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Lo que nos faltaba

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Lo que nos faltaba

Antonio García

Espero que me comprendan y disculpen, pero, ¿nunca les ha pasada a ustedes, queridos lectores, lo de tener que hacer algo y encontrarse de un perezoso terrorífico, o ponerse a ello y no saber ni por dónde empezar? Pues a mi sí. Y me está ocurriendo con ocasión de escribir el artículo de este sábado. Ea, no lo puedo evitar. Es de esas veces que, echándole una ojeada al mundo, todo lo que resulta noticiable para periódicos y televisiones, es decir, para pasto diario del sumiso consumidor me resulta de lo más aburrido. Así que, agobiado por la necesidad y obligación de comunicarme con ustedes y ser fiel a la cita sabatina, y más perdido que un político en unos ejercicios espirituales, me he metido en el internete a ver si daba con la inspiración que me sacase de esta galbana. Y es que verán, yo no tengo musa fija de plantilla. Y hoy no se ni donde se ha metido la muy…, que ni me ha cogido el teléfono. Mas por suerte, en ese “totum revolutum” de las redes he leído algo que me ha puesto los pelos de punta –los que me quedan-, a la vez que me ha resuelto la papeleta.

El titular reza así: <<Los científicos predicen el inminente colapso de la civilización humana>>. No me digan que no es para acojonarse. Bueno, por lo menos aquellos que nos consideramos parte de la civilización.

<<Además del cambio climático, los especialistas desvelan otros riesgos existenciales que pueden conducir al declive de nuestra especie>>. O sea, que es para acobardarse. Y la cosa tiene que ser verdad porque lo han dicho un grupo de científicos estadounidenses y británicos en un informe remitido a la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU., que son los que más saben. Han hecho los cálculos y saben cuándo en la Tierra ya no cabrán más humanos y demás mamíferos. De los crustáceos, reptiles, aves y peces no dicen nada, por lo que debemos de suponer que a esos seres vivos les queda correa para más rato. Ahora me explico yo por qué es beneficiosa la caza incontrolada, exterminadora de las especies, y por qué se promociona tanto el aborto. ¡Si es que no vamos a caber, leches!

Prevén, por lo del cambio climático ese, que la temperatura planetaria se hará insoportable para la vida entre los años 2.200 y 2.400. O sea, que la cosa está al caer y la Humanidad haciendo el tonto. Y ustedes preocupándose por las pensiones, el paro, el sueldo de los políticos, el “prucés” y cosas así, como si no hubiera nada más importante en qué pensar. ¡Ay, Señor!, no tienen remedio…

Riesgos globales catastróficos o existenciales, invierno nuclear, pandemias, impacto de un asteroide (o pedrusco espacial), fallas catastróficas de la inteligencia artificial… son algunas de las amenazas que penden sobre nuestras cabezas como espadas de Damocles, si no enderezamos el caminico. Y por lo visto, ni aún así. Y todo, todo, por la acción antrópica, es decir, por culpa del hombre. Y la mujer, claro, que hoy hay que andarse con cuidado con el lenguaje machista excluyente.

Y uno, que ya no se fía ni de su sombra, se queda meditando: ¿no tendrán otra cosa que hacer estos científicos subvencionados que sembrar el acojono global? Porque claro, si uno tiene un poco de sensibilidad pensará en el abuelo que está gastando demasiado brasero este invierno, colaborando al cataclismo. Porque las grandes multinacionales intoxicadoras, las madereras que arrasan los bosques del planeta, los gigantes de las industrias fitosanitarias contaminantes y farmacéuticas, las todopoderosas compañías mineras, los avariciosos esquilmadores de la vida en mares y océanos, los intocables promotores de las guerras –e industrias afines-, etc., etc., esos no pueden parar su ritmo de crecimiento, ¡faltaría más! Henry Kissinger llevaba razón, al igual que Christine Lagarde, la angelical directora de esa diabólica institución llamada Fondo Monetario Internacional, cuando afirman: para el 2050 tendremos que haber reducido la población mundial en un tercio, como mínimo. Sobra gente (obsérvese que ninguno dice “sobramos gente”). Sobran niños, sobran viejos pensionistas, sobran países independientes dueños de su destino y de sus recursos, sobra gente con conciencia…

Mis queridos lectores, no les hagan caso. Que debemos gestionar adecuadamente los recursos naturales, humanizar la convivencia en el mundo y trabajar por la justicia, claro que si. Pero no les quepa duda que el mundo se acabará. ¿Cuándo? Nadie lo sabe. Nuestro Sol es un emisor de energía indispensable para la vida. Y como ya sabe hasta Perogrullo, toda fuente de energía termina por agotarse. El Universo está en expansión como consecuencia de “la gran explosión” creadora. Esa fuerza llegará a un límite a partir del cual comenzará a contraerse de nuevo. Pero no se preocupen por eso. Antes de que todo ocurra aquí no quedarán ni las ratas. Ni una letra que pagar ni un solo político que nos robe ni nos amargue la vida.

Deberíamos pensar que somos la gran maravilla del Universo, el objetivo último de la Creación. Si, ustedes y yo, y los que ya se han ido y los que vienen de camino. Y que fuimos creados por Amor y para amar, dotados de dignidad y libertad. Y vivir en concordancia con ese destino. Y que esta milésima de segundo que es nuestro paso por la vida quede como semilla imperecedera para un mundo mejor.

No hay otra, no se amilanen por presagios agoreros, que siempre han existido, desde que el mundo es mundo. Males siempre ha habido y habrán. De manera que, por encima de todo, dejémonos ya de tonterías, complejos y miedos y fiémonos solo del único Mensaje capaz de conducirnos a nuestro verdadero Destino.

Para el que fuimos creados.

 

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