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¡Pilar Valcárcel y Luis el fotógrafo!

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¡Pilar Valcárcel y Luis el fotógrafo!

Sol Sánchez

Llegan las fechas navideñas. El otoño se estrechará en breve la mano con el invierno. Se tornarán más marrones los campos y las hojas de los árboles se arremolinarán por el suelo.

Caen los días en el calendario y vamos cumpliendo algún sueño. Se tiñe nuestra vida de cumpleaños, mientras en nuestro interior nos iluminan las mariposas brillantes de la Navidad.

Pasamos por la existencia construyendo el gran proyecto de vivir.

Somos presente y somos recuerdos. Por eso me gusta en las tardes de otoño, abrigarme con el calor del fuego de aquellos días que permanecen anclados en mi memoria, igual que los barcos se amarran en el puerto.

Me entusiasma encontrarme con personas a las que puedo decir que son pasado y presente en mi vida. De las que me alegro mucho que hayan superado esa batalla por la existencia, al comprobar que muchos de su generación se quedaron en las laderas de un camino injusto.

Me gusta hablar de la querida y sencilla gente de mi Pueblo. Describir lo que me inspiran y agradecer los encuentros con ellos. Compartir mis días que son los suyos, en una maraña del destino que nos ubicó en el mismo espacio en el que pudimos respirar, bajo el mismo cielo junto a las estrellas que quedaron por conquistar y que yo nunca olvidé.

Si abro el álbum de fotos y acaricio esas instantáneas que aún se pueden tocar, mis pensamientos se trasladan hasta el pequeño estudio de Luis el Fotógrafo, junto a la Cafetería Titos. Ese hombre alto, elegante, que caminaba por las calles con largas zancadas. Ese hellinero tímido, siempre con una sonrisa aparcada en su rostro. De pocas palabras y correctas, con cierta timidez que escondía la grandeza de sus horas a través de un objetivo por el que se asomaba a ver pasar la vida, por el que nos veía y a través del que creía en nosotros.

Luís era muy amigo de mi padre, por eso las fotografías de estudio que guardo de pequeña las hizo él. Por eso siento un aprecio especial hacia su persona.

Pilar es su mujer. Una hellinera radiante de vida. Nunca había hablado con ella, pero yo conocía y sabía de su existencia porque Pilar jamás pasaba desapercibida. Su tono de voz dejaba ver la alegría que trascendía por sus poros. Siempre atenta a los vecinos. A todos los que visitaban el Ambulatorio. Pilar formaba y forma parte de la vida cotidiana de nuestro Pueblo, de sus paisanos, de un caminar diario en el que los problemas de los demás son los suyos propios…, por eso es tan querida.

Ahora nos unen cosas. Es adorable con mi hermano Ángel Luis, con sólo mirarnos ambas sabemos muchas cosas, lo mismo que con su marido Luis.

A veces, está bien festejar la vida, cumplir años. Está bien agradecer la presencia de esas personas que al verlas te hacen sentir en tu propio hogar. Está bien que el otoño se encuentre con el invierno en ese instante en el que acaricio una foto cuya imagen nunca se cubrirá de olvido…, porque a veces el presente se encuentra con el pasado para recordarnos que en Hellin existen personas que al mirarme saben de mí, de dónde vengo y quién soy.

Muchas cosas habrán cambiado, pero en el fondo somos los mismos.

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