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Los sabios también chochean

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Los sabios también chochean

Antonio García

El fin del mundo está al caer. Y esta vez va en serio, no como las otras veces. Porque como ustedes saben, uno de los acontecimientos sobre el que más se ha “profetizado” a lo largo de los tiempos ha sido “la” fin del mundo, como decimos en mi pueblo, sin que todavía me haya sido posible averiguar el por qué del artículo femenino. Pero vamos, que eso es lo de menos. Sea el fin o la fin, cuando llegue nos van a dar igual ocho que ochenta.

¿Una guerra nuclear?: ni hablar, eso lo dicen para meternos el miedo en cuerpo. Y que estemos pendientes de los telediarios para ver horrorizados si a Corea del Norte se le va el pistón, si EE.UU. quiere ensayar las bombas que tiene en la despensa –que para eso están fabricadas y pagadas-, y si Rusia, para no ser menos, se apunta a un bombardeo. Así, mientras tanto, los políticos nos la seguirán metiendo por otro sitio, mientras aparentamos no darnos cuenta.

El último y definitivo oráculo de los dioses finmundialistas es, nada más y nada menos que Stephen Hawking, el afamado físico teórico y cosmólogo inglés, que como sabemos padece una terrible enfermedad, relacionada con la esclerosis lateral amiotrófica que le ha dejado completamente paralizado. También es divulgador científico, que por lo visto es lo que últimamente más le está llenando la cartera, con el aliciente de que no deja de aludir a Dios, para confesar abiertamente su ateísmo. Es decir, pura operación de mercadotecnia (marketing, en extranjero). Esencialmente, porque en una tarea de divulgación científica, no se puede, como hace él, estar utilizando continuamente la palabra Dios, porque sus obras ni son teológicas ni tan siquiera filosóficas.

Para ilustrarlo, les pondré esta insigne y eminente tontería: <<Creo que el Universo está gobernado por la leyes de la ciencia>>. Anda, estudia pa esto… En su libro “El Gran Diseño” afirma que, una nueva serie de teorías torna superfluo pensar en la existencia de un creador del Universo, que Dios no lo creó y que el big bang (teoría formulada en 1927 por Georges Lemaître, sacerdote belga) “fue la consecuencia inevitable de las leyes de la física”. Es decir, no una causa, sino una “consecuencia”. ¿Me siguen? Averigüen ustedes la contradicción.

Lo que no nos explica es quiénes fueron esas señoras Leyes de la Física -existentes antes que el big bang-, preclaras damas que, viviendo en la nada más absoluta un día, paseándose aburridas por el infinito, pensaron en hacer la Creación, y se inventaron el susodicho big bang. También dice el sujeto que la ciencia y la religión son incompatibles. No suelto una carcajada y un taco, porque me estoy volviendo fino y comedido. Se ve que este hombre no está al día.

Puestos ya en antecedentes, les cuento. Ahora el señor Hawking se descuelga asegurando que <<los seres humanos tendremos que abandonar la Tierra en 100 años si queremos sobrevivir>>. Este físico teórico ha lanzado una seria advertencia: el futuro de los seres humanos está en el espacio, y que debemos pensar en colonizar otro planeta si queremos subsistir: <<la Humanidad debería estar pensando muy en serio un plan de escape para huir de los problemas que se nos vienen encima>>. Y oigan, 100 años se pasan en un santiamén. No es para tomárselo a chunga, que lo dice el considerado como una de las voces más importantes de la ciencia. De manera que, vayamos preparando las maletas, eso sí, con lo más imprescindible si no queremos padecer un infarto a la hora de facturar el equipaje. ¿Qué a usted le da igual porque no piensa vivir cien años

más? ¡Pues déjese de egoísmos y sea solidario, hombre! ¿Es que no tiene hijos, nietos, biznietos… o lo que sea que lleve sus genes en el futuro cercano?

Sin embargo, y dicho todo esto, estoy pensando que no debemos precipitarnos, por mucho que diga este importantísimo jambo.

Vamos a ver. Como no quiero llamarlo ignorante –ni creo que lo sea-, solo se me ocurren dos posibilidades: o nos quiere tomar el pelo dándole morbo a sus “libros científicos”, de paso que gana un pastón, o chochea a más no poder. Que yo me barrunto ambas cosas a la vez.

Lo primero es que la ciencia no tiene leyes, es la Naturaleza la que se rige por ellas. La ciencia no inventa nada: solo descubre lo existente, lo describe y lo manipula. Lo segundo es que si existen “leyes”, ni más ni menos es porque hay un legislador –llámenle como quieran-. Y lo último es que, cualquier científico serio, aunque sea becario sabe que es absolutamente imposible que el ser humano pueda vivir fuera de la Tierra. Digo más, aún haciéndole caso a este guasón, ¿van a haber “cohetes” espaciales para sacarnos a los siete mil millones de habitantes de aquí, o solo se salvarán los muchi-millonarios? Y otra cosa, ¿cómo coño vamos a empezar en otro planeta, donde ni siquiera habrán repetidores de telefonía móvil, estadios de fútbol ni peluquerías de señoras?

Pues si quieren que les dé mi opinión, este señor chochea. Sin descontar, por supuesto, la cantidad de crédulos gilipollas que habitan el planeta Tierra.

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