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SOLEDAD ALVAREZ… de carne y hueso

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SOLEDAD ALVAREZ… de carne y hueso

Siempre creí que eso del amor eterno pertenecía a la literatura. Aunque siempre ha sido hermoso imaginar, que alguien pueda querer de una forma tan pasional, hasta tal punto, que si uno se va, el otro se muere.

La vida es un camino que todos recorremos por sendas diferentes. Cada uno de nosotros estamos dotados de una singular sensibilidad y manera de mirar…, a día de hoy, sé, que mi protagonista es de carne y hueso. Que vive entre las páginas de un Hellín en el que un día encontró lo más maravilloso de la existencia: el amor.

Un amor que la vida te arrebató, dejándote en la más profunda de las soledades. Quizá por eso tu nombre es Soledad.

La conocí hace más de veinte años. Ella, con su clase y elegancia, subía una vez por semana por la Cuesta de los Caños y entraba en la imprenta de mi padre a entregar su escrito para el “Hellín Comarcal”. A mí me apasionaba leerla. Su forma tan sutil y cercana de expresar las cosas. Leer sus letras, era similar a tenerla al lado compartiendo ese tiempo de tertulias esperanzadoras. Despertó en mí una gran admiración. Aunque, en esos momentos yo era demasiado joven para entender que aquellas emociones a flor de piel escondían mucho dolor.

Los años han pasado. Las lluvias han caído seguidas de otoños y primaveras. Los árboles se vistieron y desnudaron de hojas. La luna recorrió sus ciclos. Las nubes consiguieron miles de figuras bajo el azul cielo. Las páginas de los calendarios se marchitaron, al igual que las florecillas silvestres del camino. Nacieron nuevos retoños y se fueron los más ancianos.

Hellín, crece y mengua.

El destino, o la casualidad nos encontró esta Semana Santa en una cafetería. Estaba igual: el corte de su pelo, su delicada figura, su forma de andar y esa mirada profunda que torpe de mí, no supe definir en los minutos que nos saludamos.

Me prometió un libro de poemas que había publicado y que me hizo llegar.

Esa noche devoré las sesenta y tres páginas de: “Insomnios confiados al papel higiénico”. Versos que hablan de “Cicatrices indoloras”, “Mañanas que no llegan”,” Nunca podremos estar”, “Desamparo en compañía”, “Tú burlaste al tiempo”.

Quiero decirte a través de este mundo de las letras en el que navegamos, que cuando me di cuenta estaba llorando. Tantas veces frente a ti y no supe intuir al dolor. Tus sentimientos me hicieron un nudo en la garganta y comprendí que el amor eterno es de carne y hueso. Que amaste vehemente en la presencia y en la ausencia. Que tu soledad es incierta, porque estás conectada al amor que jamás termina. Que nada te es ajeno, que tu poesía es un poco mía, que me siento orgullosa de encontrarme con tus versos.

Soledad Álvarez escribe con sangre, nunca con derrota. Soledad me transmite tristeza y me embriaga de esperanza. Su entereza se funde con la delicadeza de su rostro y en sus palabras pinta el aire de belleza. Porque el amor es eterno cuando de verdad se ha querido. Porque aunque duela, jamás llenara el alma de jirones. Porque más vale estar solo y enamorado, que acompañado y deshabitado por dentro.

Soledad merece el reconocimiento de todos los que la conocemos. Merece las disculpas de aquellos que no hemos sabido leer en su mirada y ojala que como tú misma deseas:

“Encuentres la primavera que perdiste en ese otoño sin tregua”.

“Encuentres un ungüento mágico que cure tus heridas”.

“Encuentres una luz deslumbrante para iluminar tu senda”.

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