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La buena y la mala conciencia

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La buena y la mala conciencia

Por Antonio García

 

En el año 2014, con motivo del Día Mundial de Síndrome de Down se emitió un vídeo en las televisiones de todo el mundo en que varios chicos y chicas jóvenes, afectados por la “trisomía del par 21”, mandaban alegres mensajes reivindicando el derecho de todos a nacer. Todos. Su título es: <<Querida futura mamá>> y fue emitido el Marzo de dicho año. Jamás he visto algo tan enternecedor, tan bello y tan lleno de esperanza.

Una madre embarazada, enterada de que su bebé tiene el Síndrome de Down, manifiesta estar asustada y pide consejo: “¿qué puedo hacer?” Esta es la respuesta:

<<Querida futura mamá, no te asustes. Tu niño podrá hacer muchas cosas. Podrá correr hacia ti, podrá abrazarte, podrá decirte “te quiero”, podrá ir a la escuela, podrá tener un trabajo…>>. Si tienen interés lo pueden ver en YouTube, poniendo el título en el buscador.

Pero al parecer a los capitostes franceses no gustó el vídeo. El Consejo Superior de lo Audiovisual, tras recibir varias quejas y someter el anuncio a deliberación, en Junio de ese mismo año consideró que el mensaje era <<susceptible de controversia>>, que <<el mensaje no se basaba en el interés general>>. A pesar de los recursos interpuestos ante el Consejo de Estado francés, los jueces decidieron que el vídeo debía ser retirado, prohibir su exhibición, porque era <<inapropiado>>, ya que la expresión de felicidad de los jóvenes que intervienen en él <<probablemente perturbaría la conciencia de las mujeres que habían tomado diferentes “opciones legítimas” de su vida personal>>. Una forma de decir, que habían decidido deshacerse de esas nuevas, inocentes, dignas y valiosas vidas humanas mediante el aborto. ¡Y no se les puede molestar!

¿Se ha fijado, amigos?: <<perturbar la conciencia>>. Yo lo diría de otra manera: perturbar la falta de conciencia. O lo que es lo mismo, alterar la hibernación de una conciencia dormida, la aparente tranquilidad que proporciona el autoengaño. Vapulear la modorra espiritual de la mujer –y el hombre- que, escondiendo la cabeza debajo del ala, ha decidido tomar la “opción legítima” de asesinar a un niño inocente, por el simple hecho de que es algo diferente. Como si el bebé concebido fuese un vulgar producto de mercado, despreciado en las boutiques de moda. O un vulgar género de consumo que no pasara los controles de calidad.

Si entendemos “conciencia” como sentido ético y moral -propio solo de los seres humanos-, el conocimiento del bien y del mal que nos conduce a enjuiciar moralmente la realidad de los actos, me parece de todo punto maravilloso y justo que algo o alguien saque a esas “consciencias corrompidas” del error, la indiferencia y la crueldad.

Pero no, al todopoderoso “sistema” le molesta. Lo que nos dice a las claras qué concepto tiene dicho sistema de la liberté, égalité, fraternité, que tanto pregonan y que además es el lema de la República Francesa. Aunque también, todo hay que decirlo, es la divisa de la gran logia masónica Gran Oriente de Francia.

La Fundación Jérôme Lejeune (científico descubridor del gen de la Trisomía 21) y la Asociación Amigos de Éléonore, que protegen y ayudan a los niños con Síndrome de Down, han sido ninguneadas por el alto Consejo de Estado Francés. Perturba las conciencias…

No tengo paciencia para hacerlo –y creo que no hace falta- para contar las escenas de crímenes que vemos en televisión y en el cine. Los asesinatos y torturas, hasta con riqueza de sanguinarios efectos especiales, puñaladas, destrozo de cráneos, cadáveres desmembrados sobre las mesas de los forenses, degollamientos… que a diario se exhiben en las pantallas. Sería una labor inútil, porque esto no “perturba” ninguna conciencia. Ni siquiera los vídeos emitidos en Internet sobre degollamientos de cristianos a manos de musulmanes. Pero lanzar a los cuatro vientos la alegría, la felicidad de unos niños, que si andan sobrados de algo es de capacidad de amar, hijos de Dios con toda su dignidad y todos sus derechos, criaturas inocentes capaces de hacer feliz a cualquier familia… eso es perturbador y, como dice la muy honorable institución gala <<su difusión no favorece el interés general de los franceses>>. Para muchos, estos pequeños inocentes no merecen ni la consideración de hijos.

Esto sí que es el mundo al revés. ¿Hacia dónde nos llevan los magnates de la Tierra? No solo no se conforman con imponernos sus maquiavélicos planes, sino que están amordazando nuestra libertad de expresión.

El 13 de diciembre de 2006 se aprobó la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Y su artículo 1 reza así: <<El propósito de la presente Convención es promover, proteger y asegurar el goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los derechos humanos y libertades fundamentales por todas las personas con discapacidad, y promover el respeto de su dignidad inherente>>.

Pero “si dije no dije”. Papel mojado. Buenas palabras. Los amantes de la vida no podemos hablar alto y claro, porque ofendemos, perturbamos conciencias, molestamos a aquellos que, en su “derecho legítimo” deciden por su cuenta quien debe vivir y quien no, protegidos por el todopoderoso sistema.

Termino con una palabras de Edmund Burke, escritor, filósofo y político del siglo XVIII: <<Lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada>>. Y la verdad, poco hacemos.

El clamoroso silencio de los corderos.

 

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