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Mahoma y el Islam (II)

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Mahoma y el Islam (II)

Por Antonio García

Desde Medina, Mahoma (Muhammad) comenzó a formar un poder que rápidamente se propagó por los oasis y desierto circundante. No solo incrementó sus adeptos religiosos, sino que formó un verdadero ejército. Pronto se lanzó a una lucha armada contra los Quraish por el control de las rutas comerciales. La consigna era clara: <<Cuando los Quraish se mostraron insolentes con Dios y rechazaron su gracioso propósito… Él autorizó a su apóstol a combatir y protegerse>>. Así se formó el carácter de la nueva comunidad. Adquirieron la convicción de que Dios y lo ángeles combatían de su lado.

Durante este período de poder y de lucha, las enseñanzas del profeta adquirieron su forma definitiva. En un principio hay mayor preocupación por definir las observancias rituales de la religión y la moral social, las reglas de la paz, la propiedad, el matrimonio y la herencia. Pero pronto la enseñanza cobra carácter más universal, dirigida a toda Arabia pagana y, por extensión, al mundo entero, y se separa más claramente de las doctrinas de los judíos y cristianos de las que Mahoma había tomado gran parte. Los judíos habían formado parte de la alianza original, pero cuando Mahoma pretendió afianzar “su misión”, la situación se volvió difícil. Finalmente, algunos clanes judíos fueron expulsados y otros exterminados.

Mahoma se incluía en el linaje de Abraham y aceptó la existencia de profetas anteriores, como Jesús. La idea de que Abraham era el fundador de una elevada fe monoteísta ya existía. Pero él se consideraba, y así lo enseñó, que era el último y definitivo “enviado”. Se lo vio como un hombre que no era judío ni cristiano, sino un antepasado de ambos y también de los musulmanes.

Al final se llegó a una suerte de reconciliación entre Mahoma y los Quraish de la Meca, en vista del crecimiento de los partidarios del Islam, y entendiendo los mercaderes que peligraban sus alianzas con los jefes tribales y su control del comercio. Y por otra parte los partidarios de Mahoma no podían sentirse seguros mientras La Meca fuese hostil. Como se entendía que el haram de La Meca (zona de paz) lo había fundado Abraham, se aceptó como un lugar donde se podía peregrinar.

En el año 629 las relaciones se habían estrechado bastante y podía permitirse que la comunidad peregrinase a la Meca. Al año siguiente, los jefes de la ciudad se vieron forzados a entregarla a Mahoma, quien la ocupó sin hallar apenas resistencia, y anunció los principios de un nuevo orden: <<Yo anulo todos los reclamos de privilegio o sangre o propiedad, excepto la custodia del templo y el suministro de agua a los peregrinos>>. Pero Medina siguió siendo su capital. Desde allí ejerció la autoridad sobre sus partidarios, no tanto mediante un gobierno regular como apelando a la manipulación política y el predominio personal. A la muerte de Jadiya contrajo nuevos matrimonios (unos once) bastantes de los cuales se concertaron por razones políticas, llegando incluso a casarse con niñas menores de diez años. No existía un gobierno o un ejército organizado, sólo Mahoma como árbitro supremo con una serie de representantes, una leva militar de creyentes y un tesoro público que procedía tanto de donaciones voluntarias como de tributos que cobraba a las tribus que se sometían. Los jefes tribales necesitaban llegar a acuerdos con él, porque Mahoma controlaba los oasis y los mercados.

En el año 632 realizó su último viaje a La Meca, y su discurso quedó registrado como el anuncio final de su mensaje: <<Sabed que cada musulmán es hermano de otro musulmán, y que los musulmanes son hermanos>>. Debía evitarse la lucha entre ellos, y la sangre derramada en los tiempos paganos no tenía que vengarse. Los musulmanes debía “combatir” contra todas las personas hasta que dijesen: <<No hay más dios que Dios>>. Ese mismo año falleció. Sus enseñanzas quedaron recogidas en el Corán, libro sagrado de los musulmanes.

A su muerte, hubo un momento de confusión entre sus partidarios. Por debajo de Alá aún había que desempeñar un papel: el de árbitro de las disputas y la toma de

decisiones en el seno de la comunidad. Había que elegir un sucesor (un jalifa, de ahí la palabra <<califa>>). El elegido fue Abú Bakr, cuya hija Aisha era esposa de Profeta.

Así pues, Mahoma, auto investido de autoridad religiosa, diestro negociador y hábil manipulador político, consiguió el poder absoluto en la mayor parte de Arabia: político, comercial, militar y religioso. Cuenta la historia que él mismo combatió y mató en numerosas expediciones. Y como su enseñanza tenía un carácter universal, el haram que había establecido no tenía límites naturales. Sus sucesores, ya dotados de ejércitos profesionales organizados, comenzaron la expansión logrando la conquista de un gran imperio, a costa de la debilidad de los imperios limítrofes. De manera que el Islam, desde el principio, se extendió por el “filo de la espada”. Mahoma y sus seguidores practicaban y animaban a hacer Al-Yihad.

Para terminar, una anécdota: ¿Cómo fue la actitud de Mahoma contra los adversarios? Cuentan varios episodios recogidos de algunas fuentes antiguas que, en el comienzo del Islam, en La Meca vivía una mujer anciana de casi cien años, de nombre Um Kalta, conocida como la sabia del pueblo. Um Kalta manifestaba su rechazo total al Islam y a su fundador Mahoma. Cuando él y sus seguidores conquistaron La Meca, Mahoma se acordó de Un Kalta que le insultaba y negaba su mensaje. Entonces mandó un grupo de musulmanes a casa de Um Kalta para detenerla. La pusieron boca abajo, ataron cada pie en el cuello de un camello, y mandaron a los camellos a andar en direcciones contrarias hasta partirla en dos. Un acto de terror para asustar a sus adversarios, someterlos y obligarlos a la conversión.

(Continuará)

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