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Pablo Cánovas, ganador del concurso de microrelatos “Hellín, 120 de ciudad”

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Pablo Cánovas, ganador del concurso de  microrelatos “Hellín, 120 de ciudad”

Con un escrito basado en un crimen pasional ocurrido en 1932

El compañero de los medios de comunicación, Pablo Cánovas, ha sido el ganador del Concurso de microrrelatos, “Hellín, 120 años de ciudad”, promocionado por la concejalía de Cultura, correspondiente al mes de febrero que llevaba como tema de referencia “el carnaval”.

Así lo dieron a conocer el concejal Juan A. Andújar y la coordinadora de las Bibliotecas, que ejercía como presidenta del jurado calificador.

El concejal socialista, indicó que en este escrito está basado en un hecho real, ocurrido en el carnaval del año 1932, como protagonista una mujer apodada “La Grilla” autora de un crimen pasional, que tuvo lugar en el desaparecido Teatro Principal.

Asimismo añadió que se han presentando 11 relatos y que había aumentado la calidad.

Por su parte, Lola Marín, que leyó el acta del jurado, anunciando que el trabajo había llegado al concurso con el nombre de “Basado en hechos reales” con el seudónimo de “Luisa Mejias”. Tras dar la enhorabuena al ganador, Marín quiso animar a los jóvenes para participar. Sus compañeras en el jurado fueron Beatriz Esteban y María Antonia Martínez, como vocales y María Rosario Varela como secretaria.

Por último Pablo Cánovas dio lectura de su microrrelato.

Basado en hechos reales

Dos perras chicas le impedían franquear aquellas puertas. Dolores “La Grilla” había llegado hasta ellas embozada en una máscara desde la calle Alfarerías. La fachada del Teatro Principal era un bullicio de rostros cubiertos que esperaban su turno para entrar al gran baile y Dolores solo tenía ojos en la búsqueda de un gesto, una complexión, una mirada que delatara la presencia de Francisco.

Lo vio tras pisar el interior de una sala, caldeada por braseros, murmullos y aquella música mal interpretada. Reconoció sus espaldas y sus manos, que estrechaban con fuerza unas caderas femeninas. Confirmó entonces aquello que nunca hubiera deseado. Su amado no solo no la había acompañado, sino que la había humillado escoltando a otra.

Salió corriendo de allí pero la detuvieron en la calle Alhóndiga. La sangre en las manos se secaba rápidamente por el frío de aquel domingo de febrero. En la sala Francisco agonizaba con un cuchillo clavado en el corazón. Su máscara ocultaba en parte su expresión de terror.

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