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Los nuevos Herodes

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Los nuevos Herodes

Foto: Dolors Monserrat, Ministra de Sanidad

Antonio García

El tópico de siempre: <<Año Nuevo, vida nueva>>. Cuando todos sabemos que, en realidad, nada va a cambiar. Por una sencilla razón: porque nada hacemos para que cambie nada. A nivel personal, puede que usted tenga algunos propósitos firmes, proyectos pendientes (le deseo suerte), pero a nivel social, perdonen mi escepticismo.

En Diciembre de 2012 me referí en un artículo a los Santos Inocentes, que por cierto nada tienen que ver con el pardillo al que le colamos una broma, sino con aquellos que, sin culpa alguna, fueron asesinados por los intereses personales de un sátrapa, Herodes I el Grande. Hace algo más dos mil años.

Desde hace unas décadas el “herodismo” ha cobrado pujanza. Pero ya no está representado por el gobernador de una pequeña provincia romana. Y no solo está dirigido y promocionado por las más altas instancias mundiales, sino que ha calado de lleno en una sociedad irremediablemente decadente y cobarde. Solo unos pocos países, como la aldea gala de Asterix, resisten al invasor, a pesar del agobiante e insistente acoso de Naciones Unidad, la Unión Europea y demás instituciones genocidas, que son las que acaparan el poder político y financiero del mundo.

Estrenamos el nuevo y “esperanzador” año con una noticia que a mi me ha llegado recientemente, pero que es de Octubre del año pasado: <<El Comité de Derechos Humanos de la ONU, promotor de la ideología de género y de los cínicamente llamados “derechos reproductivos” a nivel mundial, está tratando de alterar su Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. El propósito de esta modificación es excluir a los seres humanos no nacidos y a los enfermos terminales de la aseveración de que “todo ser humano tiene el derecho inherente a la vida”>>, como así se declaraba en el artículo 6 del dicho Pacto desde 1966. Pero ya se sabe que el progreso necesita cambios, pues el avance de la Humanidad debe ser imparable. Así sabemos que lo más “progre” que existe hoy día es la cultura de la muerte y la desnaturalización de la sexualidad “de siempre” y la familia “de toda la vida”. Naturalmente que ha habido oposición a este pretendido “avance”, como el rechazo del gobierno de Estados Unidos, Rusia, Polonia, Austria… y un montón de organizaciones no gubernamentales. Destaco el pronunciamiento de un grupo de senadores y congresistas republicanos de EE.UU: <<Como legisladores, creemos que tenemos la misión de proteger al débil, al indefenso, al no deseado, al vulnerable, de abusos y violencias. Por tanto, escribimos para afirmar que el derecho humano más elemental de todos – el de la vida – incluye a los niños no nacidos>>. Declaración impensable en la era Obama. Pero la ONU es rabiosamente herodiana, ya veremos en qué queda.

Muy poco antes de acabar el año, en concreto el 29 de Diciembre, y tras celebrar el día de los Inocentes, el gabinete de prensa de nuestra señora Ministra de Sanidad, Dolors Monserrat, a horas de mínima audiencia nos descuelga la gran noticia, triunfo indiscutible del derecho a las nuevas libertades: el vergonzoso dato de 91.131 abortos en el año 2016. Es decir, que legalmente en España y en dicho año, se han cometido legalmente 91.131 asesinatos. Oficialmente, claro, porque las matanzas “en dinero B” no son declaradas por los abortuorios privados, también llamados centros de exterminio prenatal. O sea, todo un triunfo: el aborto se consolida en España como un negocio privado, a cargo de los Presupuestos Generales del Estado -¿quién ha dicho que nuestro país va atrasado?-. Porque, que sepan ustedes, el aborto es un negocio privado, pagado de las arcas públicas. En nuestra avanzada España, la mayoría de estos crímenes se realizan en centros extrahospitalarios –el 90%-, de los cuales, casi todos son de titularidad privada, en concreto, el 82%. Que por cierto, el ritmo de apertura de nuevos mataderos va en aumento en nuestro país. Solo el 10% aproximadamente se hace en hospitales públicos, gracias a que casi todos los médicos y enfermeras dicen que su deber es cuidar y aliviar, no matar.

El principal motivo que consta en los expedientes para el aborto es muy sencillo: <<a petición de la mujer>>. Y pare usted de contar. Este “argumento” ha representado en 2016 la friolera de 83.507 muertes de bebés inocentes. ¡No me digan que no somos modernos y vamos a la vanguardia del progreso!

Podríamos decir que la actitud de los médicos y demás “profesionales” que se prestan es canallesca, cierto, pero ellos solo son los verdugos, los ejecutores materiales guiados por su avaricioso materialismo. Herodes son las madres y padres, abuelos, maridos, novios y amantes que condenan al niño antes de nacer. Herodes es la sociedad permisiva y cobarde que ignora o alienta la matanza. Herodes son los políticos que promueven las leyes genocidas. Y herodiana es esta sociedad aborregada y sin valores que calla y otorga.

Y, siento mucho decirlo, todo ello con el casi silencio cómplice de la iglesia española. Quien calla, otorga. O tal vez es que, tácita o expresamente se ha sumado a lo “políticamente correcto”. Gracias a Dios hay significativas y valientes excepciones, pero la mayoría de sacerdotes y obispos del país callan. No saben, no contestan. Y millones de supuestos católicos, aún saben menos y contestan menos. Me resulta extremadamente doloroso comentar esto, pero es así como lo percibo. En contadísimos púlpitos de España se habla del horrendo pecado del crimen del aborto y menos aún, de la ideología de género en su conjunto. Y sin embargo, es lo que se está cargando, a pasos agigantados, toda la escala de valores humanos y religiosos de nuestra decadente civilización.

Herodes está ganado la partida, aunque solo aparente y temporalmente. Porque Jesús se libró de la matanza y, tengan todos por seguro, que triunfará. Aunque le matemos entre todos cada día, resucitó para siempre. Él es nuestra única esperanza.

La Humanidad jamás avanzará un solo paso, por más fuegos artificiales que nos deslumbren y cieguen, si no es por el camino que nos abrió el Salvador.

El único camino de Vida y Amor.

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