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España mía, ¿hacia dónde vas?

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España mía, ¿hacia dónde vas?

Por Antonio García

Acabo de leer una noticia que, de no estar curado de espanto me hubiese dejado estupefacto y patidifuso. No tengo el don de los adivinos, de los videntes, pero creo poseer la percepción necesaria para conocer el panorama que nos envuelve. El camino errático por el que anda nuestra querida Patria. Y esto no pinta bien.

La cuestión en sí parecerá no tener demasiada importancia, pero la tiene. Hay quien dirá que, total, solo es un símbolo, pero de eso se nutre el espíritu humano, porque los símbolos son representaciones materiales, visibles de una entidad, de una idea, de una creencia, condición o fe. Y en el caso que vengo a comentar, la bandera es el símbolo de la Patria, como la cruz es el símbolo del amor. Y así como besar la cruz expresa el amor a Cristo, besar la bandera expresa el amor a la Madre Patria. Ambos símbolos representan un sentimiento, una actitud, un compromiso. Y una entrega. Pero ya hay muchos en España, tal vez más que nunca, que desprecian e incluso odian ambas cosas: cruz y bandera.

El Parlamento Balear ha sacado adelante una moción presentada por la Comisión de Asuntos Institucionales y Generales de dicho parlamento, que a su vez vino de la propuesta del grupo Més per Mallorca, coalición política integrada por el Partido Socialista de Mallorca, Acuerdo por Mallorca e Iniciativa Verde. La propuesta es: “suprimir las juras de bandera civiles”: <<Que el Parlamento de las Islas Baleares inste al Gobierno central y al Ministerio de Defensa para que dejen de organizar actos civiles de jura de la bandera española en las Islas Baleares y en el resto de España>>. Así, con un par. Creo que no será necesario desgranar para ustedes el color y la calaña de los animales políticos (que decía Aristóteles) que han propuesto y aprobado esta gloriosa y necesaria acción de gobierno autónomo. Pero atentos, que henchidos de estulticia, ignorancia y mezquina soberbia han propuesto: <<…. y en el resto de España>>. Claro, ya puestos… la inquina y el odio a lo nacional no les permiten quedarse dentro de sus fronteras insulares. ¿Acaso los civiles no pueden manifestar su amor y fidelidad a la Patria, ese territorio al que uno se siente ligado por vínculos históricos y afectivos? ¡Pero qué digo! ¿Sabrán estos descerebrados, llenos de rencor y odio ideológico infundados, lo que es la Patria?

No puedo por menos que recordar a don Antonio Machado: <<Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios / una de las dos Españas / ha de helarte el corazón>>. Pero aquí ya no se trata de la secular interpretación de dos Españas enfrentadas e irreconciliables, sino de una porción de enemigos acérrimos queriendo eliminarla, hacerla desaparecer, desintegrarla por completo. Lo primero, lo puedo entender, lo segundo me parece hasta satánico. Nunca comprenderé qué corrosivo proceso de gangrena mental se ha apoderado de estos impresentables. Y siempre y sobre todo, de las izquierdas radicales. Qué afán por destruir. Qué ansias, qué ardor en derribar una magna obra de siglos. La casa donde naciste, la familia a la que perteneces, el plato donde comes… ¿Qué espíritu maligno se ha apoderado de estas almas? ¿Qué tendrán que ver las diferencias ideológicas y enfrentamientos políticos con el amor a la Patria?

Pero no se pierdan ustedes el argumento que esgrimen: <<no hacen más que generar “división social” y utilizan recursos públicos que en el contexto presente son escasos y absolutamente necesarios para cubrir y mejorar la prestación de servicios públicos del estado del bienestar>>. ¿¡Jurar amor y fidelidad a la Patria genera división social!? Por Dios santo y bendito, ¿cómo se puede ser tan traidor, canalla y sinvergüenza? En el fondo no me extraña, aunque me enerva, porque estas actitudes son puras estrategias marxista. Es de libro. Que hay que leer más, españoles, hay que leer más. Y sí, se podría destinar más dinero a las prestaciones sociales, si no fueseis todos tan sinvergüenzas y esquilmarais el tesoro público con vuestros sueldazos, prebendas y corrupciones.

Don Manuel Azaña, presidente de la República durante la Guerra Civil, desde su exilio en Francia, en 1939 escribía: <<Bajo aquella confusión de frivolidad y heroísmo… la obra sombría de la venganza prosiguió extendiendo cada noche su mancha repulsiva. Los dos impulsos ciegos que han desencadenado en España tantos horrores, han sido el odio y

el miedo… Odio de las ideologías contrapuestas, especie de odio teológico, con que pretenden justificarse la intolerancia y el fanatismo. Una parte del país odiaba a la otra, y la temía… Por lo visto, la guerra, ya tan mortífera, no colmaba el apetito de destrucción…>>.

Siglo XXI, ¿qué queremos destruir ahora? ¿Qué guerra, de momento incruenta, está siendo atizada? ¿A qué, quién y por qué se odia tanto hoy? ¿Al contrincante político, al ideólogo adversario… o a la mismísima Patria? ¿En nombre de qué libertad se quiere suprimir la libertad de jurar bandera?

Estos Saturnos devorarían a sus propios hijos, como en el mito romano, si ello les reportara beneficio político.

Confieso que estos pobres ultrajadores, estos denigrantes de oficio no me dan miedo, pero hacen que se me hiele el corazón.

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