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Largo y profundo pregón de Ibrahím Hernández Millán

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Largo y profundo pregón de Ibrahím Hernández Millán

El cirujano utilizó con maestría todos los recursos literarios para emocionar a los oyentes

En la noche del pasado sábado, en el templo de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción completamente lleno, el actual director de la Gerencia del Área Integrada del Hospital de Albacete, Ibrahim Hernández Millán, pronunciaba el anunciado pregón de4 Semana Santa.

El acto fue presentado con palabras justa por Llanos García Hermosa, y entre el púbico se encontraba, la consejera de Bienestar Social, Aurelia Sánchez, junto al alcalde de Hellín Ramón García, y diferentes políticos y asimismo en representación de la Semana Santa el presidente de la Asociación de Cofradías y Hermandades, Francisco Juárez.

El pregonero, tras agradecer la confianza depositada en él por los responsables de la Semana Santa, comenzaba su disertación para señalar sus dificultades por las que llegaba sobrecogido a un  escenario: “Un lugar centenario que ha sido testigo de toda la historia de Hellín. Desde su interior, desde su escalinata, desde su plaza. Ha sido y es el epicentro de todas las Semanas Santas desde hace cientos de años. Y que además, forma parte de la vida personal de muchos de nosotros. Les aseguro que no es fácil”.

Aunque al mismo tiempo aseguró que estaba encantado del encargo, señalando por estar orgulloso de ser hellinero y profundamente de su Semana Santa y de esta forma representar algo que era de todo el pueblo de Hellín.

Más adelante el doctor quiso especificar sobre todo lo especial que tenía esta fiesta con sentidas palabras. “Hay algo que nos impulsa a participar en procesiones, que nos incita a tocar el tambor, a salir a la calle a compartir con los demás este misterio. Quizás son las sensaciones y emociones. O una fuerza interior. No lo sé”, “Algo, continuaba, que la hacía diferente a las demás, una unión entre lo sagrado y lo  profano. Con contrates entre el silencio más absoluto y los sonidos más impresionante, pero con un signo fundamental el aglutinamiento. Y se sustenta en el hecho de ser un conjunto donde si faltara alguien dejaría de tener sentido. Hay tamborileros, nazarenos, músicos, cofrades, penitentes, floristas, sastres…y muchos otros. Pero todos juntos”.

La mejor Semana Santa del Mundo
Teas asegurar que para él, como todos los que la amaban esta era la mejor Semana Santa del Mundo y él iba a hablar de las cosas sencillas de su pueblo y de su historia sin dejar de referirse a las distintas etapas desde que sus antepasados se asentaron en Minateda y el Tolmo hasta nuestros días, pero sobre todo de las gentes que había habitado esta tierra en sus diferentes épocas que eran los que habían hecho posible tan incomparable Semana Santa.” De los nazarenos, de los costaleros, de esos pequeños que esperan revoltosos ver pasar la procesión bajo la mirada atenta de sus padres, de los jóvenes músicos que desfilan orgullosos acompañando con solemnidad a un paso, de los que llevan un tambor y lo tocan como si fuera lo último que van a hacer en su vida. De aquellos que se pasan el año viviendo para que llegue su Semana Santa. De los que se dejan el sueño y muchas horas de esfuerzo y sacrificio para que todo esté preparado estos días. De los que se emocionan al paso de una Virgen o de un Cristo en una esquina cualquiera de una calle cualquiera”..

En este punto de su pregón, Ibrahim Hernández comenzaba a realizar una descripción detallada  de las peculiaridades de los días de Semana Santa, con la llegad del Domingo de Ramos, la bendición de las palmas y el  primer trono que comienza a recorrer las calles de Hellín, “La entrada de Jesús en Jerusalén” la popular “burrica”, portado por costaleros de todas las cofradías .

 Tras la espera del lunes y el martes, de preparativos, de  última hora, el pregonero no quiso pasar de largo el Vía Crucis de este primer día de recorrido emblemático por el caso antiguo de la ciudad o la procsión del “Santísimo Cristo de la Preciosísima Sangre” donde luce “ la preciosa y guapa Virgen de Zamorano, María Santísima de las Penas”.

Llegado Miércoles Santo  llega  el espectáculo sobrecogedor, cuando  El Cristo de Medinaceli aparece por el Rabal y más tarde Los Azotes. “Los dos tronos, las imágenes y los nazarenos se funden con los tambores durante unos momentos inolvidables. Con esta imagen aún en las retinas, seguirán cumpliendo con el tambor. Luego vendrá la salida de algunos pasos por la escalinata de la iglesia de la Asunción. La irrupción del “Paso Gordo” en el umbral de la puerta principal, unaconjunto grandioso, con el esfuerzo grandioso de los costaleros.

El pregonero sigue describiendo con emoción el desfiule de los siguientes pasos hasta llegar a la Virgen de los Dolores, “la “Dolorosa” de Hellín, que con el corazón traspasado por el dolor y la mirada al cielo de unos ojos inundados de lágrimas, produce emoción a su paso. Cuando se despida en la Iglesia, el pueblo se dispondrá a descansar”.

Con el El Jueves Santo el protagonismo, nos cuenta llega al colegio de los Padres Terciarios Capuchinos, con la “Procesión del Silencio”. Allí en la Gran Vía se van colocando los monumentales paso, que inician un suntuoso desfi3, “ está casi a punto de salir la Virgen del Dolor. Hoy es su día. Una Virgen guapa, preciosa. Una Virgen andaluza y manchega, con una hermana sevillana, la Virgen de la Piedad del Baratillo. Desfila en trono de estilo andaluz, bajo palio. Cuando suena la campana que anuncia su salida todo es emoción. Los costaleros de rodillas inician su paso bajo el dintel de la puerta por la que pasa a distancia milimétrica de los contornos, al compás de un estribillo nazareno: ¡Virgen guapa, Virgen guapa! Se siente la tensión en la calle. Alguno de los costaleros no puede evitar el llanto. A otros se les hincha el pecho. Van dando pequeños pasos para centrar el trono. Y avanza centímetro a centímetro. Traspasada la cancela, entre piropos y pasiones, se llega al momento clave en el que el mayordomo del trono ordena: ¡Al cielo con ella! Y se eleva empujada por infinitas almas que están a su alrededor. Y cae una maravillosa petalada entre aplausos y vivas de una multitud agradecida y entregada. Al contemplar el rostro de la preciosísima y bellísima Virgen del Dolor es inevitable sentir cariño y admiración”.

Pero el jueves Santo es sobre todo la noche del tambor, para el pregonero es difícil entender este fenómeno y tras repasar leyendas y tradiciones creé que su esencial tambor está basada en el recuerdo de las emociones sentidas a lo largo de los años. En la nostalgia, en la añoranza, en ese punto de melancolía que nos hace más humanos.

“Emociones por momentos únicos, porque suena el tambor e invita al silencio. A un silencio intimo, emocionado. Solo se escucha el redoble propio como un sonido rítmico semejante a un latido, que casi siempre refleja nuestro estado de ánimo.

Tras la amanecida llega la procesión de subida al Calvario que tiene para el pregonero un punto álgido que el describe con estas emotivas palabras:

“Cuando la Dolorosa se presenta en el quicio de la puerta de la Iglesia de la Asunción, el tiempo se detiene. El día se ilumina más. El aire es más dulce y más amable. Y la Virgen resplandece. Desde las escaleras, un niño vestido de nazareno doloroso, con una túnica de un color castigado por el sol de muchos años, mira a la virgen con la boca abierta…”

Autoridades asistenteces al acto / EFDH. Autoridades asistenteces al acto / EFDH.
Para el pregonero, el ambiente del Calvario es maravilloso “lleno fraternidad, de amistad, de compartir. Compartir sonidos y sol, imágenes e instantes, gente y espacio, tiempo y sentimientos. Son momentos inolvidables. Las imágenes en la explanada nos recuerdan el camino de la crucifixión: la flagelación, la sentencia a muerte, el camino cargado con la cruz, las sucesivas caídas y la crucifixión”.

Pero llega el momento de volver a la Iglesia primero los miles de tamborileros después, una banda de músicos que abre la procesión. Para Ibrahim una Semana Santa sin músicos no sería lo mismo. Son imprescindibles. Y detrás, los pasos desfilan serios, viviendo el momento. “Los Cristos sobrecogen. Las Vírgenes apenan. La despedida de la mañana del viernes ya bien entrada la tarde, es dolorosa para todos. El sol va poniéndose lentamente”.

La procesión del Santo Entierro que abre el trono impresionante de la. Santísima Virgen de las Angustia y tiene su punto de alta emoción con el paso por las calles de la figura del Cristo Yacente siempre acompañado por San Juan, para concluir con la Virgen de la Soledad.

Llega la culminación
Tras las horas de pausa del sábado, que miles de hellineros esperan impacientes para volver a coger el tambor mientras llega el amanezcan el Domingo de Resurrección, para Ibrahim Hernández. “La aparición en la plaza de la Iglesia del Resucitado es impresionante. La figura de Jesús elevada sobre el resto es majestuosa. La exhibición de la cruz alzando su mano derecha sobrecoge a los romanos aterrados. Llevado a hombros luce espléndido. Lo llevan con estilo serio, con un movimiento armonioso, camino del Encuentro. Por otras calles, la Dolorosa lo busca”.

El recinto ferial se llena de tamborileros esperando este momento único que él describe así, “Se hace un silencio expectante. Los tambores callan asistiendo respetuosos al momento. Ya están juntos y la emoción invade el ambiente. Al tiempo que las palomas sobrevuelan el cielo, miles de tambores inician un rugido espectacular. Un grito de alegría y agradecimiento. Es el triunfo de la vida sobre la muerte. Es la satisfacción y la tranquilidad de saber que hay esperanza. Un cofrade de la Dolorosa retira el puñal porque ya no hay dolor.

Después el regreso, la procesión con los tronos que sus portadores bailan como si no pesaran. “Precediendo a la procesión miles de tambores se resisten a aceptar que todo este ritual, que esta explosión de los sentidos, está a punto de llegar a su fin. La procesión luce en todo su esplendor. La gente contagiada de alegría por el ambiente disfruta de los nazarenos, de los músicos, de los bailes de los tronos, de los vivas, de las petaladas al paso de alguna Virgen. Casi al final, siempre con seriedad y sobriedad, la Dolorosa. Lleva el puñal en sus pequeñas manos el niño de la escalinata de Viernes Santo, el de la túnica de su tío, que hoy entiende un poco más lo que hace unos días le costaba. Hoy le ha invadido definitivamente el duende y la magia de nuestra Semana Santa. Desfila la Dolorosa al ritmo del himno de Hellín “…quiero amarte siempre ciudad altanera, cruzando a diario tu viejo rabal…”. Cerrando el desfile El Resucitado…”.

Ibrahim Hernández Millán terminaba su emotivo pregón con estas palabras:
“Todo esto es la Semana Santa de Hellín. La herencia y el legado cultural de un pueblo que no renuncia a sus raíces ni a sus tradiciones. De un pueblo que sabe vivir. Que sabe lo que es importante. Que valora las cosas sencillas como su Semana Santa y las hace grandes. Que sabe que hoy es hoy, pero no pierde de vista su pasado. Y que como gente decidida y comprometida está dispuesta a mirar hacia adelante para hacer aún mejor su Semana Santa”.

Durante varios momentos del Pregón intervino la Unión Musical Santa Cecilia dirigida por Francisco Javier García de los Cobos.

 

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