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Momentos entrañables

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Momentos entrañables

Sol Sánchez

De nuevo en los entrañables días de Feria. Y como a todos los hellineros que estamos lejos físicamente, me encantaría poder estar allí.

La verdad es que no me puedo quejar, a pesar de estar a muchos kilómetros de distancia, hoy en día se pueden acortar gracias a los eficaces medios de transporte, y en mi caso, sé que cada tiempo libre del que disponga estaré ahí.

En mis últimas visitas he tenido la suerte de pasar algunas primeras horas de la mañana tomando un café en un lugar que me parece muy acogedor: la cafetería del hotel Reina Victoria. Al principio me gustaba por esa decoración que me recuerda a los pubs ingleses. Después me atrapó porque desde mi mesa, discretamente, podía ver entrar y salir a personas que formaron parte de mi devenir diario por las calles hellineras. Entonces ellos dirigían los establecimientos de la ciudad y hoy están felizmente jubilados. Y entre mis pensamientos jugando a reconocer a esas entrañables personas, pude conocer a un grupo de señoras que cada mañana eligen este discreto lugar para sus encuentros matutinos. Mañanas de verano, o invierno, en las que un pequeño rincón se viste de grandes historias. Mujeres que arrullan esfuerzo, tenacidad, a veces dolor. Mujeres que han tenido la suerte de levantar a un pueblo, a sus afectuosas familias, que recogen el fruto de ese impulso, que son necesarias. Mujeres que llegan con ilusión, con cosas cotidianas, que tienen proyectos, que llevan prisas. Que afirman tener años a la espalda y lo dicen con sueños todavía por descubrir. Mujeres que dan, que te hacen un hueco en sus vidas, que sin darse cuenta acogen y abrazan.

Soledad aporta su poesía, sus versos, su romanticismo y manera tan particular de mirar la vida. Ella es una mina de letras que necesita ordenar, un pozo sin fondo de pensamientos y sentimientos que crecen desmesurados en un espacio limitado. Ella es la cortesía y el orden. La discreción y la buena voluntad.

Loli Ortega es abuela de sus nietos, pero es la nieta que necesita vivir con intensidad. Es la mujer que quiere comerse el mundo para aprender de todo. Ella observa, analiza y confía. Loli llega cada mañana con una vitalidad envidiable. Me gusta su sonrisa, su pasión. Ella me hace pensar que la vida es corta, que hay personas por las que los años no pasan dejando mella, y

que si la deja, ella se la maquillaría para continuar con ilusión. Loli es la alegría, la disposición y la ocurrencia.

Juani Ortega tiene ese aire de las divas, con una personalidad que parece estar cerrada a cal y canto. Aparenta ser reservada y cautelosa. Su mundo es interior. Juani es una niña prisionera en un cuerpo de mujer. Ella llega desconfiada ante lo que no conoce pero es fácil desarmarla. La amistad y el cariño es el calor que derrite su apariencia. Necesita simplemente, esas demostraciones para que te abra su alma y te lo de todo. Juani es generosa y servicial. Hace las mejores migas del mundo, te brinda su casa como su corazón y te regala todo lo que te gusta. Pocas personas se encuentran hoy en día con tal calidad humana.

Mari es la esposa de mi apreciado “Manolo el de la Cabaña”. Ahora entiendo ese dicho que dice que detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer. Ella es la señora que bien puede representar a las madres hellineras. Luchadora, fuerte, sensata. Con ella se pueden pasar horas y horas en conversaciones. Escuchando con la pasión que narra las situaciones que ha vivido en un Hellín de años complicados, de los que ha sacado lecciones importantes que me gusta que me transmita. Sus manos en verano huelen a tomates y pimientos recién cogidos, a nietos, hijos, amigos… Desprende un encanto especial, además de ser una mujer muy atractiva. Ella no lo sabe pero en ocasiones he tenido ganas de recostar mi cabeza sobre su hombro y que siguiera hablándome mientras me tocara el pelo. Me despierta sentimientos de necesidad fraternal, de arrullo y cercanía.

En la foto está el chico que nos atiende y que al segundo café que te tomas te hace sentir de la familia. Me gustan esas mañanas que nos unen en un encuentro inolvidable con los poemas, sueños, anécdotas y una vida cotidiana que pasa dulce, sin darnos cuenta, en un pequeño rincón de Hellín con la mejor de las compañías. Espero poder pasar las pruebas que me dejen formar parte de este clan, sus secretos y proyectos. Quizá en estos días otoñales que se aproximan, se dignen a proclamarme componente del grupo y poder aportar mi gratitud y admiración hacia cada una de ellas.

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