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Mi generación…nuestra generación

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Mi generación…nuestra generación

Por Sol Sánchez

Reconozco que soy muy despistada y hay algunas cosas que me pasan por alto, como ha sido pararme a valorar los nombres que se les da a las distintas generaciones. Está la “Generación de Los Nini”, “Generación Y”, “Generación X”, y hoy me he enterado que la nuestra es la “Generación de Los Baby Boomers”.

No me importa mucho cuál era el nombre que nos define, pero lo cierto es que para mí fueron tiempos únicos y muy especiales.

Tiempos en los que vivimos una forma de vida que jamás volverá a repetirse.

Fuimos chicos y chicas que ni siquiera soñaron con los teléfonos móviles, televisores de plasma y alta tecnología…, pero manteníamos la esperanza y muchos valores.

No descubrimos la moda de los pantalones destrozados y enseñábamos la raja del “culo”. Éramos aquellos románticos que dibujábamos corazones con el bolígrafo sobre los vaqueros y escribíamos la primera letra o el nombre completo del chico, o la chica que nos gustaba.

Éramos los que comprábamos el Súper Pop, los tebeos de Zipi y Zape, el Capitán Trueno, Guerrero del Antifaz, y el Equipo-A.

Somos los que veíamos a nuestras tías y madres leer Corín Tellado y escuchar las novelas a través de la radio, y a nuestros tíos sacar brillo a su moto “Bultaco, o Rieju”.

Escuchábamos música en los radio cassette y coleccionábamos discos de vinilo.

Nos dejábamos mensajes escritos en papel bajo una piedra.

En nuestra generación existían frases legendarias sobre las que ya ha llovido mucho, se han cubierto de polvo, incluso algunos puede que hayáis olvidado.

Frases que siempre serán nuestras, nos pertenecerán hasta en la eternidad.

Frases que nos regalaron lo mejor de nuestra vida.

¿Quieres salir conmigo? Era una de ellas.

En mis tiempos los chicos nos pedían salir y eso me encantaba. Aquella pregunta era esperada…, rezábamos todo lo que sabíamos para que sucediera. Sonaba casi acompañada de violines y guitarras. A veces nos la decían cara a cara y otras nos llegaban escritas en un papel (que aún guardamos), o era una amiga la encargada de hacer de intermediaria.

La escuché unas cuantas veces y recuerdo ahora esos momentos como si hubiesen pasado ayer. Casi siempre respondíamos: “Lo tengo que pensar…”. Pero era mentira porque ya lo sabíamos desde antes que preguntaran.

¿Os acordáis de ese primer día en el que salías con alguien?

Normalmente los chicos nos esperaban cerca de casa. Eran las seis y nosotras llevábamos desde las tres mirándonos al espejo. Ese día no sabías que hacer, qué decir, o cómo comportarte.

¡Qué nervios!

¿Recordáis esa primera vez en la que pronunciasteis: “Te quiero”? Para mí que son palabras que han quedado prendidas en el aire hellinero. Algo tan sublime no puede perderse, ni borrarse. Si es verdad que existe la poesía y el romanticismo…, desde cada rama de un árbol deben prender nuestros “Te quiero”.

Éramos la generación de: ¿Quieres bailar conmigo?

Otra frase que suena a melodía en mis oídos. Solíamos ir a la discoteca los fines de semana y fiestas de guardar. Blanco y Negro, Carnaval, Rincón, Capri… Sábados en los que tenía que esperar que comenzara en la tele “Aplauso” y mi madre me dejara salir…, eso sí, puntualizándome una y mil veces que tenía que volver a las diez de la noche en punto.

Me encantaba entrar a la discoteca y encontrarme con mis amigas, las luces de colores, los espejos en los que disimuladamente me miraba, el humo que todo lo impregnaba…, me fascinaba el momento en el que se apagaban esas luces, se despejaba la pista y alguien se acercaba a nosotras y nos decía: ¿quieres bailar?

Había veces que me resultaba muy difícil decir NO porque el chico no me gustaba, y me tocaba buscar una y mil razones para que no se sintiera ofendido. Pero otras el corazón me palpitaba a mil por hora. Aceptaba salir a la pista y dar vueltas y vueltas, que a veces me parecían un mundo aparte, bajo los temas de los italianos de moda. En esa simple tontería de dar vueltas contábamos al otro nuestro pasado, presente y lo que esperábamos del futuro, mientras lo pisábamos y grabábamos en nuestro olfato su perfume. Yo era de las que me ponía nerviosa y hablaba sin parar sin saber lo que decía.

Momentos en los que alguna canción se convirtió en especial y al escucharla hoy la sentimos como única y nos emociona.

¿Te acompaño?

Los chicos nos acompañaban hasta la puerta de casa. Recuerdo llevar a alguno por doscientas calles antes de llegar a mi barrio para así poder estar más tiempo. Creo que jamás pensaron que el Pueblo podía ser tan largo.

Recuerdo que muchas veces no me daba cuenta de que las diez se habían pasado y tenía que salir corriendo como Cenicienta. ¡Pero no importaba! Llegaba a casa cubierta de momentos felices que me servían de parapeto contra los castigos y represalias de mi madre.

Me gustaba la forma como tratábamos las relaciones. Aquellas esquinas cercanas en las que nos esperaba un beso inesperado y veíamos las estrellas parpadear. Esa tarde de cine en la que nuestras manos se rozaban y te quedabas sin moverte, casi sin respirar durante toda la película. Los abrazos y las promesas en la oscuridad del parque escuchando a los grillos en verano, y respirando el frío del invierno. Hasta ese encuentro casual con alguien que te gustaba y a quien jamás alcanzarías, hoy me parece mágico.

Pegábamos su foto en blanco y negro con chinchetas en la pared de nuestro cuarto y la desgastábamos de tanto mirarla y tocarla. Teníamos que esperar a que pasara toda la semana para volver a encontrarnos. Pero no importaba, porque mientras tanto soñábamos.

¿Os acordáis de la mili? Casi todas nosotras teníamos a alguien muy querido en la mili. Me molaba ver a los chicos vestidos con el traje de militar en las fotos que había en casi todas las casas.

Éramos una generación en la que nos gastábamos las pocas monedas de cinco duros que teníamos en las cabinas de teléfono llamando a la chica o el chico que habíamos conocido en una Semana Santa, Feria, o verano. Era un placer encerrarnos entre esas cuatro paredes de cristal a solas y hablar y decir todo aquello que nos diera tiempo, aunque siempre se nos cortaba en lo mejor.

Somos de unos tiempos en los que escribíamos cartas de papel con tachones. Yo me impregnaba las manos de colonia para que el papel oliera a mí y casi siempre me pintaba los labios y los marcaba sobre mi firma (ja ja…, que boba, ea). Recorríamos las calles en busca del buzón más próximo para echar la carta y pasábamos días que llenábamos con la impaciencia mientras nos llegaba una respuesta, que al menos yo, leía una y mil veces.

Y éramos de las que hacíamos un drama de todo. Las rupturas con los chicos que salíamos eran de lo más melodramático, y es que así tenía que ser: con pasión, con duelo y a la semana se nos pasaba y a volver a empezar, mientras que el baúl, la caja, o el cajón en el que guardábamos nuestras cosas íntimas se iba llenando de cartas y fotos y renovábamos la letra de los pantalones.

Éramos aquellas que nos intercambiábamos la ropa con las amigas. Éramos las que teníamos que pedir a esas amigas que vinieran a recogernos a casa porque no nos dejaban salir y tenían que prometer a nuestra madre que después nos acompañarían hasta la puerta. Hacíamos autostop (alguna vez) porque nada había que temer, e íbamos a las fiestas de los pueblos cercanos. Porque esa era otra: las fiestas. Plazas con orquestas, banderitas y cohetes…

Esa era nuestra generación. En ella aprendí a conseguir las cosas con esfuerzo. A tener respeto hacia los demás. En ella me adentré en pequeñas guerras revolucionarias en las que intentar cambiar el mundo, cuando realmente aquello era parte del mejor mundo.

En ella no presentí que el tiempo pasaría con mucha rapidez, y que personas queridas se iban a quedar atrás.

Aún así, me siento feliz de nacer en aquellos años, de soñar con utopías, de hacerle dar vueltas y vueltas a los chicos hasta llegar a casa, de bailar bajo las luces de colores y de colgar bastantes “Te quiero” en las ramas de los árboles.

Ahora cuando vuelvo a reencontrarme con mi gente del ayer me gusta saber que muchos han conseguido sus sueños, que llegaron a vivir con la chica o el chico con el que soñaron y que son felices.

Con otros, me siento a contarnos lo que el amor nos ha dolido, o decepcionado y a veces sigo teniendo ese encuentro casual con alguien que me gustaba y a quien jamás alcancé, pero me siguen pareciendo momentos mágicos.

Gracias amigos por leerme una vez más.

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