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Fotografías…

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Fotografías…

Por Sol Sánchez

Todo empezó con el cariño de revivir el recuerdo de personas que formaron parte de nuestra infancia. Hellineros que desgraciadamente se fueron muy pronto. Me sentí satisfecha al comprobar que eran muchas las personas que se sumaban a ese humilde homenaje y miré al cielo sonriéndole a las estrellas.

Lo cierto es que cuando miro atrás, a los años de mi infancia… las calles se llenan de vecinos y conocidos. Si cierro los ojos todo recobra un brillo especial, incluso veo la sonrisa y escucho el saludo de aquellos que formaron parte en ese trayecto único y particular.

Afortunadamente nos quedan todavía una buena parte de hombres y mujeres que por los años sesenta, setenta y ochenta eran los encargados de dirigir la entrañable Villa Hellinera.
Hoy quiero dedicar mis letras a los fotógrafos de entonces.

Me enfado con mi memoria porque a veces me esconde cosas, y es posible que me deje en el tintero a algunos de estos retratistas que también tuvieron su momento en aquellas décadas. Si es así pido disculpas.

Cerca de la imprenta de mi padre, en el Rabal, estaba Picornell. Un hombre que ha pasado cincuenta años de su vida disparando una máquina, revelando fotos… captando la imagen de su Pueblo y de varias generaciones de hellineros. Picornell me parecía un hombre muy discreto y educado. Siempre imbuido en su trabajo y la familia.

Pasé meses visitando su pequeño taller, porque entre las fotografías que tenía a la espera de ser recogidas se encontraba la de mi comunión. Recuerdo que valía setecientas pesetas y que era la primera vez que yo tenía una foto tan grande y a todo color. No había tarde que no pasara a verla. Él me miraba y nunca me puso una mala cara. Al salir del estudio me encontraba con la señora que atendía la tienda de ropa y artículos para los bebés. Recuerdo que al verla tan guapa siempre me venía un pensamiento a la cabeza:
“De mayor quiero ser como ella” Nada más lejos de la realidad. Ella era rubia y yo morena. Ella tiene unos ojos claros y yo oscuros. Hace poco la vi a lo lejos y sigue estando igual de guapa.

Quiero hacer una mención a “Fotos Roberto” en la calle Benito Toboso. Siempre miraba el pequeño escaparate, pero nunca vi la cara de este señor bastante reconocido en Hellín. Y curiosamente cada vez que ahora paso por ahí, esa esquina es uno de los sitios que más tristeza me provoca al comprobar su abandono. Y justo en este instante en el que me imaginaba esa callejuela me ha venido el recuerdo de otro de los grandes, “Manzanillo”.

Geromo fue otro fotógrafo hellinero al que, por aquél tiempo, vi más como el padre de mis amigas y compañeras del colegio que como el buen profesional que era. Más tarde he admirado su trabajo.

Estaba “Luis” junto a la Cafetería Tito´s.

Luis era muy amigo de mi padre. Siempre con su cámara a cuestas, en las bodas, comuniones, procesiones, las corridas de toros…

Recuerdo a Luis como un hombre grandote al que le costaba hablar, quizás algo tímido pero muy bonachón y respetuoso. Siempre parecía estar dentro de una burbuja consigo mismo, centrado en sus pensamientos y quehaceres. Hace unos meses coincidí con él en la Gran Vía y me encantó poder saludarlo después de tantos años.

Luis me hizo las primeras fotos para el documento de identidad y fue el fotógrafo en mi boda.
Tanto Luis como Picornell y Manzanillo en los meses de las comuniones, pasaban por la imprenta a llevar y recoger los recordatorios que mi padre timbraba.

Y estaba Rafael… parte activa siempre en cada Feria. Con sus dos ponis y el carruaje junto al templete de la Rosaleda. Y nosotros llorando tirando del brazo de nuestros padres para que nos dejaran subir y hacernos una foto.

Rafael era de los que siempre estaba en todas las fiestas y celebraciones.

Hombres que nos enseñaron a vivir honestamente. Hombres trabajadores que vistos ahora desde la distancia, me parecen parte de mi propia familia. No existe el Hellin del ayer sin Picornell, Luis, Rafael, Roberto, Manzanillo, Geromo y tantos otros cuyo legado permanecerá siempre en los archivos del tiempo. Pasaron de las fotos en blanco y negro a las de color. En esos cuartos a oscuras veían aparecer nuestros rostros el día de la comunión, el día de nuestra boda que con el paso de los años sería como ver nuestras almas. Nos vieron crecer.

En nombre de las personas que os apreciamos, me atrevo a deciros: Gracias.

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