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Vientos que traen tempestades

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Vientos que traen tempestades

Antonio García

Suecia, el país nórdico envidia de Europa, con su progreso, su democracia, su paz, su tolerancia, sus libertades… y sus bikinis. Bueno, lo de los bikinis nos enteramos en España hace mucho tiempo, porque los usados por las suecas fueron de los primeros en verse por nuestras playas levantinas. Los mayores lo recuerdan. Eran casi míticas aquellas rubiazas altas, de buen ver y mejor palpar, enfundadas en brevísimos bañadores, icono sensual de todo españolito productor de testosterona. Y como bravucones que somos, se extendió aquella leyenda de la sueca exclamando: <<¡oh, españoles fuertes, poderosos, buenos sementales!>>… Que digo yo que decían, porque jamás fui un “latin lover”, ni me topé con la ocasión de participar en semejantes guateques.

Pero vamos, que los suecos estaban muy avanzados. Sin embargo, se habla, se dice, se comenta, que en los tiempos presentes van a la deriva. Y que si nadie lo remedia, pronto tendrán que pedir la ayuda de otros países europeos para frenar el desmadre que se han gobernado, porque ellos se ven impotentes. ¿El motivo?: la invasión moruna. Porque al parecer, si en Europa ya huele, en Suecia apesta. El poder musulmán se está apoderando de las calles, hasta el punto que hay numerosos barrios extensos donde ni puede entrar la policía. El número de zonas donde ya rige la ley islámica en lugar de la Constitución del país. Y al parecer, hasta tal punto llega la cosa que el setenta por ciento de los agentes de policía quieren abandonar el servicio, porque están desmoralizados. Se sienten incapaces.

El jefe de policía de Estocolmo, la capital, ha declarado que hay niveles de violencia como jamás se vieron en el país, y existen zonas de la ciudad que quedan fuera de la esfera del Estado. Insiste además en que el sistema jurídico sueco está colapsado. Y crecen anualmente las zonas de alta peligrosidad, por la aplicación de la ley islámica, la “sharia”. Un profesor e investigador sobre terrorismo y radicalismo, perteneciente al Colegio Nacional Sueco de Defensa, afirma que <<en las zonas más peligrosas de la capital, grupos radicalizados de la comunidad islámica han tomado el poder en las calles y están implantando su propia ley>>.

El mismo jefe de policía informa de que unas 15.042 mujeres han sufrido ataques sexuales hasta el presente en las zonas dominadas por los islamistas.

Pero claro, Suecia ha sido siempre tan pacífica y pacifista, que ahora se encuentra sin medios para poner freno a esta invasión. Además, claro está, de que el gobierno socialdemócrata-ecologista “ignora” la gravedad de la situación y no está por la labor.

Otro experto en terrorismo de aquél país, cree que <<los agentes ya no podrían hacer frente a las bandas que se forman alrededor de la sharia, incluso si el gobierno decidiese enfrentarse a estas bandas criminales>>. Su seguridad y fuerzas policiales han sido rebasadas.

Pero es que hay más. Recientemente los tribunales suecos, comprensivos y tolerantes con las leyes islámicas, “aprueban el matrimonio infantil islámico”. Un tribunal del país ha permitido el matrimonio entre una niña de catorce años con un musulmán (primo de ella) argumentando que <<ella parece “madura” y por razones “religiosas y culturales”>>. Considera que la niña se crió con otra percepción religiosa y cultural y de lo que está bien y lo que está mal.

Lo tremendamente preocupante es que esto ya ocurra en un país occidental, pues no así en el mundo musulmán, donde esta clase de matrimonios es una práctica habitual. Y no es de extrañar, porque su profeta, Mahoma, ya desvirgó impunemente a varias niñas menores con las que se casó, de entre decenas de mujeres que tuvo. Tan es así que por las redes circula un vídeo en que un barbado y sazonado musulmán confiesa que el sexo entre un padre y su propia hija de nueve años está permitido, si la niña consiente. Al parecer los Servicios Sociales suecos, ante el embarazo de la menor consideraron que había abuso infantil, pero el señor juez apreció que, aunque era precoz para su edad, la chavala maduró temprano.

Quizás alguno de mis amables lectores se preguntes el por qué he tirado hoy por estos derroteros, aparte de la curiosidad de conocer ciertas noticias. Lo explicaré con un refrán: <<Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar>>.

Europa va a la deriva por muchas razones, entre las que un servidor apunta como primera y principal la galopante y suicida pérdida de los valores cristianos que configuraron nuestra civilización. Es decir, el extravío de nuestra identidad y las raíces de nuestra cultura. Todo ello siguiendo una estrategia bien estudiada en las logias masónicas cuya finalidad es la destrucción de las sociedades. La creación del caos.

“Ordo ab Chao”, “Orden desde el caos”: la principal divisa del grado 33º de la masonería. Es decir, el orden viene del caos. Por tanto se trata de destruir para, desde la confusión, el desorden, la anarquía, construir una nueva sociedad acorde a los principios y deseos de la secta. No importan los medios, que serán diferentes según convenga en cada momento. Una atenta mirada a la Historia Moderna y la cuidadosa observación del mundo actual así lo confirman.

Mas, si todo esto les parece ciencia ficción, dejen correr el tiempo. Cuando queramos darnos cuenta, ya no habrá solución.

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