varios toques tradicionales, interpretados por un tambor hellinero. Entre ellos, el inconfundible “Racataplá”, así como “Ha dicho mi madre que me dé usté un pan” o “Qué me l’an tentao”, todos ellos integrados en un desarrollo musical que los teje con la sonoridad de la banda, creando una pieza de gran intensidad y emoción.
No es la primera vez que Montoya vuelve a Hellín para encontrar inspiración. Ya lo hizo con “Ilunum”, una obra para trío de cuerdas publicada en la revista Instrumentum, donde evocaba de nuevo la memoria musical y afectiva de nuestra ciudad.
Aplausos unánimes en el Teatro Lope de Vega
La acogida en la sala fue cálida y entusiasta. La compositora, presente entre el público, recibió una prolongada ovación tras la interpretación de la Agrupación Musical Muleña. Tanto los asistentes como los organizadores del congreso destacaron el valor de la obra y su delicado tratamiento de los toques hellineros.
La creación de Celia Montoya supone un nuevo ejemplo de cómo la música de Hellín, su tradición tamborilera y su identidad sonora continúan inspirando obras que viajan lejos sin perder su raíz. Un motivo más para sentir orgullo por lo que representa la Ciudad del Tambor.
