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Se vende democracia a precio de saldo, por liquidación

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Se vende democracia a precio de saldo, por liquidación

Antonio García

Es que la que tenemos ya no nos vale. Y no nos sirve porque… quiso ser, pero no pudo ser. De manera que ahora se está preparando otra mucho más guay que, según algunos, es la que la inmensa mayoría de los españoles quiere. O sea, una democracia dictada por unos cuantos que asumen toda la responsabilidad, pues ya se sabe que el pueblo, aunque soberano, ni entiende de esas cosas ni tiene la más ligera idea de cómo y hacia donde caminar para encontrar la felicidad. Y se están dando pasos agigantados, cada vez más notorios y públicos, sin disimulos que valgan. Lo demuestra uno de los últimos casos que han caído en mi cesta informativa, aunque ya hay tantos que se podría escribir un libro.

Hace poco, el cardenal y arzobispo de Valencia, monseñor Antonio Cañizares, tuvo la ocurrencia de pronunciar una homilía en la que -¡válgame Dios!- se atrevió a defender a la familia. Y claro, se ganó lo que se ganó por discriminador, machista, homófobo, xenófobo, y no se cuantos “fobos” más. Y como no podía ser de otra manera, el lobby gay, feminista y no sé qué de género, en un acto que les honra como vigilantes de la igualdad y adalides de la democracia, presentaron una querella contra él ante la fiscalía, por meterse donde no le llaman. Donde no le llaman ellos, claro, que para algo son los que hoy tienen el máximo poder y la exclusiva para construir una sociedad dabuten y molona donde las “hayga”.

Un servidor se ha leído la homilía completa, pero les traeré aquí solo lo que a los expertos en coger el rábano por las hojas más les ha ofendido. Omitiendo, como hacen, el extenso alegato de Cañizares a la unión, el respeto y el amor por la familia. Y la protección y fortaleza, que debe fomentar todo gobierno bien nacido.

<<En la familia se juega el futuro del hombre y de toda la sociedad (ya empezamos, don Antonio). Es cierto, vivimos tiempos no fáciles para la familia. La institución familiar se ha convertido en blanco de contradicción: por una parte, es la institución social más valorada, al menos en las encuestas, también entre los jóvenes, y, por otra, está sacudida en sus cimientos por graves amenazas claras o sutiles (…) Ahí tenemos legislaciones contrarias a la familia, la acción de fuerzas políticas y sociales, a la que se suman movimientos y acciones del imperio gay, de ideologías como el feminismo radical o la más insidiosa de todas, la ideología de género. Esa situación es tan grave, y tiene tales consecuencias para el futuro de la sociedad, que se puede sin duda hoy considerar la estabilidad del matrimonio y la familia, y su apoyo y reconocimiento público, como el primer problema social, y de atención a los más débiles y a las periferias existenciales. Cuando se ataca o deteriora la familia, se pervierten las relaciones humanas más sagradas, se llena la historia personal de muchos hombres y mujeres de sufrimiento y de desesperanza, y se proyecta una amarga sombra de soledad y desamor sobre la historia colectiva y sobre toda la vida social. La familia debería ser la primera y gran prioridad mundial>>.

Como ustedes se habrán dado cuenta, ni siquiera en nombre de la libertad de expresión esto se puede tolerar. Palabras como éstas, que incluso pueden provocar una guerra civil, deberían estar prohibidas en todas las leyes y códigos, incluso en el de circulación.

De ahí que, el colectivo Lambda (gays y lesbianas) haya denunciado al cardenal ante la fiscalía y, no conforme con ello, le exige además que pronuncie otra homilía en la que quede claro que si dije no dije, o sea, en la que haga “una apuesta real por la diversidad”, al modo ecológico en que se defienden todas las especies animales que viven en el Planeta. ¿O eso es Biodiversidad? Ya no me aclaro.

Pero a más a más, igualmente ofendidos por el desafuero de este valiente cardenal, y solidarizados con los poderosos grupos de presión mencionados, las Cortes Valencianas se han erigido en caudillos de la nueva moral pública –que en adelante será dictada por los políticos- y han hecho una declaración institucional, reprobando las manifestaciones contrarias a las leyes de igualdad de género y el colectivo LGTBI hechas por el dichoso Cardenal. En el preámbulo, dicen estos jambos y jambas de las

Cortes que <<La normativa en materia de género, así como de respeto a la libertad de orientación e identidad sexual son normas que han convertido a nuestro país en uno de los más avanzados del mundo (les juro que me lo creo)>>. Ya lo decía Manolo Escobar: “España es la mejor…” Y prosiguen: <<La oposición frontal al espíritu de las normas (de género) es un enfrentamiento a la consecución de la propia convivencia democrática (¡Atención, la democracia peligra por culpa de Cañizares!). Las declaraciones del Cardenal, pese a que no reflejan el pensamiento de la mayoría de las personas que profesan el catolicismo (que lo saben ellos de buena tinta) y conviven en la Comunitat Valenciana, realizando un llamamiento a la desobediencia de normas que protegen contra la discriminación machista a las mujeres (he leído enterica la homilía y no he visto tal llamamiento a la desobediencia) y que permiten el libre desarrollo de los derechos del colectivo LGTBI, pueden avivar situaciones de violencia de diversa índole ante las que los demócratas, debemos reaccionar>>. El que avisa no es traidor: <<pueden avivar situaciones de violencia…>>. O sea, blanco y en botella. Nos estamos acostumbrando.

Para no cansar, si todavía no se han sacado ustedes el nuevo “Carnet de Demócrata Domesticado”, que les autorice a soltar impunemente cualquier burrada o a pegarle fuego a una capilla con total inmunidad, esténse calladitos y quietos o se las verán con la Fiscalía, a instancias del Gobierno y los LGBTI esos. Que son los que más mandan.

Aunque mejor, como dice Pedro Antonio Honrubia Hurtado, asesor de Podemos: “Los cristianos que se vayan a una isla y se hundan con ella”. Muerto el perro, se acabó la rabia. ¡Viva la democracia!

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