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Testimonio de esperanza

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Testimonio de esperanza

Antonio García

Lo he visto publicado en Internet, y hoy mi artículo rendirá homenaje a una mujer que, por su entereza y valentía merece las primeras portadas de los grandes rotativos. Ella no leerá nunca este humilde escrito, pero desde aquí le envío mi admiración y agradecimiento, compartiendo su testimonio con mi pequeño círculo de lectores.

Se llama Rebecca Kiessling y nació en 1969, en Michigan, EE.UU. Hoy tiene cuarenta y ocho años y es abogada y activista antiaborto.

Su madre fue violada a punta de navaja y quedó embarazada de Rebecca. Queriendo deshacerse del bebé, consultó las salidas que tenía y le informaron de la posibilidad de realizar un aborto en clínicas clandestinas, dado que en Míchigan, en ese momento, el aborto era ilegal. Sin embargo, a causa de la insalubridad del matadero furtivo, sus allegados le impidieron realizar el infanticidio. Después de dar a luz, entregó a su hija en adopción.

Todos sabemos, al menos por los programas de la televisión, el fuerte instinto que impulsa al ser humano a conocer sus orígenes. Y Rebecca indagó, buscó, y encontró.

A los 19 años pudo reunirse con su madre biológica, Joann, quien le contó que su padre biológico era un violador en serie. Y le dijo con total sinceridad que si el aborto hubiera sido legal cuando se quedó embarazada, la habría abortado. Pero unos años más tarde, la señora Joann se retractó y confesó que estaba contenta y feliz de que su hija hubiera nacido.

A los 23 años, Rebecca se graduó en Derecho. Criada inicialmente en la fe judía, ese mismo año se convirtió al cristianismo. Desde entonces ha defendido el derecho a nacer, incluso en casos de violación e incesto. A los 29 se casó. Tienen cinco hijos: tres hijas biológicas y dos niños adoptados.

Fundó “Save The 1”, una organización pro-vida que ayuda a las mujeres embarazadas que, a pesar de haber sido violadas, rechazan abortar. Igualmente es cofundadora de Hope After Rape Concepción, que significa algo así como “esperanza después de la concepción de violación”. Y cofundadora, así mismo de Embryo Defense, que no necesita traducción.

Porque ella lo sabe: siempre hay esperanza. Siempre lo primero es la oportunidad de vivir, de existir, de ser. Después vendrá todo lo demás: la vida con sus cuitas y alegrías, sus triunfos y fracasos, sus amores y desamores… pero nunca, jamás, se puede privar a nadie del derecho a vivir. Ella lo sabe, y ella da testimonio con su vida.

En una charla dada en Perú hace pocos días, entre otras cosas dijo. << Estoy segura de que han escuchado a los defensores del aborto decir que es una barbaridad forzar a una víctima de violación a llevar “el hijo de un violador”. Soy la hija de una víctima de violación, y tanto mi madre como yo nos oponemos a esa forma de considerarlo. ¡El violador no tiene derechos sobre mí! Cuéntenles a los que les digan tales cosas: no nos insultes a mi madre y a mí de esa manera>>. <<En segundo lugar, es simplemente bárbaro castigar a un niño inocente por el crimen de otra persona. La justicia dicta que en una sociedad civilizada, castigamos a los violadores, no a los bebés. ¡Aquellos que matan a niños inocentes son los bárbaros! Yo no merecía la pena de muerte por el crimen de mi padre biológico. Mi propia madre había intentado matarme en dos abortos ilegales, y era pro-aborto cuando nos conocimos hace 29 años, pero hoy estamos agradecidas de que ambas estuviéramos protegidas por la ley en aquel entonces>>.

Y es que, so pena de estar ciegos de remate y ser insensibles como leños, ese fruto de las entrañas es un hijo. Se mire pos donde se mire. Y por la esencia natural de las cosas, una madre ama a su hijo, como el hijo por nacer amará a su madre.

Rebecca, dirigiéndose de frente a un hipotético violador, o legislador abortista le dice: <<Soy una persona y merezco la vida tanto con tú, tanto como cualquiera. Esa orientación de la vida es deshumanizante y desmoralizante, no solo para los que aún no han nacido, sino también para cada persona que vive concebida con violencia>>. Y en otro lugar comenta algo importantísimo, impactante: <<Si te importan las víctimas

de violación, debes protegerlas del violador y del aborto, ¡y no del bebé! El bebé no es el enemigo temible. Es absurdo sugerir que cualquier mujer debería temerle a un bebé>>.

Se cuentan por centenares los testimonios de mujeres embarazadas por violación, que resistiendo la tentación de abortar nos hablan de la inmensa felicidad y el gran amor que sienten por sus hijos, a los que una “mano angelical” protegió de una muerte prematura. Y de que no es cierto que un niño “prolongue el sufrimiento” de las víctimas de violación, sino todo lo contrario. Vivir con el recuerdo de haber asesinado a un bebé, es la carga más insoportable que puede llevar sobre sí un ser humano.

Y son numerosos los profesionales que en alguna época de su vida trabajaron en “mataderos abortivos” y un día abrieron los ojos, escucharon su conciencia y se hicieron paladines de la causa pro-vida. El ejemplo más icónico fue el Dr. Bernard Nathanson, que después de reconocer haber practicado él mismo más de setenta mil abortos, dedicó el resto de su existencia a defender la vida del no nacido.

Y también es curioso que los mayores defensores y propagadores de la causa pro-vida sean personas que sobrevivieron a un aborto, como Gianna Jessen, que resistió una inyección salina para abortarla, nació viva y cuyas conferencias se pueden encontrar y escuchar fácilmente en Internet.

Pero todo esto lo oculta la prensa y la televisión, poderosos medios de adoctrinamiento de masas, secuaces, lacayos, clientes y cómplices de la ideología de género y los lobbys abortistas. Y de la más abyecta y depravada industria que jamás ha existido ni existirá.

Amigos, aún estamos a tiempo de despertar. Nos estamos jugando nuestra propia dignidad de personas.

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