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Emilio Sánchez pregonó la Fiestas de San Rafael, con palabras llenas de sentimiento

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Emilio Sánchez pregonó la Fiestas de San Rafael, con palabras llenas de sentimiento

Con los que se daban por iniciadas las fiestas en honor de San Rafael, Patrón de la ciudad

Ataviado como indicaban su menester, llegaba al balcón de la Casa Consistorial de la ciudad, Emilio Sánchez, un superviviente de los medios de comunicación, donde después de más de 40 años en la noble tarea de informar sobre las cosas de Hellín, alguien se acordó de él para llevar a cabo una tarea acorde con sus numerosos méritos: Ser el pregonero de las fiestas del Patrón de la Ciudad, el Arcángel San Rafael.

Y lo hizo sin nervios y con pasmosa tranquilidad, aunque reconoció, a las primeras de cambio, que se había sentido abrumado, cuando el alcalde de la ciudad, le comunicó la noticia, con poco tiempo para prepararla ya que explicó “hay que pensar mucho y bien lo que se dice”.

Pero tenía un buen argumento donde agarrarse, ya que sus raíces, la de los populares “Cayuelas” son del propio barrio de San Rafael, donde pasó los primeros años de su infancia.

Así, tras hacer unos apuntes históricos, donde habló, nada menos, que de Felipe II, el alcalde mayor de la fortaleza, Francisco Valcárcel Acuña, y la trepidante batalla de Lepanto, recordaba las calles típicos de este barrio, el Salvador, la Virgen, Algarra, el Pico, que desemboca en el tan nombrado Pozo de los Perros, el novelesco callejón del Beso, uno de los lugares con más leyenda de nuestra ciudad y claro está La Plaza de San Rafael, con su querida ermita.

Emilio Sánchez y su familia / EFDH. Emilio Sánchez y su familia / EFDH.

También tuvo palabras de recuerdo agradecido al alcalde socialista, Baldomero Marín, y a Rosario Villanueva Iniesta, como protectores de la antigua imagen, que dada la vorágine que trajo la Guerra Civil, fue de las pocas que se salvaron de la “quema” y nunca mejor escrito.

Nuestro compañero, como apuntábamos al principio, no dejó de recurrir a sus orígenes, recordando aquellos años de su niñez, realizando las tareas de monaguillo durante la procesión que recorría el barrio “pasando por la puerta de mi abuela ,… que con gran alegría, salía a darme un beso, porque su nieto Emilio, el de su Anselmo, estaba con su San Rafael”.

Sus recuerdos también le llevaron a las típicas verbena, a las fiestas aderezadas con cuerva, paloma, cascarujas, patatas, peladillas y turrón, La Cucuaña con un conejo o un pollo como premio.

El pregón de Emilio Sánchez, iba llegando a su fin, pero aún le quedaban algunos recuerdos y anécdotas el el zurrón que contar al público que le contemplaba en la Plaza de la Iglesia, junto a los mercaderes que habían ubicado allí superando los pronósticos agoreros de fuertes lluvias y vientos huracanados. Así habló de la restauración de la imagen por el tallista hellinero, Rafael Millán, en un viaje que se inició en un seiscientos y concluyó unos meses más tarde en la ambulancia del Ayuntamiento, con un coste de restauración de 7.000 pesetas, la vaquillas que se llevaban a cabo en aquellos años.

Ya, tras los gritos de rigor, a Emilio aún le quedaron ganas de hacer de rapsoda, para recitar con acierto y sentimiento el himno a San Rafael, que dedicó con “especial cariño“ a su nieto Rafael.

Emilio Sánchez “plumita de oro”, como te llama algún que otro amigo especial, había cumplido como los grandes.

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