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La invasión silenciosa y el fariseísmo buenista

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La invasión silenciosa y el fariseísmo buenista

Antonio García

Desolación, impotencia, rabia. Y sobre todo, dolor. Por las vidas hurtadas a la vida, por los amores truncados, por la huella imborrable de angustia y desconsuelo que la barbarie gratuita y sin razones ha dejado en el alma de muchos seres humanos.

Mucho se ha dicho ya sobre el atentado de Barcelona. Un buen amigo mío que escribe un artículo semanal en El Imparcial, dice recientemente que sus palabras sobre dicha masacre serán, tal vez las penúltimas. Pero no será suficiente con que un millón de voces se alcen de continuo contra lo injusto, lo aberrante, lo criminal. Y desde luego, aun redundando, yo no puedo y no quiero faltar a la cita.

Publicaciones, condenas, discursos, declaraciones públicas… Y el rosario de manifestaciones de todos los grupos políticos reprobando el atentado y prometiendo una lucha sin cuartel contra el terrorismo yihadista. Menos la extrema izquierda y unos cuantos independentistas, claro, que tiene la inmensa suerte de apoyarse en la masa de borregos, irresponsables y descerebrados que existen en el país.

Pero yo me pregunto, ¿y ahora qué? Ya se que las fuerzas de seguridad españolas seguirán haciendo todo lo que está en sus manos para luchar contra esta lacra, misión que cumplirían con mayor eficacia si no hubiesen políticos por medio barrigueando y luciendo su incompetencia y su estéril protagonismo. Pero, para bien o para mal, son ellos, los políticos, los que tienen que encontrar y aplicar las soluciones, valiéndose de las herramientas del Estado.

Sin embargo, me temo que habrán más atentados homicidas, lo se. Estamos en el punto de mira del islamismo radical, y ellos cuentan con “kamikaces” dispuestos a inmolarse por las huríes del paraíso. Tienen claro lo que persiguen, pero Europa no, y España tampoco. Tienen claro en lo que creen, pero Europa no, y España tampoco. Y tienen clara nuestra debilidad y nuestra cobardía, disfrazadas de buenismo multicultural y bobaliconamente humanitarista. Como también lo tiene claro el arzobispo de Mosul cuando nos dice: <<Nuestro sufrimiento es un preludio del que vosotros, cristianos europeos y occidentales, sufriréis en un futuro inmediato… También vosotros estáis en peligro… Si no entendéis esto pronto, seréis víctimas de un enemigo al que habéis dado la bienvenida en vuestra casa>>.

Y nosotros, mientras tanto, mareando la perdiz con que si el Islam es una religión de paz, con que no todos los musulmanes son terroristas, y calculando si toda África y Oriente Medio caben enteros en Europa y a cuantos tocaríamos por país.

Seguramente los imbéciles que lean este artículo me calificarán de “islamófobo”, lo que me paso olímpicamente bajo el arco de triunfo, por la sencilla razón de que tales ignorantes confunden el culo con las témporas.

Tengo por principio y religión no odiar a nadie, pues creo firmemente que todos los hombres somos hijos de Dios. De manera que me da igual que vistan la túnica mora, el hábito budista tibetano o la chaqueta y pantalón occidentales.

Pero dejo bien claro que no respeto todo lo contenido en el Corán, como no respeto el liberalismo deshumanizante ni el comunismo esclavizador. Y desde luego no tolero que solo se hable de islamofobia cuando todavía nadie ha aparecido denunciando la tremenda cristianofobia que circula por Europa, y particularmente en España. Esto es equiparable a lo que ya he contado algunas veces: si no estás de acuerdo con la “ideología de género”, los amordazantes del sistema pronto te llaman homófobo, sin pararse a distinguir si son churras o merinas.

No todos los musulmanes son terroristas, desde luego, de la misma manera que no todos los cristianos –ni mucho menos- estamos dispuestos al martirio. No todos los musulmanes siguen al pie de la letra el Corán, al igual que los cristianos, en general, andamos lejos de seguir el Evangelio como debiéramos. Eso pasa en todas las religiones, culturas, ideologías políticas y cualquier otro compendio teórico y práctico de ideas y creencia colectivas.

Mas digo, insisto y reafirmo, que el Islam lleva en sí el germen de la violencia contra el infiel. Y nada más y nada menos que por orden del Profeta. En el Islam, el que se inmola con un chaleco bomba es el mártir. Tiene el paraíso asegurado. Negar esto solo puede deberse a la ignorancia, la maldad o la bobería. O a un plan diabólico de destrucción de las raíces, cultura y creencias que conformaron Europa.

¿La justicia y la paz se van a solucionar permitiendo la invasión de Europa, por una civilización que es a la nuestra como el aceite al agua? ¿Por qué –me pregunto- no se trata de solucionar esos problemas “in situ”, en vez de crear y alimentar desde Occidente grupos terroristas y promover guerras y conflictos en esas partes del mundo? ¡Cuanta hipocresía! El atentado en España estaba anunciado.

En Septiembre del año pasado publiqué un artículo titulado “Aclarando las cosas” -tras una trilogía en que hablé de Mahoma y el Islam-, explicando muy sucintamente algunos versículos de Corán –todos no cabrían en un artículo- que alientan a la violencia. Porque nos quieren lavar la cabeza con un mojigato y farisaico concepto de humanitarismo, de todo punto falso, cuando realmente los países ricos no mueven un dedo por sacar de la penuria al llamado “tercer mundo”, sino que, para mayor escarnio, se dedican a explotar sus riquezas y secuestrarles cualquier posibilidad de desarrollo. Incluso creando y financiando criminales grupos bélicos.

De manera que, señores políticos, si han terminado ya de pésames, declaraciones y discursos de salón, quítense la careta y gestionen debida y responsablemente el tema de la inmigración, que por otra parte siempre ha existido y existirá y que es de todo punto natural y legítima. Pero sin engaños y con sentido común. Porque esa es su responsabilidad frente al pueblo.

Y sobre todo, poderosos países del primer mundo, dejen de alimentar a la bestia que, si no lo remediamos, terminará por devorarnos.

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