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Verano y humo

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Verano y humo

El pasado 27 de julio, se iniciaba un voraz incendio, uno más, que arrasaba, otro de los parajes más hermosos de esta tierra. Esta vez le llegaba el turno maldito a la comarca de Yeste, donde se originó, propagándose también al término municipal de Molinicos, llevándose por delante más de 3.000 hectáreas.

La culpa, como siempre, los responsables de proteger el medio ambiente se la echan a la sequía, el calor, el viento, y a última hora, sin que se haya demostrado aún, a la pérfida mano del hombre.

Pero, claro está, ellos no hablan de su inutilidad para prevenir estas catástrofes que son como una muerte anunciada de miles de pinos, tan necesarios en este país.

Ante esto nos surgen las preguntas, que para mayor inri no son nuevas ni mucho menos:
¿Es que no se sabía que con las condiciones meteorológicas que se habían sufrido durante todo el año, el peligro de incendios forestales era más que evidente?
¿Por qué no se tomaron medidas para limpiar los montes llenos de residuos secos,tan necesarias para evitar los siniestros, según apuntan todos los profesionales?
¿Por qué se tardó tanto tiempo en acudir a los primeros focos del incendio para sofocarlos y se permitió que se expandiera, haciendo imposible su rápida extinción?

Después, como siempre, llegaba la tormenta política, el intercambio de acusaciones, donde también se pudo vivir un desagradable incidente que tuvo como protagonista desafortunado el propio García-Page, la notas de prensa llenas de insultos y descalificaciones, el pedir dimisiones, exigir responsabilidades como por ejemplo a los gestores de la empresa pública GEACAM, que dirige Manuel Valcárcel Iniesta, que fuera en su momento alcalde de Tobarra(?).

En resumen, el incendio había durado, según fuentes oficiales de Castilla-La Mancha, 13 días y se habían quemado más de 3.000 hectáreas, de ellas 700 del Parque Natural del Calar del Río Mundo, aunque se habían utilizando 235 medios e interviniendo 1.185 personas.

Recordando el incendio de la sierra de Los Donceles
En nuestra comarca ya hemos sufrido directamente estos hechos catastróficos y tenemos que recordar con inmensa pena el iniciado el 1 de julio de 2012, cuando las llamas, comenzaron muy cerca de la presa de San Diego, junto a la margen derecha del río Mundo, y a pocos kilómetros de la pedanía de Mingogil.

En aquella ocasión el fuego arrasó más de 5.000 hectáreas, exactamente 5.400, de las cuales, 3.000 eran de arboleda y matorral, quemando parajes de gran riqueza como el Prado Piñero, el Paraje de las Ánimas, el Hondón, el Tesorico, la Morra o los Alberdinales.

No faltaron en aquellos desafortunados días vistas de políticos, la primera la presidenta de la región, María Dolores de Cospedal, acompañada de consejeros, delegados, presidentes, alcaldes, concejales y pedáneos, para continuar con la arribada de los ministros de Agricultura y Defensa, Miguel Arias Cañete y Pedro Morenés, este último, escribíamos, “quizás conmovido por el aspecto desolador que contemplaba, prometió que lo más rápido posible se integrarían a la lucha contra el fuego cinco nuevo aviones y un helicóptero para intentar controlar el siniestro lo antes posible, refuerzos que no tardaron en asomar por el cielo contaminado de Agramón, y que creemos que fueron decisivos, como lo estaban siendo sus compañeros militares de la Unidad Militar de Emergencia (UME) con más de 100 personas y amplios medios de aire y tierra, para que poco a poco fuera apareciendo la esperanza, tras el desastre que se dejaba atrás, que la catástrofe ecológica comenzará a remitir”.

Incendio de Yeste. Incendio de Yeste.

La pertinaz sequía
Uno de los factores que acentúan esta proliferación de incendios que estamos sufriendo en las últimas semanas, es sin duda la pertinaz sequía, una de esas frases que nos traen recuerdos de épocas lejanas que se pierden en los primeros recuerdos de nuestra vida, cuando todo lo malo que pasaba en este país amordazado y oprimido por una cruel posguerra, se debía a la escasez de lluvias, que ahora de nuevo vuelve, a tomar plena actualidad en todos los medios de comunicación y es tema de conversación en todos los corrillos y no solo entre las personas que depende directamente del campo y sus cosechas.

Tenemos asimismo que recordar que esta falta de agua, tiene una de sus más importante causas, aunque no la única, en el calentamiento que sufre el globo terrestre por la emisión a la atmosfera de gran cantidad de CO2, a través de los usos industriales y los medios de transporte que condicional el cambio climático altamente perjudicial, especialmente en los países como España con muchas zonas semidesérticas.

Decíamos en otras ocasión que ante la roñosería del cielo para beneficiarnos con la bendición de la lluvia, poco se puede hacer sino es tomar medidas atenuantes, unas de primera mano y al alcance de cualquier ciudadano responsable y civilizado: controlar el gasto doméstico, con el ahorro del agua a la hora de consumirla, algo que se debe de enseñar a los niños, desde su más temprana edad, y vigilar el gasto público y, claro está, otras mucho más profesionales que atañen a industriales y profesionales, que tendrían que ampliar para el bien común.

Por ello también es necesario recordar un artículo firmado por Antonio Ruiz de Elvira, catedrático de Física de la Universidad de Alcalá de Henares, que hablando de posibles soluciones ante este desastre ecológico afirmaba que “necesitamos agua, y la solución no es llevar el agua escasa que tenemos de unos lugares a otros (…) Necesitamos retener en el suelo la poco agua que caiga y necesitamos sombra. Los árboles son muy baratos y dan mucho trabajo. Además los árboles disparan la lluvia al emitir vapor de agua y fijan el suelo contra la desertización. Es Estado debe de dejarse de paños calientes y debe llenar España de árboles contra la sequía…” poco caso le estamos haciendo. Aquí en lugar de plantarlos, los quemamos…

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