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Ricardo Magro Moreno…

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Ricardo Magro Moreno…

Sol Sánchez

Cada semana me aprovecho de este espacio, para hablar de las cosas pequeñas que considero merecen la pena. Lo mismo me pasa con esas personas en las que, por alguna razón, me paro y me inspiran buenos presentimientos.

Me he cruzado en la vida de Ricardo, actual párroco de la Parroquia, por mi hermano Ángel Luis, y sé que él tiene un “buen ojo”, ya que sólo se mueve por su instinto en el cariño de los demás y el respeto. Si mi hermano cree…, yo creo.

Me acuerdo de algunos de los curas que han ido pasando por nuestro pueblo: don Alfredo, don Francisco, don Enrique, don Victoriano.

Guardo con mucho cariño un recuerdo de la niñez, en el que al pasar por la muralla del parque, siempre había sentado un fraile con barba blanca que a los niños nos regalaba caramelos.

Con los años supe que estaba en los Capuchinos. También recuerdo a don Cayetano, muy amigo de mi padre y vecino de la imprenta.
Pero tengo que reconocer que en los años de mi adolescencia, fue don Santiago el que nos despertó muchas inquietudes. Sin sotana y esas cosas, consiguió que la chavalería nos reuniéramos en los clubes de la Parroquia.

Impartíamos Catequesis a los más pequeños y las misas de los domingos eran magistrales, dignas de recordar. Algunas veces lo acompañábamos a excursiones, hacíamos obras de teatro, los chicos jugaban al ping pong y las chicas preparábamos numeritos de bailes. Me parecieron años maravillosos bajo el trozo de cielo que brilla sobre la Iglesia. Era nuestra “cabaña” particular a la que acudíamos en nuestro tiempo libre.

Ahora, al ver a Ricardo en la Parroquia y haber tenido la suerte de compartir algunas tertulias con él, me doy cuenta, que es un hombre jovial que no necesita llevar como tarjeta de presentación los Mandamientos. Que se muestra campechano y demuestra una gran preocupación por la gente y los problemas del pueblo. Es un hombre que al entrar en un espacio no deja hueco para la tristeza. Que muestra un profundo cariño y respeto por aquellos que en el día a día necesitan de su palabra.

Reconozco que en algunos momentos, de manera sutil, he indagado en su manera de pensar, saber cómo opina un hombre joven de hoy en día, dedicado al mundo eclesiástico. Al final, mi conclusión es que, aquellos que conviven con Ricardo son afortunados, lo mismo que nuestro pueblo, al disponer de una persona entregada, con una profunda necesidad de trabajar, participativo con nuestras costumbres, amigo de todos, sencillo, positivo, tolerante y paciente.

Alguien me comentó que había muchas posibilidades de que este “club juvenil” de la Parroquia volviera a resurgir. Creo que es una idea muy acertada que beneficiaría a los jóvenes hellineros. Les permitiría conocer aquellas sensaciones de antaño en un tiempo en el que las relaciones eran “piel con piel”. Sin tecnología, entre las centenarias piedras de un lugar sagrado que nos impregnaba de Historia. La de veces que observé (desde la pequeña ventana que se abre en la fachada de la Iglesia) el devenir de las gentes de nuestro pueblo…, la caída de los días. A las mujeres ancianas cruzando la plaza camino de la misa de las ocho. Mujeres imbuidas en sus pensamientos, ovillando secretos con los dedos de sus manos. A don Santiago corriendo de aquí para allá, siempre con papeles bajo el brazo. Las veces que me apresuré en silencio por el altar, buscando resquicios de algún misterio.

Que me paré a mirar cómo se consumía la llama de alguna vela, que descubrí la belleza reflejada en el rostro de nuestras Imágenes más queridas y veneradas. Hice aquella Parroquia un poco mía. Y recuerdo que conseguí hallar alguna respuesta a esos debates existenciales que todos tenemos. Fui impregnándome de una buena conducta sin imposiciones. Aprendí los valores que nos convierten en buenas personas. Nadie me obligó a rezar, ni a arrodillarme…, pero supe de respeto, solidaridad, amistad. Aprendí a colaborar, enseñar a los más pequeños y aprender de los mayores.

Veo en Ricardo, a esa figura que fue tan importante para nosotros: don Santiago. Es evidente que en otros tiempos, con otra personalidad, maneras y forma de vida diferente…, pero estoy convencida que Ricardo conseguirá ser “amigo” de aquellos que decidan participar en este proyecto. Que su palabra ayudará a encontrar el camino de las cosas simples que nos llenan. Que los “valores” que hoy me parecen ausentes, volverán a resurgir y tomar fuerza. Que los chicos y chicas hellineras acariciaran esas centenarias paredes por las que pasaron sus padres y podrán mirar por la pequeña ventana al Hellín de siempre en el que no desaparecen las viejas costumbres. Encantada de conocerte Ricardo Magro Moreno.

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